CAPÍTULO 78
PLAN MALVADO
Domingo, 28 de diciembre, 11:00
MARC
rowwwwww!!!!! Feliz cumpleaños!!!
ROWAN
hostia, cómo sabías que mi
cumpleaños era hoy!
MARC
no subestimes al equipo de
investigación! Tiene mucho
sentido que cumplas años el
día de los inocentes!
LITERAL
Feliz cumpleaños de parte de
mi hermana también
NABEEL
felicidades chaval!!!! Te queremos
mucho!
SIIIIIII he hecho un dibujo!
Silas ha enviado una foto
ROWAN
muchísimas gracias!!!
ya te lo daré!
MARC
espero que pases un día genial!
Martes, 31 de diciembre, 20:30
NABEEL
Feliz nochevieja! Pasad fotos!
ROWAN
Lo mismo digo!
Silas tenía la sensación de que el tiempo se le había escurrido entre los dedos. Había pasado la mañana tumbado en la cama, estático, tratando de ralentizar las horas tal y como hacía de niño.
De pronto volvía a ser nochevieja. Su casa se había llenado de familiares vestidos con sus mejores pijamas. Su abuela estaba en casa, mucho mejor después de su caída, pero no se podía mover de la silla y del sofá y cada diez minutos le llamaba para preguntarle algo o darle un beso.
Y a él no le importaba. Cualquier distracción era buena, porque no había pasado ni un solo minuto sin obligarse a no pensar en Tomás.
Aunque, claro, así solo conseguía recordarle con más fuerza.
Le había mandado un mensaje a Álex felicitándole las fiestas.
Tenía en la cabeza grabada su conversación.
Pero hasta aquello le ataba a Tomás y no quería pensar en Tomás.
—¿Cómo es que los niños no quieren jugar al escondite? —le preguntó su hermana tras la cena.
—¿No los ves? Están todos con el móvil.
—¿Y el tuyo?
—Lo he dejado en mi habitación. No pienso escribir a Tomás y no quiero tentaciones.
Propusieron un parchís. Después, la abuela preguntó en qué canal verían las campanadas y se quejó de que los cojines en esa casa eran incomodísimos. Después encendieron el karaoke y sus padres cantaron por Mocedades.
Ay, amor de hombre
que estás llegando y ya te vas, una vez más.
Juego de azar, que me obliga a perder o a ganar
Silas pensó que su cara debía reflejar bien toda su angustia, porque uno de sus primos pequeños se acercó a él y le dio un abrazo.
Fue en ese momento cuando sonó el timbre.
Dafne y Silas se levantaron y avanzaron juntos hasta abrir la puerta de casa.
Silas enmudeció y Dafne dijo:
—No me lo puedo creer.