FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 76
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CAPÍTULO 76

Rio a carcajadas cuando vio a Nabeel y a sus hermanos a punto de caerse por el hielo y apoyándose en la barra metálica para recibirlos después. Si tenían prohibido practicar esos deportes más aún cuando estaban de descanso, era por algo. No tenían tiempo para recuperarse de una lesión.

Los hermanos de Nabeel estaban emocionadísimos por verlos a su hermana y a él, eso estaba claro. Sobre todo, Nora observaba a Dafne con los ojos brillantes que reflejaban solo admiración.

Dafne no tuvo miedo de calzarse los patines.

Y en la pista, Nabeel y ella se juntaron.

Silas jamás la había visto mirar a ningún un chico con esos ojos.

Y aunque Nabeel y ella llevaban mucho tiempo siendo amigos, estaba claro que de pronto había algo diferente.

Y salió disparada hasta ella, dejando que el precario tren se destruyese y que casi todos sus hermanos cayeran al suelo.

Después de eso, Silas se encaminó y se dirigió al carrusel. Ahí al lado de uno de los caballos, lo encontró a él.

—¡Hola! —saludó Álex. Iba vestido con gorro de navidad rojo, un delantal verde y una enorme sonrisa que llevaba como sello de identidad.

—¡Hola, Álex! —exclamó Silas, obligándose a llamarlo por su nombre.

Álex hizo un gesto con la cabeza, como dándole a entender que podían moverse de ahí, así que anduvieron entre casetas. No habían ido al mercadillo de Navidad, como había hecho el año anterior con Tomás, pero aun así toda la situación le resultaba familiar.

—Tengo una pregunta que hacerte —dijo Silas, sonriendo.

—Bien.

—¿Por qué trabajas tanto?

Se encogió de hombros:

—Estoy cómodo viviendo en casa de mis padres, pero aun así intento ahorrar todo lo que puedo. Además, sienta bien desconectar de los estudios.

—Hay más maneras de desconectar que no sean trabajando —dijo Silas.

—Bueno, pero parece que es la única manera que tengo de verte…

Silas se sonrojó.

—¿Quieres que nos sentemos o prefieres andar? —preguntó Silas, con la vista baja. Se sentía tremendamente nervioso.

—Andamos.

—Te he traído algo —confesó Silas.

Y del interior de su bolsillo sacó un bolígrafo cuya punta estaba acabada por un gato negro e incluso un cascabel en miniatura. Álex dejó escapar una sonora carcajada.

—Gracias…

—Todavía tengo que ver la serie e igual podría haberte traído algo que tuviera que ver pero, bueno, es mi manera de pedirte disculpas.

Álex negó con la cabeza.

—Para ya con eso, de verdad.

—Entrar en pánico después de darte un beso no era lo que quería hacer, te lo aseguro.

Volvió a reírse, jugando con el bolígrafo, sonriente.

—No entiendo por qué has sido tan paciente conmigo.

Álex se encogió de hombros.

—De verdad, tienes una idea de ti mismo bastante alejada de la realidad. No has matado a nadie.

—Cómo… ¿Cómo se sabe cuándo merece la pena ser paciente con otra persona?

—Ya no estás hablando de nosotros, ¿no?

Silas negó con la cabeza.

—Hay un chico... Nos hicimos amigos jugando al fútbol. Yo estaba loco por él. Pero… bueno, ya sabía que iba a ser imposible por esto de jugar al fútbol. Yo… Bueno.

—Es tu ex.

—¡Deja que llegue a esa parte de la historia!

Nos juntamos en varios partidos y él me dijo que…

bueno, me dijo que no estaba enamorado. Que no lo iba a estar nunca.

Y yo, que siempre había pensado que no me importaría ninguna condición para estar con él, escuché eso y pensé que hasta aquí había llegado.

Pero ahora… No dejo de pensar en él. Está otra vez en el equipo y no sé…

No sé cuándo rendirme. Estoy tan confundido…

Siento que es… De nuevo… Como el fútbol.

¿Sabes cuando alguien te dice que una cosa no es para ti así que insistes mil millones de veces?

—Bueno, a mí siempre me costó bastante el instituto.

Sacaba buenas notas, sí, pero porque le echaba muchas más horas que el resto.

¡Muchísimas más! Y por eso siempre me dijeron que estudiar Medicina era demasiado sacrificio para mí.

Y sin embargo, aquí sigo. Y gestiono mi tiempo bastante bien, por lo que parece…

—Pues eso. Yo ya no sé si es que me he obcecado con esto o si lo que me sucede es que estoy loco por la Medicina y eso es algo que no va a cambiar…

No sé… ¡No sé cuándo rendirme! Perdona, casi que me he liado con la metáfora.

No… No dejo de pensar en él y lo siento pero no estoy preparado para tener otra relación ahora mismo.

Álex guardó silencio. Le esquivaba la mirada y sus pupilas se movían de un lado a otro mientras jugueteaba con el muñeco del gato.

—Di algo —le pidió, sin atreverse a mirarlo más.

—Eres muy joven…

—Venga ya, ¡solo tienes un año más que yo!

—Ya, bueno, pero aun así siento que hay mucha distancia entre nosotros…

Entonces, Silas se dio cuenta: era posible que le hubiera hecho daño a Álex. Habían quedado y lo único que había hecho había sido hablarle de Tomás y de sus problemas. Le había besado y después había salido corriendo. Pensó entonces que quizás él se estaba comportando como Tomás también.

—Oye, sé sincero… Me estoy comportando como un capullo, ¿verdad? ¿Crees que te estoy utilizando?

Álex dejó escapar una carcajada que en realidad no sonaba alegre.

—Igual con lo de la edad buscaba una manera de justificarte.

—Perdona. Yo… Eres un tío genial. De verdad. Perfecto. Y me habría encantado poder conocerte en otras circunstancias cuando no estuviera tan…

—¿Pillado por otro? Me ha quedado clarísimo —preguntó Álex.

Silas suspiró.

—No te preocupes. Ya… Bueno, ya suponía que esto iba a acabar así. Que me dieras un beso y después salieras corriendo no fue muy buena señal —rio, pasándose una mano por la nuca.

Y Silas se sintió de nuevo la peor persona del mundo.

—Perdona…

—¡No te disculpes!

Silas le miró:

—Me encantaría que fuéramos amigos. De verdad. Si no es demasiado pronto para ti…

Álex negó con la cabeza.

—Venga, que tengo un rato libre. ¿Quieres ir a patinar? ¿O prefieres el carrusel?

Silas asintió, sonriendo. Y se puso de pie para marcharse al carrusel.