CAPÍTULO 71
Hacía mucho que no se reía tanto. Habían ganado el último partido de la liga y ella había marcado gol. Desde ese preciso instante, no había dejado de reír.
Había reído a la salida del campo, con miedo a que sus rivales pensasen que se estaba burlando de ellas.
Se había desternillado casi todo el vuelo de vuelta, tanto que le dolían las costillas, el estómago y las mejillas.
Y, cuando no reía, sentía que volaba. Como si la euforia la llevase de un lado a otro.
Y lo mejor era que ese estado las había embriagado a todas.
Sin embargo, en cuanto puso un pie en Estels, algo cambió en su interior. Se sintió cansada de golpe, como vacía, sin aire.
El equipo quiso reunirse en la cafetería y celebrar la victoria, pero ella solo tenía ganas de estar completamente a solas, en silencio y quizás así poder procesar las emociones del partido.
Subió a su cuarto a cargar el teléfono móvil y, gracias a esas paredes tan finas, la oyó: Irati estaba llorando.
Enseguida, llamó a la puerta.
—¡Soy Dafne! ¿Estás bien? ¿Llamo a alguien?
Irati no le respondió. La puerta cerraba mal y estaba ligeramente abierta. Dafne no dudó en abrirla del todo y atravesar el espacio, corriendo hacia la cama. Ahí estaba ella, tirada con la cara contra el colchón, llorando, cubriéndose el cuerpo y con la melena rubia desparramada a su alrededor.
Dafne se acercó a ella con el corazón en un puño.
No opuso resistencia en ese abrazo que buscaba arreglarlo todo. Permaneció abrazándola un largo rato hasta que al final Irati se incorporó y le dijo:
—Lo siento… perdona, he escondido la cabeza como un avestruz y he sido una amiga horrible y…
Dafne negó con la cabeza:
—No, yo sí que lo siento. Siento no haber estado más contigo. Es que cada vez que lo intentaba acababa metiendo la pata y no…
Volvieron a abrazarse. Dafne continuó acariciando la espalda de Irati mientras ella se sentaba en la cama.
—¿Estás mejor?
Irati negó con la cabeza.
—Entiendo que estés disgustada por todo lo que ha pasado con Rain, yo creo que podéis solucionarlo y…
Irati negó con la cabeza, abatida.
—Tengo que contarte algo. No lo sabe Rain. No lo sabe nadie.
Las dos se incorporaron en la cama. De pronto la tensión era evidente.
—¿Qué pasa?
—Es que… Bueno… ¿Te acuerdas de cuando nos hicieron un control de dopaje a principios de la temporada?
Dafne frunció el ceño. ¿Había tenido problemas con el dopaje? ¿Era eso?
—Sí, me acuerdo.
—Es que… Bueno… Pues mis resultados fueron muy altos en testosterona —respondió—. Más altos de lo que se considera legal en el deporte femenino, y por eso me tuvieron que apartar.
—¿Pero el míster lo sabe?
—Sí. Lo hemos sabido los dos y lo hemos estado ocultando.
Es que… Bueno. Tengo una… condición. No sé muy bien cómo llamarlo.
Bueno, sí lo sé. El nombre clínico es hiperplasia suprarrenal congénita.
No veas lo que me costó aprendérmelo de pequeña…
El tema es que mi cuerpo produce menos cortisol del necesario y por lo tanto, para compensar, produce más andrógenos como la testosterona.
—Pero… No pasa nada, ¿no?
—¡Sí que pasa! Tener niveles hormonales fuera de lo…
normativo me da problemas de salud y también me afecta en el deporte.
He estado en tratamiento hormonal precisamente por esto.
Porque a veces no reconozco mi propio cuerpo y porque sé que con el tema de la testosterona voy a tener problemas en el deporte y que si supero estos límites no podré competir…
Así que estoy probando nuevos tratamientos hormonales y no… No entiendo mi cuerpo y…
Dafne parpadeó unas cuantas veces. Era mucha información la que había recibido de golpe. Agarró a Irati por las manos.
—¿No has hablado de esto con Rain?
—Me dio vergüenza. Yo qué sé. Empecé ocultándoselo y he seguido así.
Los estrógenos me sientan fatal. No… no tengo energía, no tengo apetito, tengo ganas de vomitar…
Ya puedo competir porque los estrógenos me han bajado los niveles de testosterona, pero ahora ya no soy buena.
Ya no me siento bien. He estado buscando otras opciones con el míster.
Pero… es que ya no es lo que me importa.
Lo que me importa es que he perdido a Rain.
La abrazó de nuevo.
—Perdón por no haberte contado nada —añadió Irati.
Dafne se acercó un poco más a ella, le separó unos cuantos mechones rubios del flequillo y le dio un sonoro beso en la frente. Después, con dulzura, le quitó las lágrimas de las mejillas.
—No tienes que pedirme disculpas, pero me duele mucho que hayas tenido que pasar por todo esto sola.
No… no es fácil. Pero parece que el míster quiere lo mejor para ti, ¿no?
Parece que te está cuidando. No mereces cargar con esto a solas.
Me tienes a mí. Tienes a tu familia y a la gente que te quiere y tienes a Rain, que te adora y se está volviendo completamente loca.
—No me va a perdonar. La he tratado fatal. Va a pensar… Sé que piensa que no confío en ella, pero… No es eso.
—Por supuesto. No va a necesitar perdonarte. Ella… ella solo quiere hablar contigo, solo quiere que estés bien, Irati.
—¡A mí también me gustaría estar bien, joder! Pero es que no puedo. No es tan fácil.
—Lo sé, perdona. Me he equivocado. Lo que quiere no es que estés bien, que también, claro, lo que quiere es que la dejes estar contigo… Aunque sea mal. Sea como sea.
—Soy una imbécil por ocultarlo, ¿no? ¿Soy una mala persona?
—De mala no tienes nada, corazón.
—No se lo cuentes a Rain todavía, ¿vale?
—Claro que no.
Volvió a abrazarla. No la soltaría nunca más.
F.A.R. JUVENIL A EQUIPO FEMENINO
Miércoles 18 de diciembre, 07:30
Irati
chicas, sé que he estado ausente
y he estado haciendo cosas un poco
raras. No he querido en ningún
momento dejaros colgadas y os
felicito por lo bien que lo habéis
hecho! He tenido unos cuantos
problemas de salud y personales
pero espero estar mejor después
de las vacaciones y poder hablar
con vosotras. Me he ido ya a casa.
¡nos vemos a la vuelta!
Te queremos, Irati
vacaciones
de navidad