FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 52
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CAPÍTULO 52

F.A.R. JUVENIL A EQUIPO MASCULINO

Sábado, 9 de noviembre, 22:00

ROWAN

ya ha pasado el toque de

queda, vamos ahora

ARTURO

siiiii

HÉCTOR

Yo propongo que bajemos

algunos a por el trofeo

ROWAN

¿pero la gracia no es que

vayamos en equipo?

Es que como nos pillen…

ARTURO

no nos gafes

Nunca pensé que diría esto

pero Rowan tiene razón!

Tenemos que hacernos el

selfi TODOS

TOMÁS

Bajad a las escaleras

Sé dónde está la vitrina

Silas había contenido el aliento casi desde que había salido de su habitación. Por si acaso. Aún recordaba el curso anterior, ese en el que les habían interrumpido a Tomás y a él.

Parecía que había pasado una vida desde entonces.

Nabeel y él fueron los primeros en seguir a Tomás y pronto se unió el resto del equipo. Como había cámaras de seguridad, Rowan se encargó de coger unas tijeras y acercarlas al cable correspondiente. Tomás le había explicado cómo hacerlo.

En fila india y guiados por una linterna del móvil, alcanzaron una pared cubierta de una gigantesca vitrina en la que descansaban varias decenas de trofeos incluyendo primeros puestos de la liga Inter F.A.R.

—Bueno, en Estels hay más —susurró Rowan.

—Pero solo porque también juegan las chicas… —dijo Arturo.

Silas arrugó la nariz, sorprendido ante ese comentario.

Después, siguió observando cómo se reflejaba el dorado en la piel de Tomás, que le miró y susurró:

—Desde que llegué aquí me encantaba mirar la vitrina y observar embobado todos los trofeos, imaginándome con alguno de ellos en las manos. Casi podía olerlos.

—Bueno, conseguiste uno —dijo Silas.

—¡De lo que me ha servido…! —le sonrió Tomás.

Y Silas sintió que el estómago se le constreñía. Porque seguía esperando cada una de sus palabras como si pudieran cambiarlo todo.

—¿Vamos al lío? —preguntó Rowan.

—Shhhh —dijo Marc.

—¿Cómo lo abrimos? —susurró Arturo.

Silas dio un paso hacia delante, mostrando ese imperdible que le había regalado su hermana y esperando que le diera algo de suerte.

Sus amigos se echaron hacia atrás, dejándole espacio.

A Silas le temblaban las manos cuando las introdujo en la cerradura y se mordió el labio, frustrado, cuando se dio cuenta de que el metal se estaba doblando.

Se giró hacia sus compañeros, que parecían decepcionados.

Entonces, Tomás sacó otra cosa: una horquilla. Y se acercó también a la cerradura. No le tuvo que decir nada, Silas entendió su decisión de que pusieran los dos objetos de metal a la vez, para reforzarlos. Silas sintió que temblaba por tenerlo tan cerca.

Introdujeron los dos metales a la vez y finalmente se oyó un suave clic.

Y Arturo, como si hubiese tenido algo que ver con toda la jugada, se aproximó hacia la vitrina para abrirla, entre carcajadas.

—¡Por fin! —exclamó, y no dudó un segundo antes de coger en brazos esa copa gigantesca, que ocupaba lo mismo que su torso.

—Vamos a hacer la foto… —dijo Nabeel, aunque Arturo no parecía querer soltar el trofeo.

Rowan alargó el brazo para hacer un selfi y no lo dudó, le dio un lametazo al trofeo.

—¡Que te vas a poner malo, que esto está lleno de microbios!

—¡Anímate, Marc!

—¡Qué puto asco!

—¡Venga! —le dio un golpe en el hombro y finalmente Marc hizo una mueca, cerró los ojos apretando fuertemente los párpados y obedeció.

Al separarse del metal, se llevó una mano a la boca, como conteniendo una arcada. Pero después se rio. Arturo se rio también, imitándole.

Y mientras tanto Tomás fotografió todo aquello, riendo también.

Fue entonces cuando les pareció oír pasos por el pasillo.

—Shhh… —dijo Arturo. Y Silas se dio cuenta de que sus manos estaban temblando mientras sostenía el trofeo.

—¿Quién anda ahí? —preguntó una voz.

—¡Piraos! —exclamó Tomás.

—Vamos a dejar el trofeo antes… —comentó Arturo.

—No, yo me encargo. Vosotros volved a las habitaciones.

—Estarán a punto de encender las luces, daos prisa.

—Lo haré yo —afirmó Tomás. Y cuando todos los compañeros lo miraron y asintieron con la cabeza, actuaron como si fuese un compañero en el ejército dispuesto a dar la vida por los camaradas.

Se marcharon corriendo, todos excepto Silas, que clavó bien los pies en el suelo.

No supo muy bien por qué lo hizo. Por qué decidió quedarse con Tomás, dejar claro que estaba con él.

O quizás sí que sabía por qué lo hizo, pero se preguntó por qué ya había dejado de lamentarse de sus decisiones.

Juntos, guardaron el trofeo y se escondieron en un aula abierta.

Y cuando se miraron a los ojos, ambos estallaron en carcajadas exactamente al mismo tiempo.

La de Tomás era tímida y nasal, descarada cuando entraba en confianza.

Era exactamente la misma de cuando eran niños.

Las risas no cambiaban y, a través de ella, entraron en un túnel directo al pasado.

—Hacía mucho que no te escuchaba reír —reconoció Silas, en esos momentos.

—Lo mismo digo… Rowan está fatal de la cabeza.

—Pero al final tenía razón. Creo que, con este gesto tan arriesgado, ya formas parte oficialmente del grupo.

—A ver cuánto dura…

La sonrisa se esfumó de sus labios. Porque era cierto: se sentía seguro en su equipo, pero no sabía si aquello duraría para siempre. Y tampoco estaría en Estels para siempre. A final de año volvería a empezar.

—Siempre tengo una sensación rara cuando estoy con ellos. Porque me he esforzado mucho porque todos estemos bien en el equipo, pero probablemente desaparecería si supieran que soy gay —reconoció Silas.

—¿Crees que la cosa cambiaría con tus amigos?

—No, sé que a ellos no les importaría. Marc, Nabeel, incluso Rowan… Ya lo saben. Pero en el equipo no. Todo se iría a la mierda. Y ellos… ni siquiera me conocen tal y como soy, ¿entiendes? Si finges durante mucho tiempo, al final ya no entiendes quién eres.

—¿Y qué futbolista no finge? Si no es por una cosa, es por otra.

Parecía que había lugares hasta los que Tomás no quería llegar. Siguió hablando.

—No… No sé, cada vez lo pienso más. ¿Sabes cuando evitas algo toda tu vida y de repente lo piensas una sola vez y ya se convierte en una obsesión?

Me pasa eso. Me pasa… contigo. Con el futuro.

Con todo. No consigo disfrutar de nada. Tengo una especie de contador en la cabeza que hace ruido todo el tiempo: tic-tac, tic-tac.

Con cada partido estamos un poco más cerca de ganar, sí.

Pero también estamos más cerca del final de la liga y…

no sé si quiero hacer esto a cualquier precio.

¿Tengo que hacerlo? ¿No puedo poner mis propias condiciones?

Se supone que no es normal que el fútbol lo sea todo.

—Define normal. Aquí estamos todos fatal de la cabeza.

—¿Pero queremos esto para siempre? ¿Merece la pena?

Tomás se encogió de hombros.

—No te creas que no le he dado vueltas —confesó—. Yo también… Bueno, se me da bien justificarlo todo con la excusa del fútbol. Hasta en el colegio era un gilipollas, pero como marcaba goles, daba todo igual.

—Estoy convencido de que si hubiéramos ido a la misma clase habrías sido de los que me hacían la vida imposible —reconoció Silas.

—Pues seguramente. Yo podía insultar, ser un capullo, pegarme en los recreos…

porque en el campo era el puto amo. Todo lo demás me daba igual.

¿Sabes? Tengo un recuerdo muy claro de un día en la playa.

Mi madre estaba sentada en una toalla con una de sus amigas.

Su amiga tenía un hijo de mi edad, iba a mi cole y en el colegio nos habíamos peleado.

El caso es que esa amiga le dijo a mi madre que nunca me habían dicho que no en la vida, y que por eso me creía el rey.

Que necesitaba que alguien me parase los pies en algún momento. No sé por qué me acuerdo tanto…

Silas bajó la vista, meditabundo.

Ya le habían dejado claro que la razón por la que Tomás se había trasladado a Estels era por su propio futuro: porque le pagaban más, porque le prometían más cosas.

Pero, aun así, teniéndolo tan cerca, le daba por pensar que la relación con sus compañeros de Barcelona no era tan buena y que quizás hubiera más motivos por los que quisiera estar cerca de él.

—¿Por qué no dices nada? —preguntó Tomás.

—Pues porque hablas tan poco que cuando lo haces solo quiero escuchar.

—Pensaba que no necesitabas escucharme para entenderme. Siempre me ha gustado estar contigo precisamente por eso…

Silas sacudió la cabeza. Lo tenía estudiado: no podía hacer más que un par de preguntas antes de que Tomás se cerrara en banda de nuevo.

—Parece que las cosas están mejor con tu padre, ¿no? Pasas más tiempo con él.

Tomás se encogió de hombros.

—Se lo debo. Yo siempre pensé que alejarme de mi familia sería lo mejor: priorizar el fútbol. Pero él no se merece que lo deje de lado...

Se quedaron quietos, respirando el mismo aire.

Silas se quedó embobado contando las pestañas de Tomás, dibujando mentalmente el modo en el que el cabello pelirrojo le enmarcaba la cara y cómo parecía crear esa cicatriz que le atravesaba el pómulo.

Contenía tanto dentro de él, que incluso cuando estaba quieto se notaba todo el fuego en su interior.

Su mano se acercó a la suya. La acarició.

Silas sintió un escalofrío recorriéndole de arriba abajo.

Tomás inclinó la cabeza.

«¿Va a besarme? ¿Quiero besarle? ¿Quiero volver a sentirme como una mierda después de todo esto?».

Silas rechazó ese beso.

Y como si hubiese sido salvado por una campana invisible e imaginaria, las luces se activaron de golpe. Las cámaras volvían a funcionar. Y en vez de asustarse, se sintió aliviado. Se puso de pie como un resorte. Tomás le imitó y mantuvo la mano agarrada a la suya en todo momento.

F.A.R. JUVENIL A EQUIPO MASCULINO

Sábado, 9 de noviembre, 23:00

ROWAN

Tomáaaaas, todo bien? Os

han pillado?

TOMÁS

todo controlado

ROWAN

de puta madre, Tomás! Ya

eres parte del equipo

ARTURO

equipazo!!!! tenemos que

ganar mañana!!!

o no perder, por lo menos

ARTURO

no nos gafes

ROWAN

salimos de puta madre en las

fotos. Pasa el número y se la

mandamos

ARTURO

y no se la enviarán al míster y

tendremos un disgusto???

TOMÁS

qué va, captarán el mensaje y

se acojonarán todos. Aunque

mejor la mandamos de estas

que se borran solas…

ARTURO

pues sí!

CRÓNICA DE LA SEXTA

JORNADA DE LA LIGA INTER F.A.R. JUVENIL A

¿Qué han hecho nuestros equipos masculino y femenino?

SORPRENDENTE EMPATE DEL MASCULINO CONTRA SU ETERNO RIVAL, EL F.A.R. BARCELONA

F.A.R. ESTELS, 0 - F.A.R. BARCELONA, 0

Reconozcámoslo: si había un partido que nos hacía soñar y mordernos las uñas a la vez, era, precisamente, este. No solo la rivalidad entre estos dos equipos es histórica, sino que antaño se hicieron con la victoria y ahora su excapitán, Tomás Rus, está en Estels.

Pues sí, la expectación era máxima.

Ha sido un partido emocionante, en el que no hemos podido hacer otra cosa que contener la respiración.

Sin embargo, no podemos evitar sentir un regusto amargo de decepción. ¡El resultado ha sido de empate!

GRAN VICTORIA DE NUESTRAS GUERRERAS EN UN CLÁSICO CONTRA EL MADRID

F.A.R. ESTELS, 2 - F.A.R. MADRID 1

Definitivamente, este ha sido un fin de semana de clásicos. Y tras un partido emocionantísimo en el que Irati Ezeiza ha podido desempeñar su papel en el verde, nuestras chicas han conseguido la victoria.

Julia Blas ha marcado un gol con la asistencia de Irati Ezeiza, mientras que el segundo gol ha sido de Dafne Cabezón con asistencia de Rain Holt. El único momento amargo del partido ha sido la falta que ha acabado con la expulsión de Rain Holt.

Aun así, nos hacemos una pregunta, ¿será esta la remontada definitiva que llevamos tiempo necesitando?