FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 53
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CAPÍTULO 53

Nabeel

Miércoles, 14 de noviembre, 17:20

Hemos quedado ahora, no?

Claro, enseguida estoy en tu

habitación

Pero solo nosotros, no? A y media!

Que sí, claro

gracias

pero no me des las gracias

Pues claro que sí.

En los días anteriores, Silas, Dafne y Nabeel habían hecho juntos todo tipo de planes.

La razón estaba clara: tenían mucho tiempo que recuperar.

Dafne se alegraba por ello, pero a la vez sentía que hacía mucho que no hablaba con Nabeel a solas.

Habían pasado casi dos meses desde que se dieron el primer beso y entre ellos había cuentas pendientes que Dafne se moría de ganas de resolver.

Porque ante Hugo, Dafne se había referido a Nabeel como su novio, pero nunca había hablado con él del tema.

Por eso, y porque sabía que Nabeel era un romántico, tenía la sensación de que esa cita que tanto había especificado que era solo para ellos iba a ser importante.

Antes de acudir, se había detenido en el parque del campus para atender una llamada telefónica de la directora del centro Minerva Gallardo. Llevaban unos días concretando la visita. Teniendo en cuenta el horario apretado de Dafne y sus compromisos académicos y deportivos, no estaba siendo fácil.

—En diciembre entonces. Sí. Está bien. Perfecto. ¡Muchísimas gracias por la oportunidad! —dijo, y mientras hablaba recogía entre sus manos un montón de flores violáceas silvestres que crecían bajo los árboles.

Pensó en preparar un ramo para Nabeel y colgó el teléfono sintiéndose realmente emocionada, con ganas de contárselo todo, pues, al fin y al cabo, se había atrevido a dar el paso gracias a él.

Estaba avanzando de regreso a la residencia cuando oyó unos gritos que la desconcertaron:

—¡Para ya!

—¡Suelta eso, hazme caso!

Al volverse, rodeando el parque, reconoció a Saylor y a Rain discutiendo. Las gemelas estaban peleando por un teléfono móvil, que tiraban de unas manos a otras y que en pleno forcejeo acabó en el suelo.

—¿Qué os pasa? —preguntó Dafne, acercándose a ellas.

Rain gritó de frustración y se agachó para recoger el móvil. No respondió a su pregunta.

—¿Podrías decirle a mi hermana que la mejor idea para solucionar su relación con su novia no es geolocalizarla? —inquirió Saylor, llevándose una mano a la cintura.

—¡No quiero geolocalizarla! —exclamó Rain—. Al menos, ese no era mi plan. ¡También le he grabado un vídeo y he escrito una carta preciosa y todas las ideas te parecen malísimas!

—Solo he dicho que con eso la vas a asustar.

—¡Tú no me entiendes! ¡No tienes sentimientos!

Saylor puso los ojos en blanco.

—¿De qué estáis hablando? ¿Qué os pasa? —inquirió Daf-

ne.

Rain abrazó sus rodillas, aún sentada en el suelo. Y cuando volvió a mirar a Dafne, sus ojos contenían una tormenta en miniatura.

—Pues que Irati no me cuenta nada. Tengo el presentimiento de que… no sé… de que tiene algún problema y me desespera. Tengo… tengo la sensación de que todo el mundo me quiere para las cosas divertidas, pero nadie cuenta conmigo cuando tiene un problema de verdad.

Dafne suspiró y se sentó a su lado para abrazarla. Saylor, resignada, se sentó con ellas también.

—Si quieres demostrarle que puede confiar en ti, ¡no la espíes! —advirtió.

Rain miró a Dafne:

—Creo que hoy se ha ido a Valencia. El míster tampoco está y si al menos pudiese mirar su localización, espiarla, averiguaría qué traman los dos… ¡Es que cada vez que le saco el tema se cierra en banda!

Dafne se mordió el labio.

—Yo también estoy preocupada por ella —reconoció—. Siempre… Siempre está cansada. El otro día la oí vomitar…

Rain alzó las cejas.

—¿Qué?

—Me dijo que algo le había sentado mal y que no quería que nadie le diera la brasa. Yo tampoco sé qué le pasa…

Rain se puso de pie. Después volvió a sentarse. Parecía incapaz de contener toda la energía que había en su interior. Gruñó y convirtió las manos en puños antes de volver a sentarse a su lado.

—No me puedo creer que no me dijeras nada.

—¡Es que no es cosa mía!

—¡Pero tenemos que ayudarla!

Después de eso, ninguna de las dos supo qué decir. Ni siquiera Saylor. Las tres acabaron sentadas en el césped.

Entonces dejaron hablar a Rain. La escucharon relatar una vez más todo lo extraño en el comportamiento de Rain, que explicara de nuevo la discusión que habían tenido y describiera sus sentimientos por ella.

Aunque ni Saylor ni Dafne le dieron ningún consejo ni tampoco tenían respuestas, les pareció que al haberse desahogado Rain se sentía mejor.

Entonces, Rain desbloqueó su teléfono, ese que Saylor le había confiscado, y Dafne se dio cuenta de que ya eran las seis.

—¡No puede ser! —exclamó Dafne.

Se puso de pie como un resorte y corrió hacia la residencia.

Por el camino, llamó a Nabeel al teléfono una, dos y tres veces.

No se lo cogió.

Le mandó un mensaje:

Nabeel, perdona! Rain

necesitaba mi ayuda y se me

ha ido el tiempo! Voy ahora!

No te preocupes, Dafne, pero

ahora no puedo quedar

Qué?

No pasa nada, otro día