CAPÍTULO 50
De pequeña, Dafne estaba convencida de que una amiga era aquella persona a la que se lo podías contar todo.
Hablar de quién te gustaba, de tus sueños más raros o confesar entre carcajadas que se te había escapado un pedo en clase de música y que menos mal que se había disimulado porque justo te lo habías tirado cuando el profe estaba tocando un xilófono.
Pero a sus amigas del colegio, esas a las que afirmaba conocer, les había ocultado una parte de ella: jamás les había explicado lo mucho que amaba el fútbol.
Y a su vez, sus amigas se habían dejado cosas en el tintero.
No quería que aquello le pasara de nuevo. Y cada vez que miraba a Irati se daba cuenta del enorme espacio que las separaba.
La tenía delante mientras Hugo exclamaba:
—¡Timing sin balón! ¡Despeje con sentido!
Y todas ellas practicaban ejercicios específicos.
Parecía que estaba bien, pero había detalles que se acumulaban: el hecho de que estuviera siempre cansada, que casi se desplomase en un entrenamiento y de pronto el vómito.
Que había tenido una indigestión, eso le había dicho la tarde anterior cuando Dafne entró a su cuarto preocupada por ella.
Y aunque no quería exagerar, le aterraba que Irati le ocultara algo.
Por eso mismo, cuando acabaron y salieron del vestuario, la alcanzó para preguntarle:
—Oye, ¿todo bien?
Y se dio cuenta ahí mismo de que quizás esa no era la mejor pregunta. Que había sido demasiado directa y de que en su pregunta no dejaba espacio a una respuesta negativa. Irati frunció el ceño y se colocó una mano sobre la frente, intentando evitar que el sol hiriera esos ojos azules.
—Claro. ¿Por?
—Pues yo qué sé, porque ya no salimos a correr juntas y ni siquiera hemos quedado para comentar lo de Halloween… Bueno, que solo quería preguntarte cómo estabas.
—¿Qué se supone que quieres que te responda?
—¿La verdad? Lo que no quiero es que te enfades porque te haga una pregunta… Es que llevas unos meses un poco rara, y ya sabes, con lo del otro día…
Irati estuvo a punto de echar a andar y marcharse de ahí. Dafne lo tuvo claro por el modo en el que apretaba sus manos en puños y fruncía el ceño.
—Pues sí, el otro día vomité porque me sentó mal un plato de macarrones y llevo unos días con el estómago tremendamente revuelto. No sabía que tenía que informar a la capitana del equipo.
—¡Oye! ¡Que no tienes que informarme de nada, solo quería saber si estabas bien! —exclamó Dafne.
—¿Se lo has dicho a Rain?
—¿Qué? ¿El qué?
—Pues que me oíste vomitar.
—No, no se lo he dicho. ¿Por qué iba a decírselo?
—Joder… Pues por nada. Porque Rain no deja de darme el coñazo con eso. Con si estoy bien, con qué me pasa, y no te puedes imaginar lo controladora que es. Yo… Lo último que necesito es que me presionéis más. Así que, por favor, deja de conspirar contra mí.
Nabeel
Sábado, 9 de noviembre, 17:30
Dafne, ma belle
HE PILLADO LA REFERENCIA
NO LO DUDABA
Al final no me he podido
despedir de ti y ya estamos
rumbo a Barcelona
No te preocupes
Hemos tenido un poco de
movida con Irati, así que
tampoco era el día
Qué ha pasado?
Pues que en principio no jugará
mañana y está como cabreada
con todo el mundo, no sé.
Ya discutisteis un poco el otro
día, no?
Sí.
En fin.
No sé qué hacer con ella.
Tranquila, se arreglará
TÚ MUCHO CUIDADO, EH
Que no sé qué vais a liar con el
plan malvado ese de Rowan
Deséame suerte
Te pongo todas las velas del
mundo
Mantenme informado.
Lo mismo digo <3