FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 49
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CAPÍTULO 49

DAFNE

Jueves, 7 de noviembre, 18:00

Sil

vemos una peli esta noche?

Imposible

Tengo reunión con el equipo

Por la noche?

Sí, para planificar nuestro

asalto a Barcelona

Apenas había sobrevivido al entrenamiento del día.

Tras pasar la semana enfermo, el cuerpo le seguía doliendo.

Sentía que jugaba en desventaja: como si tuviese una gran losa colgando sobre sus hombros o le hubiesen vendado las manos, atadas a su espalda.

Se cansaba antes y le costaba mucho más respirar.

Por suerte, el míster no le había dado demasiada caña.

Estaba contento, pues, por primera vez en mucho tiempo, el equipo entero había trabajado en sintonía.

—Sigo asustado de cojones por el partido contra el Barcelona, pero ahora lo estoy un poco menos —les había dicho el míster.

Rowan estaba en lo cierto: eso de la guerra unía mucho, y ya que por fin habían recordado que el enemigo era el Barcelona, Arturo y Tomás hacían buen equipo y habían recuperado su juego.

Sin embargo, Silas también seguía «asustado de cojones». No se sentía preparado, ni para el juego ni para esa excursión al territorio enemigo.

Tras el entrenamiento, todo el equipo se había reunido en la Madriguera para tramar un plan que llevar a cabo el siguiente domingo.

Viajarían a Barcelona el sábado y dormirían ahí.

Todos estaban sentados, anotando ideas en una pizarra: esconder la ropa, colarse en sus habitaciones y hacerles fotos vergonzosas, sabotear los baños para que olieran peor que mal, embadurnar los vestuarios de espuma de afeitar…

—Patético —murmuró Arturo.

—Pues anda que has dado tú alguna idea… —recriminó Bosco.

—No, pero sé reconocer una idea de mierda cuando la oigo.

Finalmente, Tomás zanjó el debate.

—Podríamos robar el trofeo. Al fin y al cabo, debía ser nuestro, ¿no?

—Y lo perdimos por tu culpa —dijo Arturo.

—Y por la de Silas. Si hubiese jugado yo… —dijo Héctor.

Silas enrojeció hasta las cejas. Pero respiró hondo y contestó:

—Bueno, si no jugaste tú fue por algo, ¿no? Me eligieron a mí.

—¡Venga, dejadlo estar! —dijo Marc—. Ahora nosotros somos un equipo. Y ellos, además de robarnos la victoria, nos están ridiculizando.

—Por eso. Quieren ese trofeo más que a nada —dijo Tomás.

—¿Y cómo piensas robarlo?

Tomás se puso en pie y avanzó hacia la pizarra, listo para detallarles el plan. Silas metió las manos de nuevo en los bolsillos y pensó: «Dafne, espero que tu amuleto funcione».