FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 39
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CAPÍTULO 39

Se había puesto la peluca con la nariz roja y se había sacado la estúpida foto en contra de su voluntad. Lo que en realidad quería hacer era volver a la cama y no salir de ahí nunca. No. Lo que quería era que se le quitase ese dolor de cabeza, esas náuseas, ese malestar que le entumecía el cuerpo.

—Creo que esto de pintarme de blanco es premonitorio, ¡me voy a morir aquí! Por favor, que no entre nadie más en mi habitación —había suplicado a sus amigos.

Sin embargo, cada vez había más gente en ese cuarto que de pronto le resultaba angosto.

Cerraba y entreabría los ojos. Cada una de esas veces, miraba de soslayo el reloj de su móvil. Había pasado una hora desde que se había despedido de Dafne, pero en su mente solo habían transcurrido unos segundos.

En esos momentos, todos sus compañeros de equipo se habían reunido en su cama. Silas intentaba taparse la cara con la sábana. La cabeza le dolía horrores y tenerles cerca no ayudaba. Solo oía conversaciones a trozos, frases sueltas que no era capaz de conectar.

—¡Mirad lo que han subido a la cuenta hater! Que vamos de lo que somos, unos payasos… Pues menuda gracia. Ahora ya no me parece tan buen disfraz —se quejó Bosco.

—Tiene que ser otro equipo que nos está puteando —dijo Arturo.

—¡Hostia! ¡Ya está claro! ¡Habrá sido el Barcelona!

—Llevo toda la semana pensándolo —añadió Rowan—. Deben de estar cabreados porque les hemos robado a Tomás.

—Joder, claro, ¡no sabía que pensaras y todo! —exclamó Arturo, dándole un golpe en la espalda.

—A todo esto, ¿dónde está Tomás?

—Va a pasar la noche en casa, con su padre —consiguió decir Silas con un hilo de voz.

En realidad, no tenía muy claro si le habían oído. Tomás les había contado que su padre le necesitaba en casa y Silas se preguntaba si estaría bien. Acababa de mirar el móvil a escondidas, temeroso de que alguno de sus compañeros lo pillara, y había encontrado un mensaje suyo:

TOMÁS

¿Sigues vivo?

Después, había parpadeado y un mensaje nuevo había aparecido bajo el nombre de Chat Noir:

¿Todo bien?

¿Y por qué le preguntaba eso? No sabía que estaba enfermo. Quizás le había mandado un mensaje porque él llevaba varios días sin responderle a los suyos.

Gruñó.

No podía lidiar con aquello en esos momentos.

Solo deseaba que Chat Noir pillara la indirecta y dejara de escribirle.

No quería más problemas. Solo quería estar solo, pero esa habitación se seguía llenando de gente y en su mente solo había ruido.

Se tapó un poco más con la manta y cerró los ojos.

Cuando los abrió, la música sonaba muy fuerte.

—Venga, chicos, vamos a otro sitio y dejamos a Silas en paz —insistió Nabeel.

—Sí, es verdad, que tiene que recuperarse para el próximo partido. ¡Venga! ¡Hacedme caso, que soy el capitán! —dijo Arturo.

Pareció que aquello los convenció de dejar la habitación.

Antes de irse, Rowan se acercó a su oído y dijo:

—¡El plan ha funcionado! ¡Piensan que es cosa del Barcelona! ¡La guerra empieza!

Silas gruñó. El plan no podría importarle menos en esos momentos.

Todos se marcharon de ahí, excepto Nabeel.

—Venga, vete.

—No, voy a cuidarte, que estás malito.

Silas gruñó de nuevo.

—¡Tío, vete! ¡De verdad! ¡Sé que habrá sido cosa de mi hermana pero yo te quiero fuera!

No sirvió de nada. Nabeel no se movió y Silas volvió a cerrar los ojos.