CAPÍTULO 38
Rain
Jueves, 31 de octubre, 18:00
Oye, tú no tenías muchas
ganas de celebrar Halloween
en Estels, verdad?
Pues sin más
Perfecto, porque no celebraremos
Halloween aquí!
Como???
Mi hermana quiere que
vayamos con ella a una fiesta,
bueno más que una fiesta es
un musical
Tu hermana? conmigo?
Contigo, conmigo, con Irati…
Venga, anímate que nos
necesita!
Pero es que llevo muchísimo
tiempo sin hablar con ella
Pues este es el mejor momento
Nabeel
Jueves, 31 de octubre, 18:30
me voy a ver un musical esta
noche
qué guay!
Con saylor
Wow
Sii
Pásatelo bien, haz muchas
fotos y cuida de Silas que está
malito
Desde el quicio de la puerta, podía ver a su hermano tumbado en la cama de su cuarto, con la cara pintada de blanco y algunas rayas por los párpados, el cabello revuelto y los labios un poco agrietados.
Al lado de su cama, había una peluca rizada de color rojo y una nariz de payaso que seguro que no llegaba a ponerse.
Cuando eran pequeños siempre se pasaban el uno al otro los constipados y los virus estomacales. Esta vez se había librado.
—¿Quieres ir a la enfermería? —le preguntó.
—No, no te preocupes. Y no avises a los papás que no quiero que aparezcan aquí con un termómetro en la mano.
—¿Te traigo agua? ¿Una bebida isotónica?
Silas negó con la cabeza:
—No me entra nada en el cuerpo…
Dafne se acercó un poco más a él y le dio un beso en la frente. Estaba ardiendo.
—¡Daf, qué asco! ¡Que me manchas de pintalabios! A todo esto, ¿te has visto? Tú sí que pareces un payaso.
—¡No te pases! ¡Voy de gótica! —explicó, apartándose el pelo cardado y vaporoso de la cara—. Me ha dicho Rain que me disfrace y no tenía nada preparado. Aunque tú no estás mejor: con lo pálido que estás no habría hecho falta que te pintaran la cara.
—Hombre, gracias, un piropo siempre sienta bien…
—¿Seguro que no necesitas que me quede?
—Pues claro que no. Venga, vete ya.
El móvil le vibró en el bolsillo. Tenía claro que serían mensajes de Rain apremiándola.
—¿Cierro la puerta?
—No, no cierres. Que estoy demasiado débil como para poder abrirla de nuevo…
Dafne puso los ojos en blanco y exclamó:
—¡Hablamos! ¡Adiós!
No tardó nada en abandonar la residencia.
Esa noche, como cada año en Estels, celebrarían una fiesta de Halloween y en el campus ya se sentía el movimiento. Escuchaba música escapando de cada habitación, ajetreo, emoción contenida en el ambiente.
Sonrió y le mandó un mensaje a Nabeel después de recordar la del curso anterior, esa en la que ellos dos se quedaron juntos encerrados en el baño.
Esa misma noche en la que Saylor había difundido el rumor de que la había lesionado a conciencia…
No se podía creer que fuera a pasar las próximas horas con ella.
Dafne bajó la colina que separaba el F.A.R. de la carretera dando saltos.
Ahí las vio a las tres: a Rain, a Irati y a Saylor.
Todas llevaban abrigos negros, pero pudo apreciar que debajo de los suyos, Saylor y Rain escondían unos vestidos azul cielo, de mangas abullonadas, un lazo rosa en la cintura y la falda corta que dejaba al descubierto unas calzas blancas.
Definitivamente, parecían las gemelas de El resplandor.
Por su parte, Irati llevaba un top con una calavera y una falda de tela gris de tul y la melena rubia recogida en dos moños.
—¡Hola! —las saludó. Abrazó a Irati y a Rain, pero se quedó un poco cortada ante Saylor.
—Al final has podido venir… —dijo ella, casi a modo de saludo.
—¡Me encantan vuestros disfraces! ¡Son una pasada! —tiró de la manga de su chaqueta de cuero negro.
—¿Verdad que sí? Para ser de cosas sueltas que hemos encontrado en el armario, dan el pego… —dijo Rain, llevándose una mano a la cintura—. Venga, sube al coche.
—Claro. Aunque no tengo muy claro qué vamos a hacer hoy…
—Pues básicamente mi psicólogo me obliga a celebrar que vuelvo a jugar al fútbol y me apetecía ver un musical —explicó Saylor, toqueteando el lazo rosa claro que tenía enganchado en el pelo.
—¡Qué pasada! —exclamó Dafne.
—Sí, bueno. Ahora seré centrocampista. En fin. Una movida.
Dafne se llevó una mano a la nuca, nerviosa. Quizás debería haberlo sospechado antes: el coche que tenía delante no era uno de esos lujosos que acostumbraban a llevar los Holt. No, este era un coche absolutamente normal. Más que normal. Incluso un poco destartalado.
Tras la puerta de piloto, estaba Hugo, que ni siquiera se había molestado en disfrazarse.