FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 36
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CAPÍTULO 36

FAMILIA CABEZÓN

Viernes, 25 de octubre, 07:00

Aamamá

Buenos días, chicos. La

abuela vuelve ya a casa

oleeee

Silas

qué bien, qué buena noticia

—Oye, ¿dónde está el míster? —preguntó Dafne, mientras daba unas cuantas vueltas al campo.

Hugo les había mandado calentar, pero Dafne lo veía continuamente mirando el móvil, como si esperara que el míster le respondiera un mensaje.

Aprovechando que volvía a pasar por su lado, insistió:

—¿Por qué no me respondes?

—¿Has acabado de correr, Dafne? No deberías pararte. No sé dónde está el míster, pero tampoco es de tu incumbencia —replicó Hugo.

Y Dafne, que reemprendió la marcha, masculló entre dientes que ella era la capitana, al fin y al cabo.

—Bueno, he puesto una serie de conos de plástico por el césped, separados, y quiero que entrenemos tipo skipping. Rain, empieza tú, luego Hipólita, Irati, Julia… —explicó, cuando terminaron de dar las vueltas.

Dafne se puso en la cola y tuvo la sensación de que Hugo ni siquiera la estaba mirando.

—Irati, tía, ve más rápido, que estás haciendo tapón… —dijo Julia entonces.

Pero Irati no obedeció.

—Si quieres te adelanto y puedes ir a tu ritmo —insistió Julia.

—Lo que puedes hacer es dejarla en paz, que esto no es una carrera —la reprendió Rain.

—¡Tía, pero no me grites!

—¡No te he gritado!

—Venga chicas, dejadlo ya —dijo Hugo, pasándose las manos por la melena rubia. Desvió la vista hacia Dafne, que sonreía al ver cómo todo se le había descontrolado en unos instantes.

Justo en ese momento, Dafne vio cómo la rodilla de Irati se doblaba y ella caía al suelo. Frenó la caída con sus propias manos, que estaban temblorosas.

—¡Irati! —exclamó Rain, acercándose a ella y sosteniéndola por los brazos.

Dafne estaba demasiado lejos como para acercarse a ella, pero las demás chicas se arremolinaron a su alrededor.

—¡Dejadle espacio! —exclamó Hugo.

Fue a por un botiquín y se acercó hacia ella.

—Estoy bien, no es nada —dijo Irati desde el suelo.

Se apoyó e hizo un esfuerzo por ponerse de pie. Sin embargo, su voz sonaba bastante débil. Se agarró a Hugo, que le ofreció una botella de agua. Irati bebió con ganas.

—¿Seguro? —insistió él.

—Sí, seguro. Es que no he desayunado y supongo que me he mareado un poco.

Rain frunció el ceño, sorprendida.

—¡Joder, pues a entrenar tenéis que venir desayunadas! ¡Es lo mínimo, chicas! Si no, ¿cómo esperáis rendir? Tengo barritas energéticas ahí dentro. Cómete una.

Irati obedeció. Todas regresaron al entrenamiento, guardando silencio. En cuanto tuvo una ocasión, Irati se unió al resto.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Dafne de nuevo, al cabo de un rato.

—Igual te viene bien descansar. Si es que deberías desayunar más, te lo he dicho… —le insistió Rain.

Irati no se contuvo, le dio un golpe a uno de los conos y lo lanzó bien lejos de ahí, frustrada.

—¿Pero encima te cabreas? —preguntó Rain.

—Pues claro que me cabreo, porque seguro que Hugo le cuenta esta chorrada al míster y me quedo sin jugar…

—No creo que sea una chorrada, está claro que no te encuentras bien.

—¡Estoy perfectamente, Rain! ¡Pero no espero que lo entiendas! Tú siempre tienes tu sitio asegurado…

—¿A ti qué te pasa? —preguntó Rain.

Hugo las miraba, sorprendido, al igual que el resto del equipo.

E Irati, después de resoplar una vez más, se marchó del campo.

Irati

Sábado, 26 de octubre, 12:00

hemos ido donde el ping pong,

te apuntas?

no creo, ya os veré en la cena

entiendo que estés triste,

siento que no te hayan cogido

de titular

que va, ya sabía que iba a

pasar…