FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 32
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CAPÍTULO 32

Tercer partido, primera vuelta

F.A.R. Estels vs. F.A.R. Barcelona (casa)

Nabeel

domingo, 20 de octubre, 08:15

Antes de que se me olvide:

suerte, aunque no la necesites

Tú tampoco la necesitas,

superestrella

Me gustan los chicos que

aprecian los Beatles pero

también a Aitana

<3

suerte

Dafne sonrió, bloqueó el móvil y apoyó la cabeza en la ventanilla.

Hacía un rato que las voces en el bus se habían acallado. Habían cantado alguna canción, iniciado una cadena de teléfono estropeado, visto tiktoks con el audio muy alto y debatido sobre la nueva cuenta de Instagram que se dedicaba a meter mierda sobre el equipo masculino.

Pero en esos momentos, todas sus compañeras estaban dormidas. Incluso el míster tenía los ojos cerrados, su pecho se alzaba rítmicamente y roncaba. Dafne no tenía ganas de hablar con nadie y por eso se había sentado sola en uno de los asientos de delante.

De vez en cuando echaba la vista hacia atrás, y sus ojos se posaban en Hugo, que también estaba dormido. No se acostumbraba a tenerlo tan cerca. Era consciente de que tenían una conversación pendiente, pero todavía seguía molesta porque no le hubiera contado que sería el segundo entrenador.

O quizás lo que no perdonaba era que, de pronto, hubiera irrumpido en su vida.

Hugo abrió los ojos en el preciso instante en el que Dafne le miraba.

Dafne apartó la vista, pero ya era demasiado tarde. Hugo se puso de pie y se acercó a ella, haciéndose un hueco en el asiento de al lado.

—¿Qué quieres?

—Eras tú la que me estabas mirando.

—Bueno, eso no es cierto del todo… Estaba mirando el bus en general.

—Claro…

Hugo suspiró. Se había cortado un poco el pelo y los mechones rubios y rebeldes caían ahora por su frente.

—Deberíamos hablar, ¿no crees?

—Sí. Perdona.

—¿Por qué me pides perdón exactamente?

—Pues… Por no haberte dado la mejor bienvenida como segundo entrenador, ¿no? Es que… Me molestó un poco. Hablamos mucho esa vez y me da pena que no me contaras que volvías a Estels.

—Cuando hablamos no era oficial. Créeme, esta tampoco es mi meta en la vida.

Hizo un mohín y Dafne le golpeó el brazo. Un hoyuelo se le había dibujado en la mejilla.

—Bueno, al menos entrenas a un pedazo de equipo.

—Eso sí —respondió él.

Sonreía, pero sus ojos seguían igual que en aquella videollamada: tristes.

—Seguro que después de esto vienen otras oportunidades —añadió Dafne.

Hugo se encogió de hombros.

—Eso espero. Ese es el plan. No quiero seguir sintiéndome un enchufado de Holt… Quiero… No sé, recuperar el ritmo, volver a entrar en negociaciones con agencias… Y, bueno, si no, aceptar que esta será mi vida y al menos hacer currículum. Ya sabes lo que dicen: quien no sabe, entrena.

—Venga, Hugo, no seas victimista. ¡Eres el pichichi del equipo! —exclamó, dándole un golpe en el hombro, cariñosa.

—Ya no… No dejo de pensar en ello. Soy como una de esas animadoras de instituto americano que salen en las películas y que tocaron techo en el instituto.

Dafne dejó escapar una carcajada.

—No te pega nada esta referencia.

—Bueno, ya me entiendes. No dejo de pensar en que igual el bachillerato aquí ha sido lo mejor de mi vida y que a partir de ahora todo va a ir cuesta abajo.

Pienso en ello todos los días, en plan bucle.

Y… Es algo más. No me saco de la cabeza lo que habría sido mi futuro solo si hubiera tenido un poco más de suerte.

Ahora estaría con una buena agencia, jugando en el primer equipo, en unos años ascendería al de primera división, quizás pronto acabaría en la selección…

Dafne suspiró.

—¿Cómo lo sabes?

—¿El qué?

—¿Cómo sabes que esa iba a ser tu vida? Podrías… Podrías haberte despertado un día y decidir que preferías estudiar otra cosa. Podría haberte salido una oportunidad de trabajar fuera. Podrías haber tenido otro accidente. ¡Yo qué sé!

—¿Quieres animarme o destruirme? —preguntó. Escondió el rostro entre las palmas de las manos, pero a través de sus dedos Dafne seguía viendo sus ojos.

Acercó una mano a su hombro y lo estrechó, tratando de reconfortarle.

—Quiero decirte que ese futuro que imaginas no existe. No te puedes quedar a vivir en ese «y si…» porque no es real. No existe una realidad alternativa en el que todo sale bien y sí que te cogen en la agencia. La única realidad que existe es esta.

Hugo suspiró y después asintió con la cabeza.

—Gracias —dijo en voz baja, pero mirándola a los ojos—. Creo que echaba de menos hablar contigo.

—Yo también.

—Y… Bueno, que si esto de fracasar en tus sueños… temporalmente… tiene algo bueno, supongo que es poder pasar tiempo contigo.

Hugo la miró a los ojos y, por alguna razón, el vello de los brazos de Dafne se erizó. Quizás fue porque de pronto había caído en un pozo hacia el pasado y su cuerpo había reaccionado exactamente igual que durante ese primer beso.

Sabía que el recuerdo estaba ahí, almacenado en su mente, pero le pareció que más bien se ocultaba en su garganta, porque había hablado y de pronto había tropezado y caído en él de nuevo.

Dafne carraspeó, saliendo del recuerdo y dijo:

—¡Tengo novio!

Después se separó un poco más de Hugo, con las mejillas rojas.

Hugo frunció el ceño.

—¡Vale! ¿Y a mí qué?

—Bueno, pues como…

—«Como» nada —él también se separó—. Solo estábamos hablando. No quiero nada…

—Vale, vale. Perfecto. Somos segundo entrenador y jugadora. Solo quería dejarlo claro.

—Perfecto.

Él también giró la cabeza y puso los brazos en jarra. No hablaron más en lo que restó de trayecto.