CAPÍTULO 27
NABEEL
Miércoles, 9 de octubre, 18:00
estudiamos juntos un rato?
Igual le puedo escribir a rowan
y marc y vamos a la sala de
estudio! Me aburro
si nos juntamos todos no
vamos a estudiar. Me he
bajado a la cafetería
que te has quedado con
hambre?
no, a estudiar. En mi cuarto
no me concentro. En la biblio
tampoco.
y en la cafetería sí???
solo están las cocineras
recogiendo y tal. Es ruido de
fondo. Chill de cojones.
cómo se nota que te adoran
Silas resopló. Así que siguió a solas, con la mirada perdida frente a unos ejercicios de matemáticas que no era capaz de entender.
Llamaron a la puerta en ese momento.
—¿Qué quieres ahora, Row…? —la pregunta se le atascó en la garganta.
Porque quien tenía delante no era Rowan.
Tomás llevaba bermudas y una camiseta holgada de color amarillo chillón que resaltaba su color de pelo.
Se rascaba la nuca. Tenía la sensación de que, desde que había llegado a Estels, había intentado que los dos empezaran de cero.
Eso a Silas le parecía tan imposible como absurdo.
No quería simplemente avanzar, pasar página, aunque tampoco deseaba tener una conversación con él.
—No soy Rowan —dijo Tomás en ese momento. Sonrió.
—Ya, ya lo veo. ¿Qué quieres?
—Pues… Saber qué ibas a hacer ahora. Quería aprovechar para reunirme con la gente del equipo… Donde vayáis por las tardes.
—¿Cómo?
—En mi F.A.R. lo llamábamos la Guarida. Ya sabes, un sitio libre de chicas… Bueno, que no es que hubiera chicas porque, bueno, no había equipo femenino, pero…
Silas asintió.
Se puso las zapatillas y salió a la puerta. Ahí, Tomás le estaba esperando, quieto. No le hacía ninguna ilusión ir a La Madriguera, pero tampoco quería quedarse en su habitación.
—En realidad, quería ir a otro sitio —le dijo a Tomás.
—¿Dónde?
Silas suspiró. No sabía hasta qué punto deseaba ser sincero…
—A buscar a Nabeel. Me ha dicho que está estudiando en la cafetería pero no me lo creo.
—Hombre, es un poco raro estudiar en la cafetería.
—No, para él no. El tema es que sospecho que mi hermana y él tienen algo, pero ninguno de los dos me lo cuenta, así que…
—Quieres espiarle para descubrir si tienes razón y tener un motivo para enfadarte con ellos. Es ridículo.
Silas frunció el ceño.
«¿De veras soy tan fácil de calar? ¿Y por qué incluso Tomás se cree con derecho a opinar sobre mí?».
Escogió no responder a su acusación y, asumiendo que su plan era un poco tonto, le dijo:
—Venga, te llevo a La Madriguera. Que te integres será bueno para el equipo, ¿no? Aunque no sé si yo estoy para darte consejos…
—¿Cómo que no? ¡Si tienes muchos amigos! ¿Quién me iba a decir que te convertirías en una mariposa social? —preguntó Tomás divertido.
—Quizás tú eras mi lastre… —murmuró, vacilándole.
Tomás sonrió y le siguió por el pasillo de la residencia.
—Y con respecto a tu hermana y Nabeel, ¿te molestaría que estuvieran juntos? Pensaba que Nabeel era tu mejor amigo.
—Y lo es. No me importaría que salieran, creo que incluso hacen buena pareja, es solo que…
—¿Te da rabia que Dafne tenga novio? —insistió Tomás—. Quizás es porque soy hijo único, pero me parece que tenéis unas dinámicas un poco raras.
Silas bufó. Le daba rabia que Tomás se sintiese en potestad de hacerle preguntas y con derecho a conocer las respuestas.
Pero al mismo tiempo, le costaba mucho estar enfadado con él. Su cuerpo se olvidaba. Le resultaba antinatural.
Además, durante mucho tiempo había deseado tener a Tomás tan cerca como lo tenía en ese instante.
A lo largo de su vida, solo había coincidido con Tomás dentro del marco del fútbol y siempre se había preguntado cómo habría sido tenerlo de compañero de clase.
Suponía que jamás habrían sido amigos, pero estar con él en un entorno cotidiano le parecía un milagro.
—No me marees, que no es que me haga mucha ilusión ir a La Madriguera —se quejó Silas.
—¿Y eso?
—Pues nada. Me parece demasiado…
—¿Machista? ¿Heterosexual? ¿Sientes que aquí todos tienen la libertad de portarse como las peores personas del mundo? Pues imagínate en un campus solo de chicos…
—¿Crees que las chicas tienen una madriguera como esta?
—Creo que las chicas no necesitan esconderse.
Silas guardó silencio y por primera vez Tomás tampoco habló durante todo el camino.
Silas seguía acumulando incógnitas en el corazón, bien envueltas en un nudo.
Las preguntas se hacían largas, infinitas.
Sabía que Tomás se había trasladado a Estels por petición expresa de Holt, pero no cómo se sentía al respecto.
Si era fácil desprenderse de su antigua vida.
De cada pensamiento nacía otro distinto, se movían como hilos que se entrelazaban entre ellos transformándose en un nudo difícil de deshacer.
Llamaron a la puerta.
—¿Contraseña? —preguntó alguien al otro lado.
—Vete a la mierda, Rowan.
—Contraseña correcta.
Rowan abrió y recibió también a Tomás con un abrazo. Pero no todo el mundo reaccionó igual. Se hizo un silencio en la sala tan espeso que se podría haber cortado.
Arturo se acercó a ellos con los brazos en jarras.
—¿Qué le has hecho a Silas para que cambie de opinión? —quiso saber Arturo.
Se podía decir que Silas y él tenían una buena relación, pero seguía guardándole un respeto que en ocasiones se convertía en miedo.
El curso anterior, Tomás le dejó un chupetón en el pecho y Silas, presa del pánico, dijo que se lo había hecho Julia.
Después de aquello, Arturo y Julia se habían convertido en pareja y Silas era consciente de que Arturo tenía una pieza de información que le destruiría y que podría hacerla pública en cualquier momento.
Muchas veces, cuando lo tenía delante y clavaba en él esos ojos azules, tenía la sensación de que se reía por dentro, consciente de su propio poder.
En esos momentos, le parecía que esperaba a que respondiera.
—¿A qué te refieres? —preguntó Silas y en su mente todo lo que pudiera decir le llevaría al caos y al error.
—Pues a que hace nada lo odiabas como el que más y ahora, de repente, aparecéis juntos por aquí como si fuerais colegas. Y ya sé que habéis estado juntos antes.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Silas, carraspeando.
—Pues que ya os conocéis.
—Esto…, sí, hemos coincidido en campamentos de verano.
—¿Y en esos campamentos también te dejaba marcas? —preguntó Arturo.
Por un segundo, Silas sintió que estaba en un sueño, o más bien una pesadilla. Había imaginado en tantas ocasiones el momento en el que Arturo utilizaría esa información, que pensó por un instante que no era real. Que se pellizcaría en la mano y, quizás, despertaría.
Aun así, se armó de valor y preguntó:
—¿Te refieres a un puñetazo? ¿Como el que le di el otro día?
—Hablo del puto chupetón —dijo Arturo, sonriente.
Sintió que no podía respirar. Que era un pez al que habían sacado violentamente del agua y que cada bocanada de aire era una tortura.
Tuvo la sensación de que a su alrededor todos le miraban y todos se reían de él.
—¿Qué pasa? ¿Es lo que solías hacer tú? Porque no sé a qué campamento ibas —respondió Tomás, dando un paso hacia delante.
Arturo hizo una mueca y Marc añadió:
—Tío, es que no sé qué te pasa. ¿Acaso tienes miedo de que Tomás te robe el puesto de capitán? Quizás es porque tienes claro que a ti te eligieron de chiripa…
Estaba claro que Arturo se sentía abatido y Silas pudo respirar un poco más gracias a sus amigos. Era como en un videojuego, cuando estás en peligro y un monstruo gigante te devora, pero, entonces, recibes una vida más. Seguía respirando, sí, pero la sensación de peligro no había desaparecido.
Arturo ya no le miraba a él.
Marc siguió hablando:
—Eres un capitán de puta madre, Arturo, pero Tomás está aquí.
Es uno de los mejores jugadores y lo tenemos en nuestro equipo.
Nos queda una liga larguísima por delante y en algún momento iremos a Barcelona, vamos a jugar el primer partido contra nuestros mayores rivales y tenemos que estar todos juntos. Todos a una.
Se hizo el silencio entre ellos.
—Ni de coña. Yo paso —dijo Arturo y después se fue con Héctor, Felipe y el resto del equipo.
Se sintió mejor una vez se fue, pero también era consciente de que, muy probablemente, Arturo hablaría mal de él con el resto de sus compañeros. Era cuestión de tiempo que saliera el tema otra vez y quizás en un momento en el que sus amigos no podrían defenderle.
A Silas le acompañaba una certeza: si le atacaban y estaba a solas, no tendría nada que hacer. No sería capaz. Y eso le hacía sentir inútil y débil.
¿Cómo iba a ser parte del equipo cuando se sentía así?
De pronto, Marc, Tomás y Rowan le estaban mirando. Seguramente le habían dicho algo, pero él no escuchaba nada.
Se acercaron a la mesa de ping-pong para jugar una partida, continuando con sus vidas con una cotidianidad pasmosa, y, por mucho que lo intentara, Silas no era capaz de formar parte de nada. Seguía la corriente. Respondía preguntas. Pero su cabeza seguía atascada en las palabras de Arturo.
En cierto momento, mientras Silas mantenía una conversación de mentira con Rowan (una de esas conversaciones en las que se había vuelto un experto, una de esas en la que no dices nada interesante, hablas de jugadores, de equipos, de exámenes,
de chicas y solo finges que estás ocupado para pasar desapercibido), oyó a Marc reírse con Tomás.
—Sí, tío, estas fotos del míster son la hostia…
—Nunca lo había visto así…
Se volvió hacia Tomás. ¿Estaba tranquilo y se reía de verdad o solo fingía como él?
Silas sintió una presión en el pecho, como si se lo estuvieran aplastando y no tuviera escapatoria. Decidió salir a la terraza de la salida de incendios, la misma a la que huyó en su primera visita a la Madriguera y en la que se encontró a Nabeel jugando a la Nintendo.
Justo en ese momento, recibió un mensaje suyo:
NABEEL
me he cansado de estudiar.
Qué haces?
¿Quizás había terminado su cita con su hermana? Porque estaba seguro de que había estado con ella. Pero ya no quería verle. No le apetecía nada.
En lugar de eso, le mandó un mensaje a Chat Noir.
Por si te lo preguntas, hoy es
uno de estos días en los que
estar en el F.A.R. es una
mierda.
A veces no sientes que tu vida
es como una película y tú
desearías desesperadamente
cambiar de personaje??
Te juro que, si yo fuera el
espectador, no querría verme.
Me pasa.
Pero yo, como espectador,
iría contigo fijo
¿Aunque no fuera el héroe?
Cualquier personaje puede ser el
héroe, eso depende de quién lo mire
Y de quién escriba la sinopsis
de la peli, supongo JAJAJAJA
Silas suspiró y se le escapó una sonrisa. Después, guardó el móvil y se apoyó en la barandilla. Rowan, Marc y Tomás llegaron poco después.
—¿Estás bien? —le preguntó Marc—. Arturo es un capullo.
—No me apetece hablar del tema.
—Bueno, pues entonces hablemos de Tomás —dijo Rowan, pasándole un brazo por la espalda—.
Tenemos que pensar en la manera de integrarlo en el equipo.
¡Le he dado muchas vueltas! Me he dado cuenta de que los imbéciles como Arturo, aunque no nos conviene llamarlo imbécil, son más simples que el mecanismo de un chupete.
¡Les encanta tener un enemigo! Y ahora mismo el enemigo es Tomás.
—Supongo que sí… —musitó el aludido.
—Todos están unidos contra ti. Si queremos que dejen de estarlo, solo necesitamos un enemigo nuevo.
—Ya, pero ¿cuál? —preguntó Marc.
Rowan le sujetó los hombros, como si estuviese mandándole un mensaje por telepatía.
—Pues alguien con quien tengamos una rivalidad histórica. ¿Quién podría ser…?
—¡Ah! —exclamó Marc, siguiéndole el rollo—. Debe ser alguien a quien sigan odiando un poquito.
—No puede ser una persona en concreto, ¡no somos mala gente! —siguió hablando Marc.
En esos momentos, casi parecía que los dos hablaban solos. Tomás y Silas se habían convertido en meros espectadores observando aquella cadena de pensamientos.
—El Barcelona —aclaró Marc finalmente.
—¡Exacto! Ellos nos quitaron la copa. Debemos recordarles que son el verdadero enemigo y que tenerte aquí es una auténtica ventaja logística…
—No sé… —balbuceó Silas—. No sé si es una buena idea.
—No solo es buena, ¡es la hostia! —remarcó Rowan, que agarró el hombro de Tomás y afirmó—: Tú déjanoslo a nosotros, pensaremos en algo.
Eso intentaron hacer en el rato siguiente: una lluvia de ideas, todos juntos en la terraza. Cuando la Madriguera se fue vaciando y todos regresaron a sus habitaciones, Tomás y Silas se quedaron a solas.
—No es buena idea enfrentarnos al Barcelona. Si nosotros jugamos sucio, nos lo devolverán multiplicado por mil —fue lo primero que le dijo Tomás.
—¿Y por qué no le has dicho eso a Rowan y Marc? —preguntó Silas, observando el ceño fruncido de Tomás.
—Pues porque no quiero quedar como un cagado.
Suspiró.
—Oye, sobre lo que ha dicho Arturo… —empezó a hablar Tomás, Silas se tensó—. La cagué con lo del chupetón. Siento haberte metido en líos.
—No pasa nada. Creo que, si no hubiera sido por eso, habría encontrado otra excusa…
Suspiró.
Entonces, Tomás volvió a hablar.
—Puede que en el equipo sean un poco gilipollas, pero todos tus amigos son majos. Se les nota.
—Sí. Sí que lo son —reconoció Silas.
—Me dan envidia. O me das envidia tú, no sé —reconoció Tomás.
Silas dio un paso hacia delante y de pronto lo tenía tan cerca que podía respirar su aliento.
—¿Por qué?
—Pues porque parece que son personas con las que siempre puedes hablar.
Aquello lo desarmó. Y pensó mil veces: «Quédate callado, no merece la pena». Y, aun así, al final, preguntó:
—¿Tú no tienes nadie con quien sepas que siempre puedes hablar?
Bum Bum
Bum Bum
Tomás esbozó una sonrisa de medio lado y dijo, con sencillez:
—Bueno, antes te tenía a ti.
PLAN MALVADO
Jueves, 10 de octubre, 00:01
NABEEL
y este grupo? Me dais un miedo…
ROWAN
vamos a recuperar el sentimiento
de unión en el equipo, ¡con una
guerra contra el Barcelona! Ya falta
muy poco para el partido en su
casa y tengo una buena idea…
MARC
tú no tienes ideas buenas NUNCA
ROWAN
es cierto, esta idea es LA HOSTIA
bueno, ¿y qué es lo que
queréis hacer?
ROWAN
¡He creado una cuenta
anónima de Instagram donde
subiremos todo tipo de funas
a nuestro propio equipo!
no sé cómo eso va a ayudar
esto a crear buen rollo
TOMÁS
¿pretendes que piensen que la
cuenta la ha creado el Barcelona?
ROWAN
QUÉ LISTO ERES.
Todos estarán enfadados por la
cuenta, pero será un enfado
colectivo, que une mucho. Entonces,
descubrirán que quien está detrás
de la cuenta es el Barcelona, justo
antes de que juguemos contra ellos.
Y todos aprovecharemos el viaje
para hacer algo grande… ¡y amigos
para siempre!
NABEEL
reconozco que puede funcionar
MARC
pues se le ha ocurrido todo a
él, imagina
TOMÁS
sabéis que luego el Barcelona
querrá venganza, no?
ROWAN
VENGA, NOS JUNTAMOS EN
LA HABITACIÓN DE SILAS Y
LO HABLAMOS!
os odio