CAPÍTULO 25
No estaba acostumbrado a tener a Tomás tan cerca.
No recordaba la última vez en la que sus piernas se habían rozado en el banquillo.
Su piel estaba constantemente erizada. Sentía que había dejado de ser él mismo, el Silas de diecisiete años.
Ahora era ese Silas de doce y cuando entrenaba en el campamento de verano hacía estupideces como tirarse al suelo en plena carrera para ver si Tomás se paraba para ayudarle a levantarse.
Cuando le veía en el suelo, se reía de él y le llamaba torpe, pero después le alargaba el brazo y hacía que se levantara de un salto.
Tenía grabada en la mente la ocasión en la que se sujetó en su hombro para acompañarle hasta el banquillo y se sentó a su lado. Sus piernas se rozaron exactamente igual que esa vez. Con doce años, Silas no durmió en toda la noche, recreando ese momento.
«Por favor, que no se dé cuenta de lo nervioso que estoy», pensó Silas.
Estaba convencido de que su yo del pasado le habría culpado por no conseguir que su relación con Tomás fuese posible. El de diecisiete se maldijo por ser incapaz de pasar página.
Habían acabado la primera parte y, en el descanso, Silas había comprobado que, en casa, su hermana iba ganando. Él, en cambio, se sentía un perdedor. Como siempre.
Su equipo llevaba ventaja, no demasiada.
—¡Eso es falta! —gritó alguien.
—¡Me cago en tu puta vida! —sollozó Arturo, que había caído al verde y se llevaba las manos a la rodilla. El míster también se llevó las manos a la cabeza.
Desde el suelo, Arturo gritó:
—¡Árbitro! ¡Árbitro!
En realidad, no parecía que se hubiera hecho mucho daño y el árbitro concluyó que no había sido falta.
Silas se preguntó si ahora sacarían a Tomás, pero parecía que los dos continuarían castigados. Aun así, el míster seguía moviéndose en línea recta. Iba y venía, iba y venía; inquieto. Parecía que trataba de descifrar algo. Silas se conformaba con seguir respirando.
—Joder…
Al guardar la mano en el bolsillo de su sudadera, se había pinchado el dedo con el imperdible abierto.
«Maldita Dafne», pensó.
Y entonces se dio cuenta de que el míster le estaba mirando.
—Sal tú —le dijo.
—¿Qué?
—Que te cambio por Héctor. Sal. ¡Ya!
No pensaba decirle a nadie que el puñetero amuleto de su hermana funcionaba de verdad.
F.A.R. ALICANTE 1 - F.A.R. ESTELS 2
FAMILIA CABEZÓN
Domingo, 6 de octubre, 16:00
PAPÁ
Hoy es el día de los animales
y vosotros sois DOS LEONES.
¡ENHORABUENA A AMBOS!
¡MIS GANADORES! Dafne, has
estado brILLANTE. Silas,
enhorabuena, han hecho bien
en sacarte. Sois tan cabezones
como campeones.
gracias, papá!
DAFNE
pfff, han sido unas rivales muy
fuertes! Pero ha funcionado lo
de memorizar técnicas de
defensa a saco!
MAMÁ
queréis hacer una videollamada?
DAFNE
¡ya empezamos!