CAPÍTULO 24
Primer partido, primera vuelta
F.A.R. Estels (casa) vs. F.A.R. Sevilla
De niña soñaba con un partido como ese: ella, de capitana; sus rivales, viejas conocidas; su equipo, el más fuerte posible.
El sol brillando, el público que aprovecha para hablar y ponerse al día mientras espera a que el partido comience.
El ambiente de fiesta, la música sonando suave. Jugaba en casa y jugaba para ganar.
—Empieza Estels.
¡Es que encima sacaban ellas!
Miró a sus compañeras y también a sus rivales.
Conocían bien a las sevillanas. A excepción de dos jugadoras retiradas y una nueva incorporación, el equipo era el mismo al que se habían enfrentado el año anterior.
El míster se lo había recordado: «Mira la ocho y la nueve, no las pierdas de vista, se mueven tan sincronizadas que parece que solo sean una. A veces incluso sentirás que ves doble y no necesitas ninguna distracción».
Algunos partidos se trataban de defender, otros de atacar. Todas sabían que las sevillanas eran de las que atacaban, como pirañas.
Por eso, la semana anterior se habían centrado únicamente en preparar ese partido, repitiendo tácticas defensivas, aprendiendo a ocupar de manera racional el terreno.
En cuanto lanzaron la pelota, Dafne divisó a todas sus compañeras, siguiendo el esquema de posiciones que habían practicado. Fue necesario, porque bastaron unos minutos para que las pirañas sevillanas se hicieran con el balón.
Aun así, no pudieron avanzar mucho.
—¡Recordad lo que hemos preparado! —insistió el míster.
Eso hicieron: anticipar las jugadas de las sevillanas e impedirlas. Irati, Rain y Dafne formaron un tridente que avanzaba a la vez y con el mismo objetivo: quitarles el balón. Como fuera.
—¡Y Ezeiza se hace con el esférico! ¡Romero y Ramírez la siguen como si fuesen su sombra!
¡Lo consiguen! ¡Recuperan el balón! Pero la capitana Dafne Cabezón logra arrebatárselo de nuevo.
Coloca la bola, va a pasársela a Ezeiza de nuevo, ¡no!
Nos despista, realiza un pase largo sin mirar que es interceptado por Blas.
Las chicas de Estels se mueven a la vez llegando cada vez más cerca del área defensiva.
Todo dependía de Julia, pero Rain había avanzado también.
Si algo habían practicado esas semanas también era el jugar al despiste. Julia lo demostró entonces con un pase ficticio que confundió a las sevillanas. Hipólita, la benjamina del grupo, que remató el pase y…
—¡Gol! ¡GOOOOOOOOOOOL! ¡Nuestras guerreras arrancan el partido con un golazo!
Dafne aulló de júbilo y se abrazó a todas sus compañeras. En las gradas, todos aplaudieron.
—¡Buen trabajo! —las felicitó el míster.
Y cuando lo vio a él, se fijó en que más arriba estaban Holt y Saylor.
Le sorprendió mucho verla. Llevaba el cabello negro y rizado un poco más largo que el curso anterior; en vez de ojeras, tenía los párpados cubiertos de iluminador dorado y, en esa ocasión, vestía con una amplia sudadera de color azul celeste que se convertía en naranja claro y el escudo del F.A.R.
Estels bordado sobre su corazón.
Le pareció que clavaba sus ojos en ella.
Dafne iba a levantar la mano para saludarla cuando se dio cuenta de que había alguien a su lado: reconoció una cabeza rubia y unos ojos del mismo azul pálido del cielo.
Desconcentrada, se quedó quieta en mitad del campo. Puede que incluso su corazón se saltara un latido.
¿Qué estaba haciendo Hugo ahí?
F.A.R. ESTELS, 2 - F.A.R. SEVILLA, 0