FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

Silas había soltado el teléfono con la promesa de no volver a desbloquearlo jamás, pero no había podido evitar abrir de nuevo la conversación con Chat Noir al poco rato. No le había contestado el mensaje.

Se temía lo peor.

«Está claro: mi vida se ha acabado. Seguro que esos mensajes ya están circulando por todas partes. Pero, ¿por qué al mismo tiempo siento esta liberación tan extraña?»

Lloró hasta que se quedó sin ganas.

Seguía sintiéndose tan solo que le dolía el cuerpo, igual que cuando te empapas de lluvia y no puedes ponerte ropa seca.

Y después desbloqueó el móvil y confirmó que, por el momento, nada había cambiado. El mundo seguía igual y él debía regresar a la realidad aunque no le apeteciera hacerlo.

Encontró a sus amigos, pasándose un balón entre los árboles, mientras la música sonaba y hacían una quiniela sobre a quién seleccionarían la semana siguiente. Había conseguido dejar de llorar y esperaba que con la poca luz que había nadie se diera cuenta de lo hinchados que tenía los ojos.

Tardó un momento en percatarse de que Tomás estaba ahí también. No estaba con el grupo, sino un poco apartado, junto a Marc y a Rowan.

Silas les saludó. Eran las únicas personas a las que tenía ganas de acercarse, sus amigos, y estaban más pendientes de recibir bien a Tomás que de él. Sintió tanta rabia que le dolió la mandíbula de lo mucho que la apretó.

—¿Qué hacéis? —quiso saber Silas.

—Un tiktok —respondió Tomás, pero Silas hizo como si no le escuchara y ni siquiera le miró.

—La idea es que sea como una cápsula del tiempo —dijo Rowan.

Oyó a Tomás reírse y se sintió alejado de todos. Le angustió darse cuenta de que era reemplazable. Estaba claro que Tomás le robaría a sus amigos.

Se acercó a Arturo, que custodiaba las bebidas, y bebió un poco más de su vaso.

—Yo tampoco entiendo por qué hablan con él. Somos un equipo, sí, pero no por eso debemos ser todos amigos. Lo que tiene que hacer él es pirarse.

—Estamos de acuerdo —dijo Silas.

—Y tú no deberías beber.

Pero siguió bebiendo. Porque no quería sentir nada más. Ya la había cagado. ¿Por qué no seguir haciéndolo? Nabeel no estaba. Tomás se había trasladado a Estels. Silas estaba solo.

Entonces Tomás, Rowan y Marc se unieron al grupo, y Silas se dio cuenta de que Tomás le miraba fijamente, como si le estudiara. Se acercó un poco a él y disimuladamente le preguntó:

—¿Estás bien?

Silas no quería enfrentarse a él.

—Me vuelvo a la resi —dijo.

Habló con tanta seguridad que sus amigos no opusieron resistencia. Se puso de pie, metió las manos en los bolsillos de su pantalón y avanzó un buen rato antes de darse cuenta de que Tomás le estaba siguiendo.

—En serio, ¿estás bien? Tienes los ojos hinchados. ¿Has llorado? ¿Has bebido mucho? ¿Te ha pasado algo?

A Silas le dolió más su preocupación de lo que podría haberle dolido su indiferencia.

Se giró.

—¿Acaso te importa? —escupió.

—Pues claro que me importa.

—No. Si te importase una mierda no habrías venido a este equipo.

«¡No formas parte de este grupo! ¡Nunca serás de este equipo! ¡No te mereces ser feliz!», quiso gritarle.

—¿Quieres que hablemos del tema? ¿De por qué estoy aquí? Sé que estuvo mal no avisarte, pero…

Silas le dio un empujón a Tomás y lo apartó de él.

—No quiero saber nada de ti.

Bullía de rabia. Y a su alrededor todos bailaban, bebían, reían… Parecían felices. ¿Por qué él nunca podía estar contento?

Entonces, notó un tirón en el brazo.

—No soy el malo. Tú me dejaste a mí, ¿me entiendes? Tú decidiste que ya no querías que estuviéramos juntos y…

¿Cómo podía estar tan desconectado de la realidad?

La rabia transformada en bilis ascendió por su cuerpo. No pensó, solo actuó: no dudó un instante antes de asestarle un golpe en la nariz.

—¿A ti qué te pasa en la cabeza? —exclamó Tomás, separándose de él y llevándose la mano a la cara.

Le dolía. Le dolía que Tomás pudiera hablarle como si él le hubiese dejado. No fue eso. Simplemente, Silas no pudo seguir soportando la certeza de que Tomás no le quería.

—No actúes como si yo hubiera decidido cortar contigo, porque no fue así. Yo no decido nada. ¡Nunca puedo decidir nada! —exclamó—. Así que no vengas aquí a robarme lo que me queda de vida. A robarme los amigos, a robarme el fútbol y obligarme a seguir fingiendo que no te quiero.

Estaba harto.

Tomás le dedicó una última mirada. Le pareció que no le entendía. Le pareció que donde antes había preocupación solo quedaba desprecio.

«Tomás no te quiere».

«Nadie va a quererte nunca».

Se repitió esas palabras mientras se marchaba del bosque.

CINCO MOSQUETEROS

Sábado, 28 de septiembre, 23:30

ARTURO

se te va la puta cabeza?????

Por qué le has pegado un

puñetazo a Tomás?

NABEEL

estás bien?

MARC

pero no queríamos un

acercamiento cordial?

ROWAN

acercamiento ha habido, pero

del puño de Silas contra su

cara