FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

Nabeel le había dejado tirado. Tirado, de verdad, sentado en el suelo, sobre una chaqueta, con agujas de pino clavándose en su trasero, un cubata y un cerebro configurado en modo autodestrucción.

Silas estaba convencido de que Nabeel se había hartado de sus neuras y de que solo quería estar con Dafne, bailar con ella, y por eso hasta le había pedido al DJ improvisado una estúpida canción de los Beatles.

—¡Qué crack! —comentó Marc.

—Es un caballero… —dijo Rowan, grabándole en vídeo.

Le dolió.

Le dolió verlos bailar porque le quemaba no vivir nada parecido. Porque el curso anterior había tenido esperanzas y todas estas estaban rotas. Porque no, no estaba enamorado de Nabeel, ya no le gustaba de esa manera, pero sí que sentía una rabia lacerante.

Se marchó de ahí y se refugió sentado debajo de un árbol, bebiendo de un vaso de plástico. Lo único que quería era eso: estar tan aislado como se sentía por dentro.

Se dejó caer en el suelo, con la música amortiguada por las copas de los árboles, y consultó su móvil: no había recibido ningún mensaje. Entró en Instagram, donde había compartido una story de Rowan. Una vez más, @jemapellechatnoir había reaccionado a su mensaje con unos emoticonos de corazones.

El suyo latía acelerado cuando decidió preguntarle:

Y por qué Chat Noir?

El chico misterioso respondió enseguida y aunque fuese absurdo eso hizo que Silas se sintiera especial.

Pues por la serie. LadyBug?

Ya. Conozco la serie pero es

para niños y creo que los niños

ni la ven, está anticuadísima

Es un clásico

Silas no pudo ocultar una sonrisa, pensando en que ese chico misterioso se llevaría realmente bien con Nabeel.

Le dio otro trago al cubata y se dejó embriagar por la calidez.

Te caería muy bien

un amigo mío

No me van los futbolistas

Jajajaj

A mí tampoco.

Oye

París es bonito?

Espera. Has ido a

París de verdad, no?

Claro.

Es muy guay. Aunque no hay

ratas que cocinan ni superhéroes

disfrazados de gato.

Jajajaja

Seguro que un día vas a jugar

un partido o algo.

Cómo es vivir un F.A.R.?

En vacaciones, cuando se reunía con sus familiares, a Silas siempre le hacían esa pregunta: ¿Cómo es vivir en Estels?

Y él siempre respondía que era un sueño.

Porque eso era cierto. De lo que no hablaba era de que los sueños rara vez son como te esperas y que en un momento pueden convertirse en pesadillas.

Quiso ser sincero.

A veces una pasada, a veces

una mierda. A ratos

A ver, no puedo juzgar, la idea

de jugar al fútbol todo el día

me suena a tortura

Ese no es el problema

Y cuál es el problema?

Pues que ahora mi ex juega en

mi equipo, por ejemplo

Sus dedos teclearon con prisa y hasta que no mandó el mensaje no cayó en la cuenta de lo que acababa de hacer.

Borró el mensaje enseguida, pero estaba seguro de que Chat Noir lo había leído. Al fin y al cabo, estaba conectado.

Salió de la conversación.

El teléfono se deslizó de sus manos temblorosas y cayó al suelo. Pensó en darle un pisotón, tirarle la bebida por encima, romperlo.

Sintió una arcada.

¿Acababa de decirle a un desconocido que su ex jugaba en su equipo?

¡Un equipo masculino!

¿Cómo había podido contárselo? A alguien anónimo. ¡Por mensaje! Lo había borrado, sí, pero seguramente ya habría hecho captura de pantalla y la información estaría rulando por ahí.

Podrían hundirle la vida.

¿Y si le había tendido la trampa alguien de su propio equipo? Quizás para descubrir su secreto.

O quizás había sido un rival.

El chico misterioso debía conocerle, eso estaba claro.

Aunque no parecía que le gustara el fútbol, él mismo lo había definido como tortura. Pero entonces, ¿por qué hablaba con él?

¿Por qué le había seguido el juego?

Sentía que se asfixiaba.

Regresó al lugar de la fiesta. Ahí, la música seguía, la gente aún bailaba y se peleaban por conseguir palos fluorescentes y balones de fútbol en miniatura. Entre risas, Arturo le pegó una estrella en la frente. Nadie le miraba raro.

Todos

actuaban

normal.

No. No podía fiarse. Cada vez que veía a alguien mirar el móvil pensaba que era la persona bajo la identidad de Chat Noir.

Como un idiota, buscó a su hermana. Y a Nabeel. Pero los había visto marcharse juntos; no le ayudarían. No había nadie que pudiera ayudarle. Silas volvió a esconderse detrás de un árbol, con las manos aún temblando y la confirmación de que estaba absolutamente solo.