CAPÍTULO 9
Los miércoles tenía dos entrenamientos, el primero era a mediodía y el segundo justo antes de la cena. Últimamente, en esos entrenamientos de la tarde, el míster no les hacía sudar sino ver grabaciones de partidos antiguos y analizar la técnica de rivales o incluso de ellos mismos.
A Silas le daba vergüenza verse en pantalla y temía que, para celebrar su cumpleaños, le diera por revisitar el final de la última liga.
Ese día en el que prácticamente se le exigía ser social y tener muchos planes, lo último que le apetecía era estar con nadie más. Deseaba quedarse solo. Por eso no bajó a la sala de estudio, recopiló todos sus lápices de colores y se sentó en el escritorio frente a un cuaderno abierto.
Agarró el lápiz como quien empuñaba un arma y se dejó llevar.
Quería dibujar una galaxia, pero todos sus planetas se convertían en balones de fútbol y todas sus estrellas parecían a punto de colisionar.
Como no le gustó cómo le estaba quedando nada, pintó el fondo entero de un negro oscurísimo y lo rellenó de círculos concéntricos en colores metalizados.
De pronto se dio cuenta de que estaba dibujando una colección de medallas.
«Creo que mi cerebro se ha roto oficialmente».
Su móvil vibró en ese momento con la llegada de una notificación. Arturo le había etiquetado en una foto en la que se veía a todo el equipo. Él estaba en el centro, sosteniendo un balón con sus guantes. En el pie de foto se leía: «Silas Cabezón, el único que para balones con la mente».
Sonrió.
Ese día habían sido muchos, muchísimos, quienes le habían mencionado en fotos con felicitaciones. Le había hecho ilusión, claro, pero al mismo tiempo se preguntaba a cuántas de esas personas podría considerar verdaderos amigos.
Ya tenía una derrota cargando a sus espaldas. ¿Cuántos seguirían a su lado si acumulase otra?
Solo había esperado una felicitación que jamás llegó: la de Tomás. Tomás, que tan obsesionado estaba con alimentar bien a sus casi sesenta mil seguidores, llevaba semanas sin compartir contenido. Y él, pese a empeñarse en fingir que no existía, seguía sorprendiéndose.
El teléfono vibró de nuevo y su corazón se saltó un latido al preguntarse si tal vez sería él.
Pero no.
Tenía una notificación en su bandeja de solicitudes. Deslizó hacia la derecha, con miedo, y encontró un mensaje escrito en mayúsculas:
FELIZ CUMPLEAÑOS
Nada más.
Quien le había escrito ni siquiera le seguía. Su usuario parecía de broma: @jemapellechatnoir aún más cuando vio en la foto de perfil a un chico de espaldas mirando la torre Eiffel.
El chico misterioso empezó a seguirle en ese preciso instante.
Y Silas dudó un poco, pero al final tecleó:
Gracias
Hizo una captura de pantalla para analizar la situación más adelante. Entonces, llamaron a la puerta con tanta insistencia que supo que al otro lado solo podía estar su hermana.
LA VIDEOLLAMADA DEL
DECIMOSÉPTIMO CUMPLEAÑOS
Silas y Dafne Cabezón se reúnen en la habitación de Silas. Les ha costado hacer un hueco para esa videollamada que parece maldita, pero al final es Dafne la que entra como un torrente en la habitación de su hermano.
Entran en el chat FAMILIA y aprietan al botón: VIDEOLLAMADA
MADRE y PADRE (a la vez, nerviosos): ¡Feliz cumpleaños!
SILAS y DAFNE (a la vez, nerviosos): ¡Gracias!
MADRE: ¿Cómo os sentís? Estáis ya a un paso de la mayoría de edad. Me hacéis vieja…
SILAS y DAFNE (a la vez): Yo me siento igual. ¡Para de repetir lo que digo!
PADRE: Está claro que habéis crecido un poco. Poned los hombros juntos, a ver… sí, un palmo más alto por lo menos. ¿Qué? ¿Cómo han ido los reencuentros con vuestros amigos?
DAFNE y SILAS (a la vez): Bien
PADRE: Qué locura lo del traslado de Tomás, ahora seréis un equipo invencible.
SILAS: Creo que eres el único que le ve el lado bueno. No me gusta que el que me hizo perder la final esté en mi equipo.
MADRE: Chicos, ¡ya sabéis que no se puede culpar a nadie de vuestras derrotas! A veces se gana y a veces se pierde. Y punto.
DAFNE: Si yo no he dicho nada.
PADRE: ¿Y estáis muy nerviosos? Pronto os convocarán para el primer partido. No puedo esperar para veros jugar.
DAFNE: A mí me pone más nerviosa lo de empezar segundo de bachillerato. No me quiero hacer mayor… Y he hablado con un amigo, el curso pasado era capitán de su equipo y al salir del F.A.R. no le han fichado en ningún sitio.
SILAS (confundido): ¿Te refieres a Hugo? ¿Has hablado con Hugo? ¿Por qué?
DAFNE: Hemos hablado en plan que me ha felicitado el cumpleaños.
SILAS: Yo flipo…
MADRE: Ser buenos en el deporte nunca es garantía de nada, por eso estáis estudiando también…
PADRE: Venga, no les hables de los estudios en su cumple. ¿Y qué haréis esta noche?
SILAS: Poca cosa…
DAFNE: Entrenar.
MADRE (preocupada): ¿No lo vais a celebrar con vuestros amigos?
DAFNE: Supongo que haré algo tranquilo con Irati y las chicas…
SILAS: Y yo… De todas formas, este finde es la fiesta de bienvenida y hemos quedado en celebrarlo ahí.
PADRE: Muy bien. Pues disfrutad ahora que podéis… ¡Y mandad fotos!
MADRE: ¡Y llamad a la abuela!
DAFNE y SILAS (a la vez): ¡Os queremos!