CAPÍTULO 8
Hugo
Miércoles, 25 de septiembre, 00:02
¡Feliz cumpleaños!
Diecisiete años. Eso eran casi dieciocho. Eso eran muchos años. Prefería no pensar en lo que significaba aquella cifra… ¡Sonaba inmensa!
Antes de Estels le gustaba esperar hasta las doce y descubrir quién de todos sus amigos se quedaba despierto para ser el primero en felicitarla y quién le escribía una parrafada más larga.
Acumulaba menciones en Instagram con fotos bochornosas…
Y se sentía muy bien. Feliz al comprobar que la gente la quería.
Ahora las felicitaciones no eran tantas y Dafne había aprendido a apreciar cada una de ellas.
El día pasaría volando entre mensajes de familiares, esa videollamada que Silas y ella tendrían con sus padres… ¿Haría algo con sus amigas? Técnicamente ya podrían ir al centro comercial, ¡eran alumnas de segundo! Aunque no encontrarían tiempo entre tanto entrenamiento…
Miró el móvil otra vez, analizando el mensaje de Hugo.
Se incorporó en la cama. Se preguntó cómo era posible que hubiese sido el primero en felicitarla. Prácticamente no habían hablado desde el final del curso. En esos momentos Hugo mandó otro mensaje: un montón de emoticonos de fiesta. Debía de ver que estaba en línea y no respondía…
Hoy me escribes, pero hace
exactamente un año, también
en mi cumpleaños, pasaste
olímpicamente de mí. ¡Después
de besarme!
No sabía que fueras tan
rencorosa.
Y yo no sabía que fueras de los
que felicita los cumpleaños.
Soy una caja de sorpresas.
Dafne respondió con un corazón a ese mensaje y después se mordió el labio.
Tenía ganas de seguir hablando con él, de preguntar: «¿Volveremos a vernos pronto?». Pero al mismo tiempo, no sentía que mereciera conocer la respuesta.
Entró en el Instagram de Hugo. Su última publicación era una reflexión sobre su derrota en la final.
Aparecía en medio del campo, con las mangas de su uniforme subidas, el brazalete de capitán visible, el sudor escurriéndose por el puente de su nariz y los pómulos raspados de sangre.
Pero en verano no había subido nada más. Ni una sola foto.
Podría haberle escrito ese verano, pero no lo había hecho.
Ninguno de los dos había iniciado una conversación.
De pronto hablar parecía fácil…
Dafne ya había decidido que, con diecisiete años, lo único que quería ser era valiente. Así que encendió la luz de la mesita de noche, se mordió el labio una vez más y tecleó:
¿Te puedo hacer una pregunta?
Contuvo el aliento mientras esperaba su respuesta.
Claro
Se sintió estúpida al darse cuenta de que las manos aún le temblaban un poco mientras escribía:
¿Cómo te va todo? ¿Por qué no
hay información tuya en ningún
sitio? ¿No estás en ninguna
agencia?
Pensó que Hugo le echaría en cara que le hubiera buscado en internet, pero no respondió al instante. Pasaron cinco segundos. Después veinte. Después un minuto entero.
HUGO: VIDEOLLAMADA ENTRANTE
El corazón le latía desbocado. Pensó que igual era un error, o que lo mejor sería colgar e irse a dormir.
En lugar de eso, se aseguró de estar medianamente presentable; se soltó la melena castaña y se quitó el pelo de la cara, para después taparse un poco más con el edredón, y entonces aceptó la llamada.
Cuando Hugo llenó su pantalla, le pareció que seguía siendo el mismo de siempre. Sonreía con toda la boca, pero, en sus ojos, se veía que no estaba tan contento.
—Feliz cumpleaños —fue lo primero que dijo—. Y ya van dos felicitaciones así que no te debo nada.
Dafne rio.
—Estás en casa. En casa de tus padres, ¿verdad?
—¿Cómo lo sabes?
—Pues porque hablas susurrando. Y porque ahí, en la estantería del fondo, se ve el ajolote de peluche. Ese que ganaste en el concurso del acuario, cuando eras pequeño y adivinaste que había mil diez peces en la pecera.
Dafne habló de carrerilla, emocionada, y después se sintió algo avergonzada de expresar su propia emoción y recordar esa anécdota con tanto detalle. Pero de veras le hacía ilusión verle.
Hugo se puso de pie y Dafne se dio cuenta de que, encima de los pantalones de pijama, no llevaba camiseta.
Vio al chico acercarse a la estantería y regresar con el peluche, de color verde claro, con ojos redondos muy separados, una sonrisa cosida y esas branquias externas, cuerpecito ancho y patas pequeñas. Lo dejó a su lado, en la cama.
Dafne trató de captar tanto como pudiera en esa habitación. Encontró un póster en el que aparecía Hugo en el césped, sosteniendo un balón, y una foto con sus compañeros de Estels, pero la luz era tan escasa que le costó distinguir los detalles.
Se mordió el labio, a la espera de que él hablara primero, pero en lugar de eso Hugo solo la observó y eso la hizo sentir tan intimidada que abrió la boca para rellenar el silencio:
—¿Qué te ha pasado? Todos los artículos que he encontrado en internet, y, por favor, no me juzgues por espiarte…. Todos hablan de negociaciones y posibles fichajes, pero no he encontrado nada oficial. ¿No te han fichado en ninguno? ¿Solo por haber perdido?
Hugo bajó la vista, como dolido, y Dafne siguió hablando:
—Se supone que salir de Estels significa éxito. ¿Por qué tú…?
—¿Por qué estoy en casa de mis padres? —sonrió—. Por esto. Por mi brazo. Ya sabes que me hice daño el curso pasado en cuartos de final.
Dafne frunció el ceño.
—¿Sigues lesionado? ¿Estás bien? Pensé que no había sido nada.
Hugo se encogió de hombros.
—Y no fue nada. Era una tendinitis. Mi entrenador, Holt, yo mismo… Todos intentamos ocultarlo, pero la información se filtró y nadie quiso arriesgarse con un jugador lesionado.
—¡Pero no estabas lesionado! Y aunque lo estuvieras, eras el capitán y eres un jugador increíble —exclamó Dafne, indignada.
Pensó que respondería ante el piropo, pero no fue así.
Solo curvó ligeramente esa fina sonrisa.
—Cuando un jugador se rompe, se desecha. Suena a que quiero dar pena o algo, pero es así. Todos somos reemplazables y siempre habrá alguien más joven, más fuerte y más bueno que tú… Ya lo sé, no es lo que una quiere escuchar en su cumpleaños, pero yo habría agradecido que me lo dijeran antes.
Dafne apretó el edredón con el puño. Se notaba que Hugo tenía el corazón roto, pero había algo en él que le daba mucha más rabia: la resignación.
—No puedes rendirte —dijo entre dientes.
Hugo no respondió, solo bajó la vista hacia ese ajolote de peluche.
Pensó en hacerle más preguntas. Quería saberlo todo: ¿qué iba a hacer? ¿Tenía un plan B?
—Creo que será mejor que cuelgue ya, es muy tarde —dijo el chico finalmente.
Dafne pensó que debería haberse esforzado más en esa llamada. Que, en vez de echarle su situación en cara, tendría que haber intentado que sonriera de verdad. Todo le supo a poco.
—Sí… Pero oye, ha estado guay hablar contigo. ¡Podemos repetir un día! —se apresuró a decir.
—Sí. Me ha encantado verte, Dafne —abrió la boca, se mordió el labio inferior, pareció que iba a decir algo y al final solo suspiró.
Dafne esperó unos segundos, por si acaso se le ocurría algo más que decir.
Justo antes de que colgaran, Hugo exclamó un último:
—¡Feliz cumpleaños! Así ya van tres veces.
F.A.R. JUVENIL A EQUIPO FEMENINO
Miércoles, 25 de septiembre, 07:00
Irati
Felicísimo cumpleaños!!!!
Julia CLASE
Siiiii!!! Felicidades, Daf!!!
Lorena CLASE
Felicidades, Dafne!
Por cierto, a saylor no le sentará mal no estar
en este grupo?
Rain
ella no está en juvenil A así que lo entenderá!
Dafne, celebramos tu cumple este sábado en
la fiesta!
Hipólita CLASE
Siiiii!
Oye, pero Saylor vendrá a la fiesta del sábado
en el bosque, no? iremos todas!!!
Gracias, chicas!! El finde lo
celebramos!
Julia CLASE
este año, SOLO BUEN ROLLO!
Rubí CLASE
exacto!!
Anna, Elena, Tanit, Dafne
Miércoles, 25 de septiembre, 17:00
Anna
¡Feliz cumple, Daf!
Elena
¡Siiiiiiiii! Felicidades <3
Tanit
Pronto lo celebramos
Muchísimas gracias, chicas
Anna
¡Felicita a Silas de nuestra parte!
¿Qué habéis hecho hoy?
Pues nada del otro mundo.
Entrenamiento. Clase. Entrenamiento.
Pero está bien así, es lo que toca.