FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

DIARIO DE ENTRENAMIENTO

24 de septiembre

Llamar a esto diario de entrenamiento me parece una vergüenza, dadas las circunstancias (las circunstancias: no estamos entrenando, solo damos vergüenza ajena), pero es que llamarlo diario a secas me parece todavía peor.

El entrenamiento ha sido un desastre. El míster está tan agobiado que no hace más que gritarnos y yo siento que soy un lastre para mi equipo.

Al fin y al cabo, perdimos por mi culpa. Es la gracia de ser portero: parece que nadie te tenga en cuenta hasta que te marcan el gol.

No es que me lo echen mucho en cara, pero yo me siento un perdedor.

Y para colmo: Tomás está aquí. Y no tengo ni idea de por qué.

El caso es que, si entrenar es un asco, peor es la convivencia en los vestuarios. No hay espacio para bromas estúpidas, ni para canciones tarareadas en conjunto, ni para absolutamente nada.

Así que aquí estoy, fuera, en el pasillo y frente a los vestuarios, mojado. No me puedo creer que el curso pasado me relajara lo suficiente como para disfrutar. Ahora la realidad me ha dado en la cara y me siento mal todo el rato.

No sé muy bien qué hago aquí…

Ayer en clase vino una orientadora a preguntarnos qué queríamos estudiar el año que viene.

Me quedé completamente en blanco. Nabeel dijo quería hacer un programa de música, pero que como era imposible vivir de ello, le gustaría hacer algo de diseño o publicidad.

Rowan, Comunicación Audiovisual. ¡Marc dice que quiere ser bombero!

Incluso Arturo quiere estudiar. Enfermería, ni más ni menos.

Y yo volví a sentirme ridículo y juzgado al escupir la palabra: futbolista.

En momentos como ese me sobreviene un pensamiento que en realidad creo que me ha acompañado toda la vida: lo estoy haciendo todo fatal. Me he equivocado en todo.

La orientadora ha dicho que podemos ir a su despacho a hablar de lo que queramos con mayor profundidad. No lo haré. Temo que me mire a los ojos y confirme mis sospechas.

Silas se había refugiado en el pasillo para escribir en su cuaderno.

Lo cerró de golpe en cuanto se dio cuenta de que alguien se había acercado a él.

Era Marc. Él tampoco había tenido tiempo de secarse el pelo.

Parecía un perro de aguas negro, con los rizos mojados cayendo y enmarcando su cara.

Incluso lo mojó un poco al sentarse a su lado.

Apenas habían estado juntos desde que llegó al centro. En verano habían hablado bastante, pero casi todas sus conversaciones fueron superficiales, incluso esa vez que quedaron para ir al parque acuático: se divirtieron tanto que no hubo tiempo para nada más.

Marc parecía agobiado. Tan agobiado como él. Clavaba su vista en su iPhone, metido dentro de una aparatosa funda con forma de aguacate que, seguro, había sido regalo de Rowan.

—¿Te puedo hacer una pregunta? —preguntó Silas.

—Sí.

—¿En serio quieres ser bombero?

Marc le miró, colocándose bien las gafas de pasta que se habían escurrido por su nariz. Después, dejó escapar una sonora carcajada.

—No, claro que no.

Silas le dio un golpe en el brazo.

—Me cago en ti, tío. Ya estaba agobiadísimo. ¿¡Y qué quieres estudiar!?

—¡Nada! Se supone que si estamos aquí es para ser futbolistas, ¿no? ¡Hasta mi abuela lo tiene asumido!

Silas no pudo contener las ganas y le dio un abrazo.

—Joder, menos mal. Ya pensaba que estaba solo. Mi único plan es el fútbol, y por culpa del imbécil de Tomás, está siendo una mierda.

Marc le miró y se mordió el labio antes de preguntar:

—¿Has hablado con él? ¿Sabes por qué se ha cambiado de centro?

Silas negó con la cabeza.

—Sinceramente, no quiero ni verle. Me siento…

—¿Engañado? —sugirió Marc, esbozando una media sonrisa.

—Gilipollas —dijo Silas—. Me siento gilipollas.

No hablamos desde el curso pasado… Ya sabes que él y yo…

Bueno, ya te di la brasa lo suficiente con eso en verano…

Con que tuvimos… algo, y luego yo me harté de tener que estar a medias.

Y por eso me pregunto si tengo derecho a estar enfadado.

Yo creo que sí, ¿verdad? ¡Tengo derecho a estarlo! ¡Ha aparecido aquí de repente!

Marc asintió.

—Pues claro que tienes derecho a enfadarte —dijo—. Pero… Igual podríais hablar. ¿No crees?

Silas se mordisqueaba la uña del pulgar derecho cuando dijo:

—¡Ni de coña! —bajó la voz—. No tiene sentido que hablemos porque estamos en las mismas, yo no quiero seguir con una relación a escondidas y sé que para él el fútbol siempre será lo primero.

Desvió la vista. Lo que no añadió fue que estaba completamente enamorado de Tomás y que no soportaba que él no le correspondiera. Que por un: «Te quiero» de los labios de Tomás, habría hecho cualquier cosa.

—Menuda mierda… —suspiró Marc.

—¿Y tú cómo vas con el tema Rowan?

Marc entró en el perfil de Rowan, @rowanadas. Participaba en todos los trends, incluyendo ese tan macabro en el que los influencers describían su funeral perfecto.

Los vídeos más vistos eran aquellos en los que aparecían los dos juntos: Marc y Rowan, gastándose bromas, corriendo el uno al lado del otro o probando rutinas de skincare.

Silas intuyó de qué quería hablarle, pero aun así esperó a que Marc entrara en uno de esos vídeos y le enseñara los comentarios.

MARICAS

¡Qué monos!

Sois una vergüenza para el fútbol

¿Pero estáis juntos de verdad?

Dais asco

Había decenas de comentarios así a medida que deslizaba. Marc apartó la vista y a Silas se le encogió el corazón.

—¿Has hablado de esto con Rowan? De los comentarios, digo.

—Se la pelan. Palabras textuales. Está contentísimo con toda esta exposición y dice que solo se centra en los comentarios buenos, el resto los bloquea y a seguir. Ojalá fuera como él…

—Ya ves… —suspiró Silas.

—Es que… ¡a mí no me la pela nada! ¡Y eso que lo intento! Intento fluir, como hace él, pero la cosa se está yendo de madre. ¡Me llegan hasta mensajes privados! Siento que…

Marc no acabó la frase. Su rostro se ensombreció como si un nubarrón negro se situase ahora sobre su cabeza.

—No se está aprovechando de ti —le dijo Silas, porque sabía que eso era exactamente lo que estaba pensando—. Simplemente no se da cuenta. Rowan vive en su mundo de yupi, ¿entiendes? Y eres su mejor amigo.

—Supongo.

—Aun así, no tienes por qué aguantarlo. Puedes hablar con él.

—Ya. Es que… Me da miedo perderlo.

En esos momentos atravesó el pasillo el míster hablando con un Tomás que, aunque por fin tuviese su camiseta del F.A.R. Estels, seguía sin pertenecer a ese equipo.

Tomás ni siquiera le miró mientras desaparecía por el pasillo y Silas se sintió humillado.

Unos instantes más tarde, el torrente de energía que respondía al nombre de Rowan Murphy corrió hacia ellos.

—¿No os da pena Tomás? Creo que deberíamos hacer algo el sábado, en la fiesta.

—¿Hacer algo? —preguntó Marc.

—Sí, algo para integrarlo en el equipo. ¡No podemos seguir todos enfadados eternamente! Igual podríamos grabar juntos un tiktok…

Silas se levantó, molesto:

—No todo se soluciona con vídeos, Rowan —dijo—. Y, además, yo no quiero ni acercarme a él…

No se despidió antes de salir del pasillo.

ROWAN

Martes, 24 de septiembre, 23:59

oye, y tú por qué estás tan

enfadadísimo con Tomás???

pues porque nos ganó el año

pasado! Me marcó un gol!

Perdimos POR SU CULPA

no sé, tenéis una tensión muy

rara…

No pienso hacer las paces con

él, que te quede claro

Lo que digas…

por cierto, FELIZ CUMPLEAÑOS!

Soy el primero????