FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 2
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CAPÍTULO 2

—¡¡Esa capitana!!

Le costó darse cuenta de que se referían a ella.

«Si Saylor no se hubiera lesionado, tú no serías capitana», recordó.

Sus compañeras de equipo la vitoreaban y gritaban su nombre. Julia apenas sonreía, le habían puesto brackets ese verano y debían de molestarle, pero fotografió el reencuentro mientras el equipo la abrazaba e incluso la alzaba por los aires.

Por eso la querían: porque era una ganadora.

Después de una jornada ajetreada de mudanza, el equipo al completo se reunió en el césped frente al edificio del comedor, con el sol tiñendo Estels de un amarillo intenso.

Hablaron de tantas cosas a la vez que era imposible seguir el hilo de una conversación y Dafne sintió que aún la sostenían en el aire.

Flotaba. Nada parecía real. Hicieron unas cuantas fotos, de esas que no subiría a Instagram pero que sí acabarían colgando encima de su cama.

—¡Vamos a tener que coger una mesa gigantesca en el comedor para caber todas! —exclamó Julia, esta vez, mostrando una amplia sonrisa.

—Bueno, a ver si hay sitio. Tengo la sensación de que este año somos un millón de personas más en el campus. A mi padre se le ha ido la olla con esto de captar nuevos talentos —comentó Rain.

—Pero ahora nos van a respetar, ¡que somos las mayores! —replicó Julia—. Bueno, y se lo diré a Arturo. Que igual se quiere sentar conmigo…

—¿Cómo se va a sentar Arturo en nuestra mesa? —preguntó Rain, con el ceño fruncido.

—Espera. ¿Seguís juntos? —quiso saber Dafne.

—¿Arturo y ella? ¡No se han separado! —dijo Irati, golpeándola en el hombro.

—¡Literalmente! No literalmente, pero… Yo pasé una semana en su casa, él otra en la mía. ¡Sí! ¡Literalmente! En fin. Que voy a por la mesa —Julia frunció el ceño antes de añadir algo más—. ¿Y Saylor? ¿Comerá con nosotras?

No la habían visto en toda la mañana. En cuanto la mencionó, se hizo el silencio.

—Qué va, me ha dicho que quiere sentarse con sus nuevas compañeras —explicó Rain, hablando en voz baja y mirando al suelo.

—Entonces… ¿Cómo está? ¿Jugará con nosotras este año? —preguntó Dafne imitando su tono de voz.

—No. Ha repetido curso. Todavía se está recuperando de su lesión y de lo demás. Puede jugar al fútbol, pero tendrían que seleccionarla de nuevo en juvenil B. Lo único que no ha cambiado es que seguimos compartiendo habitación.

—¿Y eso? —inquirió Dafne, quitándose el verdín que le había manchado los pantalones vaqueros.

—Mi padre quiere que la tenga controlada… Así que ahora estamos juntas, pero apenas me dirige la palabra. Ha sido el verano más raro de mi vida.

Irati se acercó a Rain y le dio un abrazo.

—Me siento fatal por no haberle mandado ningún mensaje estos meses —dijo Julia—. Pero es que no sabía qué decirle. ¿Entiendes?

—A mí me ha pasado lo mismo —reconoció Dafne, sintiendo una punzada de culpabilidad.

—En fin, espero que este curso volvamos a ser todas amigas —sentenció Julia, que se puso de pie.

Varias chicas la imitaron y la acompañaron hacia el comedor.

Dafne se acercó a Rain y le pasó el brazo por encima del hombro, estrechándola. La comprendía: su verano también había sido confuso.

Antes del F.A.R. ansiaba las vacaciones. Adoraba el tiempo libre con sus amigas del instituto y con su hermano. Pasar días enteros en la playa, hacer deporte de aventura y jugar a cartas en la piscina... El verano parecía más intenso, mucho más luminoso e incluso más real que el curso escolar.

Sin embargo, ese verano había sido como una pausa de su vida, un paréntesis en el que todas las incógnitas con las que había acabado el curso se habían extendido:

1. Hugo: no tenía ni idea de si le habían fichado en algún equipo o qué estaba haciendo con su vida.

2. Nabeel: ni siquiera sabía qué sentía por él.

3. Silas: antes presumía de tener un mapa bien actualizado de su mente y de su corazón, de ser la persona a la que más quería y mejor conocía en el mundo; ahora hablar con él era como caminar a oscuras y las manos atadas a la espalda.

4. Dafne: ella misma era una incógnita, ¿por qué sentía que todos sus logros deportivos se iban a escapar de sus manos? Y seguía dándole vueltas a ese mensaje del colegio…

Necesitaba comenzar ya, ganar los partidos y desprenderse de la sensación de que estaba fingiendo. Como si las respuestas a sus preguntas estuvieran al final de cada gol.

En ese momento, mientras entraban en el comedor, Irati le dedicó una mirada cómplice y Dafne sonrió al darse cuenta de que, al menos, tenía la certeza de sus amigas.