Famosa hasta la muerte 57 #2
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57 #2

Annie presionó el cañón de la pistola contra la mejilla de Kirk, clavándoselo en la piel. Entonces sacó de su bolso un rollo de cinta aislante y se lo lanzó a Stevie.

—Amordázalo.

—¿Qué? —Stevie bajó la mirada hacia la cinta aislante que tenía en las manos.

—Que lo amordaces. Necesito que cierre el pico mientras le hago mis preguntas, y después nos iremos y nadie morirá esta noche.

—¿Nadie morirá?

Kirk gritó pidiendo auxilio de nuevo.

—¡Que lo hagas! —gritó Annie—. ¡Antes de que le oiga alguien!

Stevie vaciló por un momento. Si lo hacía, ¿descubrirían por fin dónde estaba Mia?

¿Annie se sentiría satisfecha cuando obtuviese las respuestas que andaba buscando y dejaría a Kirk con vida?

Ignorando la bilis que le subía por la garganta, tomó un trozo de cinta aislante, lo cortó y se lo pegó a Kirk sobre los labios.

Y después se dio la vuelta a toda prisa, porque era incapaz de mirarlo a los ojos en ese momento y ver el miedo que sentía reflejado en su mirada.

—Entonces, señor Tyler, le voy a dejar las cosas bien claras —dijo Annie—.

Dentro de un momento, le voy a quitar la cinta de la boca.

Cuando lo haga, tendrá trece segundos para decirme qué hizo con el cuerpo de mi hija después de que Blair Baker la matara.

Y no he escogido ese número al azar, no, lo he elegido porque mi preciosa, buena y amable hija tenía tan solo trece años cuando me la arrebatasteis.

Así que, si no me da una respuesta en esos trece segundos, me temo que tendré que dispararle a la cabeza y cargarme estas preciosas sábanas de algodón egipcio. ¿He sido lo bastante clara?

El hombre abrió los ojos como platos, tanto que, por un momento, Stevie llegó a pensar que se le iban a salir de las órbitas.

—Stevie, ¿te importaría explicarle al señor Tyler por qué sabes que no estoy yendo de farol?

—Porque fue ella quien mató a Blair.

La verdad le sentó como un puñetazo en el estómago.

Kirk abrió los ojos un poco más, hasta tal punto que Stevie pudo fijarse en las venas rojizas que le surcaban el blanco de los ojos y las lágrimas que se le acumulaban en las comisuras de los párpados.

—Entonces, ¿comprende los términos de nuestro acuerdo? —preguntó Annie.

Él asintió con la cabeza a toda prisa, desesperado.

—Me tomaré el hecho de que esté asintiendo como una señal muy prometedora para su futuro, señor Tyler. Ahora, voy a quitarle la cinta de la boca, y después comenzaré la cuenta atrás.

Annie le arrancó la cinta de un tirón.

—Trece. Doce…

Kirk tomó aire con fuerza y las palabras surgieron a borbotones de entre sus labios.

—¡Está en el bosque! La enterramos en el bosque.

—¿El bosque? —preguntó Annie, mirándolo fijamente, pero con voz rota—. ¿Qué bosque?

Él se echó a llorar, y las lágrimas y los mocos le formaron pequeños riachuelos por la cara.

—En el bosque que hay saliendo de Honeyville por la carretera del oeste.

Mia estaba enterrada en el bosque. Cuando Stevie se había puesto en lo peor, se la había imaginado en algún vertedero tirada como si no valiese nada, o incluso atrapada bajo un montón de hormigón. Tuvo que hacer un esfuerzo porque no se le rompiese la voz al hablar.

—¿Te acuerdas de en qué parte del bosque? ¿Reconocerías el sitio de nuevo si estuvieses allí?

—Sí, sí, lo reconocería. Podría llevaros. —Se volvió a mirar a Annie, desesperado y suplicante.

—No, explícame dónde está.

—Pero entonces me matarás. —Su rostro se descompuso y soltó un gemido desconsolado.

—Te mataré como no lo hagas, y después iré a buscar a Bex Lyons y le ofreceré el mismo trato. Seguro que ella no será tan estúpida como para rechazarlo.

—El camino que sale desde el cruce de Columbia Way con Westville. Hay una zona de pícnic justo al final. Solo tendrás que caminar quince minutos hacia el este, hasta que llegues a un arroyo, allí hay cuatro robles rojos formando una especie de círculo, está enterrada justo en el centro del claro.

Annie se volvió hacia Stevie.

—¿Te acordarás de esas indicaciones?

Stevie asintió.

—Ya te he dicho lo que querías, ahora ¿me vas a dejar marchar?

Los ojos de Annie se oscurecieron.

—¿Dejarte marchar? ¿Por qué iba a hacer eso?

—Ya basta, Annie —dijo Stevie, con el corazón latiéndole acelerado—. Ya te ha dicho lo que querías saber.

—¡Tiene que pagar por lo que ha hecho! A mi Mia. A todas esas chicas de las que abusó. Verás, tengo el teléfono de Blair, y resulta que se había dedicado a recopilar bastantes pruebas en su contra. —Se volvió de nuevo hacia Kirk—. ¿Sabías que solía grabar todas vuestras conversaciones?

—¡Te pagaré! ¡Te pagaré lo que me pidas! Pero, por favor, por favor, no me mates. —Estaba blanco como la cera, y la piel le brillaba por culpa del sudor que la impregnaba.

Stevie le echó un vistazo de reojo a la ventana. ¿Dónde narices se había metido Oliver? Annie podía estar a punto de hacer algo horrible, y ella no estaba segura de que fuese a poder detenerla.

Annie ladeó la cabeza de un lado a otro.

—¿Quieres pagar por mi silencio? ¿Porque guarde en secreto la clase de hombre que eres, las cosas horribles que has hecho?

Creo que el precio que habrías de pagar para hacerme ocultar una verdad como esa es demasiado alto incluso para ti, señor Tyler.

—Llevó ambas manos a la pistola y la sostuvo en alto.

—¡Annie, no! —gritó Stevie—. Tiene que ser juzgado ante un tribunal. Debe enfrentarse a aquellos a los que ha hecho daño.

—Me temo que eso no será suficiente —repuso Annie.

—¿Tres millones? Cuatro millones, mejor. —Kirk sollozó desesperado, y todo su cuerpo se estremeció con el llanto—. ¡Te pagaré lo que quieras! ¡Dime un precio!

—Lo siento, solo hay un precio lo bastante alto que pueda pagar lo que has hecho, y es que te pudras en el infierno.

El chasquido del seguro.

A Stevie el corazón le latió acelerado, aporreándole las costillas. Se dio la vuelta y se lanzó hacia Annie. Hacia la pistola. Gritó su nombre. Pero su voz se quebró con el estruendo de un disparo .