56 #3
—No, pues claro que no, porque era una estrella. Llamó a su representante. Y entonces Kirk Tyler y esa tal Lyons se llevaron a mi bebé y puf —chasqueó los dedos—, la hicieron desaparecer.
Stevie alzó la mirada, con un sollozo roto subiéndole por la garganta.
—Desaparecer… ¿a dónde?
—Blair dijo que no lo sabía, y el hecho de que la estuviese apuntando con una pistola cuando me lo dijo me hace pensar que me estaba diciendo la verdad.
Sí que me dijo que descubrió que había sido Kirk quien le había estado mandando esos correos escalofriantes que todo el mundo creía que le enviaba un acosador.
Dijo que había sido culpa suya que Mia estuviese muerta.
Que había sido él quien la había aterrado hasta el punto de hacerle perder el control, quien había estado jugando con ella, quien llevaba tanto tiempo manipulándola.
—¿Y por qué haría algo así?
—Supongo que era otra forma de mantenerla controlada.
Aterrarla hasta tal punto que jamás se atreviese a abandonarlo.
Blair había tenido que esforzarse para descubrir que él había sido quien estaba detrás de aquellos correos.
Quizás hoy seguiría viva si se hubiese esforzado tanto por descubrir dónde habían enterrado a Mia.
Si hubiese asumido la responsabilidad de sus actos y hubiese hecho algo para enmendar el daño que había causado.
Pero no, incluso aunque había sido ella quien conducía el coche que atropelló a Mia, incluso aunque había sido ella quien permitió que se llevasen su cuerpo lejos, y después se llevase las pruebas que se habían desprendido de la muñeca de mi hija para llevarlas siempre colgadas al cuello, seguía pensando que ella no había tenido la culpa de nada.
A Stevie le ardía la sangre en las venas.
—¿Y por eso la mataste?
—No fui al concierto con intención de matarla. Solo quería descubrir dónde estaba Mia. Pero una vez allí, debajo del escenario, ¿sabes lo que oí?
Stevie negó con la cabeza.
—Oí el nombre de mi hija. Blair se había aprovechado de Mia y de Aaron Taylor para hacerlos formar parte de su espectáculo.
—Annie chasqueó los dedos—. Y entonces fue como si alguien prendiese algo dentro de mí.
«Llevamos a Aaron y a Mia en nuestros corazones», eso fue lo que resonó por todo el estadio.
Le pregunté cómo había podido hacer eso, sabiendo que había sido ella quien había matado a Mia.
Por aquel entonces aún no sabía lo de Aaron.
Pude ver la vergüenza reflejada en su mirada.
Dijo que no había sido decisión suya, que incluso había intentado que no lo hicieran, pero el equipo de producción había insistido.
¡Nada era nunca culpa suya! Y cuando le pregunté dónde estaba el cuerpo de Mia y ni siquiera pudo decírmelo, la rabia me cegó.
Estaba furiosa porque hubiese permitido todo aquello, porque hubiese sido tan débil, tan egoísta, y tenía la pistola en la mano…
Así que ni siquiera lo dudé. Le disparé.
Y no lo hice por accidente. La maté a propósito, siendo plenamente consciente lo que estaba haciendo.
Tu hermana había sabido que Mia estaba muerta todo este tiempo.
Había sido testigo de nuestro dolor y no había hecho nada para remediarlo.
—La voz de Annie era apenas un susurro, y sonaba demasiado tranquila—.
La esperanza que nos dio al ofrecer esa recompensa, con las apelaciones, con los testigos, con las pistas…
Mientras tanto, ella se quedó sentada, observando cómo esa misma esperanza nos mataba lentamente, quedándose de brazos cruzados.
No hizo nada. ¿Cómo pudo hacerlo? —Los ojos se le anegaron de lágrimas.
—No lo sé, Annie. Pero tampoco logro comprender cómo pudiste matarla.
—Cuando tu hermana me robó a Mia, creo que también se llevó consigo mi corazón, me dejó vacía.
Porque yo tampoco sé cómo pude hacerlo. Pero sí que sé que lo haría de nuevo, sin dudar.
—Annie apretó los dientes con fuerza y se sorbió las lágrimas.
Y entonces respiró hondo y cerró los ojos.
Cuando volvió a abrirlos, la tristeza que había visto antes reflejada en su mirada se vio sustituida por algo completamente distinto. Mucho más duro y frío.
—Hal… —El nombre de su hermano le formó un nudo en la garganta—. ¿Hal lo sabe?
—No, no lo sabe. Hal es como tú, Stevie; demasiado bueno. Me habría entregado de haberlo sabido, y entonces jamás nos enteraríamos de dónde está Mia. Pero se lo contaré. Se lo contaré todo, luego, cuando sea el momento adecuado.
¿Qué quería decir con eso de «cuando sea el momento adecuado»? ¿Luego de qué? El pánico se apoderó de Stevie, helándole la sangre.
La mujer se levantó, se acercó a la estantería, se agachó y, con cierto esfuerzo, retiró un panel de madera que había en la base. Introdujo una mano en su interior y buscó algo a tientas.
—Annie, ¿qué estás buscando? —preguntó. Pero lo sabía, claro que lo sabía.
Annie se incorporó de nuevo y se dio la vuelta. Y en su mano llevaba una pistola .