Famosa hasta la muerte 56 #2
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56 #2

—Le mandé un mensaje para decirle que tenía un nuevo número, y después la llamé la noche del concierto usando un teléfono desechable, solo para decirle que me iba a pasar a verla antes del concierto para desearle buena suerte.

Esperé pacientemente fuera del estadio hasta la hora en que sabía que bajaría a la sala que había debajo del escenario, antes de subirse a la plataforma para salir a cantar.

Le gustaba estar a solas siempre antes de un concierto, para concentrarse, o eso decía.

La llamé otra vez para disculparme por llegar tarde y preguntarle si podía pasarme a saludarla antes del concierto. Y usé uno de los pases VIP para entrar.

—¿Fuiste tú quien dio mi nombre en la entrada? ¿Por qué…? ¿Por qué me elegiste a mí?

—No fue nada personal, Stevie. Tenía que entrar de alguna manera y sabía que tu nombre estaría en la lista.

No pensé que fuese a importar, que lo más seguro es que después pensasen que habían cometido un error cuando aparecieses por allí, lo que, efectivamente, ocurrió.

Me revisaron el bolso antes de acceder al estadio, y me preocupaba que fuesen a chequearme también y que, al hacerlo, notasen la pistola que llevaba a la cintura.

Pero parece que eso no es necesario cuando eres un invitado VIP.

¡No te haces una idea de la clase de cosas de las que puedes librarte cuando la gente piensa que eres importante!

Y, por un momento, incluso llegué a pensar que podría librarme.

Pero entonces ese agente tuyo va y anuncia que la pistola con la que mataron a Blair fue la misma con la que asesinaron a Aaron Taylor.

—¿Librarte de qué? —dijo Stevie, en apenas un susurro. Había estado todo ese tiempo escuchando a Annie hablar, tratando de convencerse de que era imposible que su historia acabase como estaba pensando. Que su cuñada no le diría lo que se estaba temiendo que le iba a decir.

El salón comenzó a girar a su alrededor, y Stevie tuvo que aferrarse al brazo del sofá.

—No. No fuiste tú quien le disparó. —Negó con la cabeza, desestimando lo que estaba diciendo Annie, haciendo aquella idea a un lado—. ¿Por qué me estás diciendo todo esto? ¿Por qué ibas a matar a Blair? No… No te creo.

A Annie comenzó a temblarle el mentón.

—Lo siento, Stevie, pero sí que lo hice.

Stevie se puso de pie de un salto.

—¡No! ¡Todo esto no tiene sentido! ¿Es que Blair no te dijo que fue Kirk Tyler quien mató a Mia?

Annie apartó la mirada de la pared y la clavó en Stevie, con los ojos anegados de lágrimas.

—Ojalá lo hubiese hecho, Stevie. Y Dios sabe que también culpo a ese hombre por su muerte.

—Entonces, ¿qué…? —Se sorbió los mocos y la voz se le quedó atascada en la garganta—. ¿Qué te dijo? ¿Qué te dijo Blair que te hiciese querer matarla?

El rostro de Annie se contrajo en una mueca de dolor, y las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.

—No… No sé si puedo contártelo, Stevie —respondió, con voz temblorosa.

—¡Cuéntamelo! —gritó. Su pecho subía y bajaba con fuerza con cada respiración agitada y entrecortada.

Aguardó, con el corazón latiéndole a toda velocidad, mientras Annie la observaba, inmóvil.

Y entonces, por fin, la mujer volvió a dejarse caer en el sillón y cerró los ojos.

Tragó con fuerza, volvió a abrir los ojos y asintió.

—Muy bien. Te lo contaré todo. —Su voz sonaba distinta, mucho más firme—. Seguro que te acuerdas de cómo se presentó Blair a tu fiesta de cumpleaños, hecha un auténtico desastre. Estaba drogada, o borracha, o tal vez las dos cosas. El caso es que estaba fuera de control, eso seguro.

Stevie podía sentir el latido acelerado de su corazón en las sienes.

—Me acuerdo —repuso, hundiéndose en el sofá.

Annie negó con la cabeza y esbozó una mueca disgustada.

—Eso fue lo que Blair dijo cuando por fin decidió hablar.

Como si el hecho de que estuviese drogada pudiese de alguna manera eximirla de toda culpa.

Me contó que había estado pasando por un mal momento, que tenía un acosador que no la dejaba tranquila…

Ya has leído los correos que recibía. Estaba asustada, incluso muerta de miedo.

Su representante le había advertido que su vida corría peligro y estaba aterrada.

»Después de que Blair se marchase de tu fiesta y se fuese en su coche, Mia decidió seguir a su tía.

¿Recuerdas lo mucho que quería a Blair? ¿Cómo la adoraba?

La idolatraba, porque Blair era preciosa, y tenía talento, y encima era famosa.

Así que Mia la siguió, fue tras su tía y encontró su coche aparcado frente al Lacey’s.

Lo que Mia no sabía era que ese día Blair estaba fuera de sí, paranoica y drogada, y estaba convencida de que su acosador estaba en el Lacey’s.

Annie respiró hondo y una lágrima furtiva le cayó por la mejilla. Y después otra.

—En ese momento, Blair salió del bar, se subió al coche y se marchó de allí a toda prisa, con las drogas y el alcohol corriéndole por las venas.

Stevie se cubrió el rostro con las manos.

No quería seguir escuchando más. Sabía a dónde quería llegar Annie con todo eso, hacia qué callejón la estaba llevando.

El corazón le latía tan acelerado que podía oírlo incluso resonándole en los oídos, como si fuese la cuenta atrás de un inevitable final.

Comenzó a sollozar entrecortadamente, casi con desesperación, como si su llanto fuese a partir su cuerpo en dos.

—Me dijo que no la vio. Que ni siquiera supo que era Mia hasta que se bajó del coche.

Las palabras de Annie reverberaron en el interior de su cabeza.

Irreales e insoportables. «Me dijo que no la vio.

Que ni siquiera supo que era Mia». Stevie la miró a los ojos, intentando encontrar algo en su mirada que le indicase que le estaba mintiendo, pero no vio nada, y supo que aquella era la verdad, por dolorosa que fuese.

Echó la cabeza hacia delante. Blair había matado a Mia.

El cuerpo de Stevie pareció doblarse sobre sí mismo bajo el peso de tanto dolor.

—¿Y sabes lo que hizo Blair, después de atropellar a mi pequeña y verla tendida en el suelo, desangrándose sobre la grava? ¿Se le ocurrió llamar a una ambulancia? —Annie soltó una carcajada triste y hueca.

Stevie quiso suplicarle que parase, decirle que ya había oído suficiente, pero no pudo hablar.