Famosa hasta la muerte 56
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S tevie dejó caer la mano a un costado. Mia llevaba esa misma pulsera la noche que desapareció. ¿Cómo era posible que Blair tuviese uno de los colgantes de su pulsera?

La única forma era que hubiese estado allí. Que estuviese involucrada de alguna manera en su desaparición. Pero aquello era imposible. Blair jamás le habría hecho daño a Mia. La quería. Tenía que haber otra explicación.

Stevie recorrió la habitación de arriba abajo.

A lo mejor vio algo. A lo mejor Blair había estado en ese callejón con Mia.

Pero, si había visto lo que había ocurrido, ¿por qué no se lo contó a la policía?

De haber sabido quién le había hecho daño a Mia, Blair lo habría gritado para que todo el mundo la oyese.

Jamás se habría quedado callada, viendo cómo su familia tenía que pasar por ese dolor, aquello era inconcebible.

¿Por qué habría hecho algo así? ¿Qué podría haberle impedido hablar?

La respuesta le cayó como un jarro de agua helada.

No qué. Quién.

Kirk Tyler.

Él era el único con el suficiente poder como para hacer callar a Blair.

El único que sabía lo que le había ocurrido en realidad a Aaron Taylor y que su padre lo había encubierto todo.

Si Blair estaba en Honeyville aquel día, lo más probable era que Kirk la hubiese seguido.

Quizás incluso había estado vigilando su casa esa noche.

Y debió de ver a Mia salir sola y, al fin y al cabo, siempre le habían gustado las chicas menores de edad…

A Stevie se le revolvió el estómago cuando las piezas del rompecabezas comenzaron a encajar. Había sido él.

Kirk Tyler había asesinado a Mia.

Y cuando Jimmy había matado a Aaron Taylor y su padre había encubierto el crimen, no solo habían impedido que los Thompson obtuviesen las respuestas que andaban buscando, también se habían asegurado de que nadie descubriese jamás lo que le había ocurrido a Mia.

Porque Blair nunca, jamás se arriesgaría a hablar sabiendo que su padre podía acabar entre rejas si lo hacía.

Pero que hubiese permanecido callada tampoco estaba bien.

Seguramente por eso se había hundido después.

Porque sabía que ella era la única que le podía contar al mundo cómo era Kirk en realidad.

A lo mejor por fin estaba a punto de hacerlo, de hablar sobre lo que les había hecho a Melissa y a las otras chicas, a Mia, de contarlo todo.

Y entonces, cuando el día del concierto Blair le contó a Bex que iba a exponer a Kirk, él debió de comprar una pistola en algún lugar de Honeyville.

La misma pistola que Annie había donado sin darse cuenta de lo que hacía.

Y después se había asegurado personalmente de que Blair nunca pudiese decir nada en su contra.

A Stevie el corazón le latía acelerado, la ira le ardía por las venas, y le temblaban las manos de rabia.

Puede que Blair ya no fuese a poder contar nada. Pero ella sí que podía.

Tomó su teléfono y le mandó un mensaje a Colby a toda prisa. Eran pasadas la una de la mañana. Estaba segura de que no iba a responderle, pero necesitaba contárselo a alguien.

Kirk mató a Blair y también a Mia.

Se quedó mirando fijamente aquel mensaje, aquellas palabras que sabía con cada fibra de su ser que eran ciertas, y le dio a enviar. Después se puso unas deportivas y le dejó a Marnie una nota en el recibidor para avisarle de a dónde iba.

Iría a la policía y les contaría todo lo que había descubierto. Pero primero tenía que hablar con Hal y Annie.

Annie le abrió la puerta con una taza en la mano.

—¿Stevie? —Seguía vestida todavía con la ropa de calle: con unos vaqueros y una camiseta negra. Se había recogido el cabello en un moño alto y despeinado. Annie la miró de arriba abajo y se fijó en que iba en pijama—. ¿Qué estás haciendo aquí a estas horas? ¿Va todo bien?

Stevie tragó con fuerza y suspiró entrecortadamente.

—¿Puedo pasar?

—Pues claro. —Se hizo a un lado para dejarla entrar, observándola con preocupación.

Stevie la siguió hasta el salón y se dejó caer sobre el sofá.

—Hal todavía no ha vuelto de la comisaría. Quería esperarle despierta. Así que no me vendrá mal un poco de compañía. ¿Quieres algo de beber? Me acabo de preparar un chocolate caliente… —Dejó la frase en el aire—. Stevie, ¿qué te pasa? Pareces…, no lo sé…, asustada, o nerviosa.

—Tengo que contarte algo. Algo que creo que podría ser importante.

Annie apretó los labios con fuerza.

—Adelante.

A Stevie le entraron ganas de vomitar.

—Tiene que ver con la pulsera de Mia.

—¿La pulsera de Mia? —Annie se sentó en el sillón que había enfrente de Stevie.

—La que llevaba el día que desapareció. Tenía un dije de una pluma. —Se sacó el colgante de debajo de la camiseta del pijama, y Annie lo observó con los ojos como platos—. Blair lo tenía y…

Annie la interrumpió, con voz temblorosa.

—Para, Stevie.

Pero tenía que…

Tenía que contarle a Annie lo que había descubierto.

—Sé que te duele hablar del caso de Mia, pero creo que Blair estuvo allí cuando…

—Stevie, por favor, no me hagas esto. —Annie se estaba aferrando a la taza con ambas manos, con tanta fuerza que la piel de los nudillos se le puso casi translúcida—. Por favor, déjalo estar.

—¡Pero, Annie! ¿Es que no entiendes lo que te estoy intentando decir? Blair tenía el colgante de la pulsera de Mia, por lo que debía de estar con ella cuando desapareció.

Observó a Annie, esperando alguna clase de reacción o respuesta por su parte, pero ella no dijo nada, ni siquiera se movió.

—¿Annie? ¿Es que no me has oído? Creo que Blair sabía lo que le ocurrió a Mia y que la mataron por ello.

—Blair lo sabía, sí. —Annie clavó la vista en la pared que había detrás de Stevie, con la mirada perdida.

En ese mismo instante, fue como si alguien se hubiese apoderado de todo el oxígeno de la estancia, robándoselo a los demás. Stevie se removió nerviosa en el sofá.

—¿Qué quieres decir?

—Sé lo de Blair. —Annie dejó la taza sobre la mesita de centro—.

Lo de la pulsera. El cómo consiguió ese colgante.

Hal y yo le regalamos el dije en forma de pluma a Mia por su octavo cumpleaños, incluso hicimos que le grabasen una «M» por detrás.

No fue un regalo demasiado caro, de hecho, creo que no nos costó más de cincuenta dólares.

Ya casi hasta me había olvidado de él. Porque le compramos varios colgantes para su pulsera a lo largo de los años.

—Annie suspiró al recordar aquello—. Pero entonces, hace cosa de un mes, más o menos, me pareció volver a verlo.

Estaba viendo una entrevista que Blair estaba dando sobre su nueva gira, y ella salía jugueteando con nerviosismo con el dije de su collar.

Y fue como si me hubiesen pegado un puñetazo en el estómago.

Stevie aguardó a que siguiese hablando, esperó a que se explicase, porque aquello no tenía ningún sentido. Si sabía que Blair tenía el colgante de Mia, ¿por qué no había dicho nada?

—En ese momento, pausé el vídeo y acerqué la imagen, y pensé: «Ese colgante es igual al que le regalamos a Mia para su pulsera».

Así que llamé a Blair y le pregunté directamente por él.

Ella me dijo que era suyo, que lo tenía desde que era pequeña, y sonó tan convencida que incluso hizo que me sintiese mal por haberle preguntado.

Y quise creerle, de verdad que sí, pero una parte de mí sabía que estaba mintiendo.

Stevie se quedó helada.

—No podía quitarme de encima la sensación de que estaba ocultando algo, y esa sensación fue creciendo y volviéndose más y más retorcida, hasta apoderarse de mí.

Me pasé semanas revisando cada vídeo de Blair, cada fotografía, cada publicación en redes sociales, como una loca.

¿Y sabes lo que descubrí? Había llevado ese collar todos los días desde que Mia desapareció.

Pero no había ni una sola fotografía, ni un solo vídeo, nada, donde apareciese llevándolo antes de aquello.

Y llegué a la misma conclusión que tú esta noche.

Que Blair estuvo allí cuando Mia desapareció.

Así que, cuando me enteré de que iba a venir a grabar ese programa, decidí llamar.

Usé una aplicación para distorsionarme la voz, para ver cómo reaccionaba.

Y, por el miedo que le tiñó la voz, supe que me había mentido. Y supe que sabía algo.

Stevie no lograba comprender lo que estaba oyendo.

—¿Fuiste tú?

—Sí, fui yo. —Annie respiró hondo—. Después de eso, tuve que decidir qué hacer. Sabía que Blair jamás me contaría la verdad sobre lo que le había pasado a Mia. Así que tuve que encontrar una forma de obligarla a hacerlo.

A Stevie se le pusieron los pelos de punta por todo el cuerpo.

—¿Qué quieres decir con lo de «encontrar una forma de obligarla a hacerlo»?

—Tienes que entender que no me dejó otra opción.

—Annie se levantó y le dio la espalda—. ¿Sabías que Blair solía venir a menudo y me llamaba siempre para quedar?

Al principio pensé que lo hacía porque se preocupaba por mí, o incluso porque yo era quien mejor le caía de todos.

Ahora sé que lo hacía para tratar de redimirse.

—Se volvió de nuevo hacia ella y se tragó las lágrimas—.

Todas esas visitas, todas esas oportunidades para sincerarse… , y nunca lo hizo.

—Annie, ¿qué hiciste? —dijo Stevie, con voz grave y cargada de miedo.

—Después de llamar al programa, tuve tres días para prepararme hasta el concierto, así que ideé un plan para obligarla a hablar.

Representé el papel de tía cariñosa a la perfección.

Le escribí para ver qué tal estaba y qué tal le iba todo.

Le pregunté por el concierto, por cómo se entraba al estadio y a qué hora empezaría.

Y ella creía que se lo estaba preguntando tan solo porque de verdad me interesaba.

Stevie se quedó allí sentada, paralizada, dividida entre la incredulidad y el horror por lo que estaba escuchando.