Famosa hasta la muerte 54
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S tevie se quedó de pie junto a la ventana del salón.

Las puertas de los coches patrulla se cerraron de un portazo, una tras otra, y entonces se llevaron a Frank y al tío Jimmy a la comisaría, cada uno en uno de los vehículos.

Stevie cerró los ojos y dejó escapar el aullido de dolor que había estado conteniendo hasta ese momento, y sollozó con fuerza, con todo su cuerpo estremeciéndose con cada gemido por el esfuerzo.

Se dejó caer al suelo, deslizándose por la pared, hasta sentarse en la moqueta, enterró el rostro entre sus rodillas y se balanceó de adelante hacia atrás.

¿Cómo podía ser aquello lo correcto? Tal vez Jimmy tuviese razón, quizás hubiese sido mejor seguir ocultando la verdad.

Oyó unos pasos sobre la moqueta, acercándose a ella. Cuando alzó la mirada, se secó las lágrimas y los mocos a toda prisa con el dorso de la mano. Y ahí estaba Oliver, observándola atentamente con su mirada amable y compasiva.

—Stevie, lo siento mucho. —Suspiró con fuerza, lentamente—. Por Dios, menudo desastre. Ni siquiera sé qué decir.

Pero ¿qué se suponía que iba a poder decirle? ¿Qué podría decirle cualquiera en ese caso?

—¿Te puedo traer algo? ¿Un té? ¿Un café? ¿Otra tirita para la rodilla, quizás?

Stevie negó con la cabeza. No necesitaba nada. Tan solo que su vida fuese distinta.

—Tu madre está dando ahora mismo su declaración preliminar. ¿Estarás bien para hablar cuando haya terminado?

Asintió y rehuyó su mirada.

Él se quedó allí un poco más, a su lado, y Stevie pudo sentir su mirada clavada en ella. Deseó que se marchase de una vez.

Oliver debió de notarlo.

—Creo que debería irme. —Sus pies se deslizaron de nuevo sobre la moqueta.

El corazón le dio un vuelco. Sorprendiéndola. Y se volvió a mirarlo, sintiéndose de repente desesperada por rogarle que se quedase a su lado.

—¿He hecho lo correcto? —le preguntó. Las lágrimas comenzaron a deslizarse de nuevo por sus mejillas, como si estuviesen echando una carrera por su piel—. Porque ahora mismo no sé si he hecho bien.

Oliver volvió a acercarse a ella y se sentó a su lado, apoyándose en la pared, con el hombro pegado al suyo. Y ese reconfortante aroma a cedro y sándalo que siempre lo acompañaba la envolvió.

—Mataron a un chico, Stevie —dijo, con suma delicadeza—. Pues claro que has hecho lo correcto.

—¿Crees que mi padre podrá perdonarme algún día? —Mantuvo la mirada al frente, incapaz de volverse hacia él.

—Creo que en realidad es él quien debería buscar tu perdón.

Quizás Oliver tenía razón, pero eso no la hacía sentir mejor, o menos culpable.

—Stevie, tú no tienes la culpa de nada.

¿Es que podía leerle la mente? O tal vez lo que sentía estaba reflejado en su expresión. Tal vez siempre lo estaría.

—Lo que has hecho ha sido increíblemente valiente, y no me puedo ni imaginar lo difícil que ha tenido que ser para ti, pero has ayudado a traer algo de paz y justicia, a Aaron y a la familia Thompson. —Su voz sonaba increíblemente firme, aunque también muy amable.

Stevie se echó a llorar de nuevo, con el corazón dividido.

—Pero ¿qué hay de mi familia?

Entonces por fin se atrevió a volverse a mirarlo, directamente a los ojos, a la espera de que le diese la respuesta que tanto ansiaba escuchar.

—Stevie, cuando la gente hace cosas malas, cuando le hacen daño a los demás, como hicieron Jimmy y tu padre, tienen que ser juzgados por ello.

Ese es el precio a pagar. Y sí, es una mierda que ese precio te vaya a afectar a ti también, aunque sea de manera indirecta.

Pero no puedes dejar que lo que tu familia ha hecho te arruine la vida.

Eres única, Stevie, solo tú decides qué hacer con tu propia vida, y sé que probablemente ahora no puedas verlo, pero saldrás de esta, te lo prometo.

Tenía razón. Stevie no era capaz de ver ninguna salida posible. Y se preguntaba si alguna vez la encontraría.

Oliver también la estaba mirando, viéndola de verdad.

Los ojos de Stevie se deslizaron por los delicados rasgos que conformaban su rostro, por la suave curva de sus labios, por esos ojos que parecían ser capaces de ver cada uno de sus secretos.

¿Sería capaz de ver lo rota que estaba? ¿Lo dañada que se sentía?

Stevie sentía que estaba hecha pedazos y él, en cambio, estaba tan entero…

Cohibida, apartó la mirada y volvió a cerrarse en banda.

—¿Alguien le ha preguntado ya a Hal por la pistola?

Oliver se fijó en cómo su comportamiento cambió en un parpadeo y apartó la mirada. Se puso de pie y Stevie lo siguió poco después. Resultaba bastante incómodo estar sentados en el suelo, tan cerca el uno del otro.

Entonces Oliver se aclaró la garganta con un carraspeo y volvió a ponerse en modo policía.

—Los agentes están en su casa en este mismo instante —repuso, en tono formal.

—¿Y qué ha dicho Hal?

—Todavía no lo sé.

—Creo que falta uno de los pases VIP del concierto. Solo hay cuatro en el cajón del recibidor.

—¿Crees?

—No lo sé. Alguien podría haberlo guardado en otro sitio. A lo mejor Blair solo nos envió cuatro. Tal vez se perdió con el caos del concierto. O quizás… —Tragó con fuerza para tratar de librarse del nudo que se le había formado en la garganta—. Quizás Hal se lo llevó.

Oliver asintió.

—Esos son muchos quizás. Así que quizás no sea nada. Pero gracias por contármelo. Me encargaré de investigarlo, te lo prometo. —Hizo una pausa y volvió a carraspear—. ¿Te importa si te hago una pregunta sobre Hal?

Ella esbozó una media sonrisa.

—Creo que el hacer preguntas forma parte de tu trabajo.

—¿Crees que tu hermano podría haber asesinado a Blair?

Stevie sabía que debía preguntárselo, pero, aun así, aquello le dolió.

Le dolió porque no sabía la respuesta. Jimmy tenía razón, Annie podría haber mentido para proteger a su marido.

Pero eso no significaba que Hal hubiese matado a Blair.

No podía imaginar un mundo en el que eso fuese posible.

Pero tampoco podía imaginar un mundo en el que su padre hubiese encubierto un asesinato.

Pero Hal no podía ser el asesino. Simplemente, no podía.

—No creo que tuviese ningún motivo para hacerlo.

Sí, estaba enfadado porque Blair le hubiese contado a la prensa lo de su accidente, pero llevaba enfadado con ella por eso mismo desde hacía años.

Hal quería a Blair. Y, sinceramente, creo que estaba tan enfadado con ella también en parte porque la echaba de menos.

Estaba dolido, sí, pero la seguía queriendo muchísimo.

—Muy bien, gracias, Stevie. —Ahí estaba otra vez ese tono formal. Ella se había cerrado en banda, y ahora él también.

—Si encontráis el arma en su casa, las cosas no pintarán nada bien para él, ¿verdad?

—No, la verdad es que no.

Justo en ese mismo instante, otro agente de policía salió de la cocina.

—Ya he terminado de tomarle declaración a la señora Baker.

—Supongo que eso significa que me toca —repuso Stevie.

El cansancio hizo que le pesasen los huesos.

Le echó un vistazo al reloj del pasillo; las once de la noche.

Llevaba horas hablando. Arrastrando los pies del agotamiento, se encaminó hacia su habitación sobre el garaje.

Pero, antes de llegar a su puerta, giró en dirección contraria y acabó frente a la habitación de sus padres. Llamó con suavidad a la puerta.

—¿Mamá? ¿Estás despierta?

—¿Stevie?

Abrió ligeramente la puerta y echó un vistazo en el interior de la estancia. Su madre estaba sentada en la cama, con los ojos rojos de tanto llorar, con un marco de fotos en las manos.

—¿Puedo dormir esta noche contigo, mamá? —Ni siquiera cuando era pequeña había ido a la cama de sus padres en busca de consuelo. Sin embargo, ese día lo necesitaba.

Marnie hizo las sábanas a un lado y le dio un par de golpecitos suaves al colchón, justo donde Frank debería haber estado.

—Creo que eso me gustaría muchísimo.

Stevie se subió a la cama y Marnie recorrió los tres rostros que aparecían en la fotografía del marco con los dedos.

—Qué chicas más guapas.

Era la última foto que se habían hecho Blair, Stevie y Mia juntas.

Había sido durante el duodécimo cumpleaños de Mia, el mismo año en que Blair y Hal habían vuelto a hablarse.

Mia salía en el centro de la imagen, con los brazos alrededor del cuello de Stevie y de Blair, acercándolas a ella.

La pulsera de dijes de Mia refulgía con fuerza bajo la luz del sol, proyectando pequeños destellos sobre su rostro y el de Blair.

Mia salía sonriendo de oreja a oreja, con la mirada clavada en la lente de la cámara, mientras que Stevie y Blair la estaban mirando a ella.

—Lo eran —dijo Stevie.

—Y tú lo sigues siendo. Valiente y preciosa.

A Stevie se le encogió el corazón, porque en ese momento no se sentía ni valiente ni preciosa.

Marnie dejó el marco sobre la mesilla y le tomó la mano.

Stevie se tumbó a su lado, con la mirada clavada en el techo.

—No me han querido decir nada sobre Hal —comentó en un susurro—. Mamá, ¿y si resulta que sí que fue él?

—Ya conoces a tu hermano, Stevie. Es imposible que fuese él.

Y, sin embargo, también había creído conocer a su padre, ¿no? Si resultaba que al final Hal sí que había asesinado a Blair, ¿le gustaría saberlo?

—Lo siento mucho —murmuró.

—Stevie, nada de esto es culpa tuya —repuso Marnie con firmeza—. Ni se te ocurra pensar por un segundo que lo es.

—Estoy muy triste, mamá. —Las lágrimas le cayeron por las mejillas, empapando la almohada de su padre.

—Yo también, cariño.

—¿Todo va a salir bien? —Era una pregunta muy sencilla, pero una que le costó un mundo pronunciar en voz alta. Porque estaba cargada de imposibilidad. O tal vez de esperanza.

—Creo que las dos vamos a hacer nuestro mejor esfuerzo porque así sea, aunque durante una temporada nos cueste ver cómo vamos a salir de esta.

Pero tenemos que intentarlo, por nosotras, por la otra.

Stevie, tienes toda una vida por delante, y yo pienso asegurarme de que seas lo más feliz que puedas.

Stevie le dio un suave apretón a su madre.

—Te quiero, mamá.

Marnie le devolvió el apretón.

—Yo también te quiero. No te imaginas cuánto. Ahora, vamos a intentar dormir un poco, ¿te parece? —Alargó una mano hacia la mesilla y apagó la lámpara.

Stevie se quedó allí tumbada, despierta en medio de la oscuridad, pensando en mil cosas a la vez. Pensando en Jimmy. En su padre. En Aaron Taylor, y en Mia, y en Blair.

Pero hubo un pensamiento que se hizo oír por encima de todos los demás.

Hal tenía la pistola .