53
D e repente, la cocina empezó a dar vueltas a su alrededor. Stevie tuvo que dejarse caer sobre una silla e intentar respirar con normalidad.
Hal tiene la pistola. Hal tiene la pistola. Hal tiene la pistola.
—Pero Hal estaba esa noche con Annie —dijo Frank.
Stevie se aferró a aquello. Hal tenía una coartada. Puede que tuviese el arma, pero eso no significaba que hubiese matado a Blair. Podría haberla tirado. Vendido. Lo que fuese.
De repente, el pase VIP desaparecido se le vino a la mente.
No. Hal no había ido al concierto. Hal había estado con Annie.
—Hal no mató a Blair —dijo Marnie—. Soy su madre y sé que jamás sería capaz de hacer algo así.
Stevie se aferró a sus palabras, desesperada porque fuesen ciertas.
—Aun así —soltó Jimmy—, debería mandar a alguien a registrar su casa.
Marnie asestó un puñetazo en la mesa.
—¡No! ¡No te atrevas a ponerte a jugar a ser policía ahora! ¡Asesinaste a ese pobre chico! ¡No tienes derecho a decidir nada de lo que ocurra a continuación!
—¡Fue un accidente, Marnie! Estaba demasiado oscuro. Me pareció ver que tenía una pistola…
—Eso es lo que podrías haber dicho ante un tribunal si no hubieseis sido tan idiotas como para encubrirlo —repuso Marnie. Su expresión se retorció, disgustada, y se volvió hacia su marido, fulminándolo con la mirada—. Frank, ¿cómo pudiste hacerlo?
—Solo estaba tratando de proteger a Jimmy. Es nuestra familia. Y la familia siempre es lo primero. El pobre chico ya estaba muerto, y el que Jimmy acabase en la cárcel no iba a servir para traerlo de vuelta. Solo fue un horrible, horrible accidente, uno que me atormentará cada día de mi vida.
—Bien —escupió Marnie—. Te lo mereces. El que encubrieses a Jimmy es imperdonable, pero el seguir encubriéndolo incluso después de que Mia desapareciese es absolutamente incomprensible.
Esta familia sabe lo que es tener que vivir sin obtener respuestas, a oscuras, ¡y aun así decidiste infligirle ese mismo dolor a otra familia!
Frank dejó caer la cabeza, y su cuerpo se estremeció mientras sollozaba con fuerza. Stevie quiso acercarse a él, consolarlo como él siempre hacía cuando la veía llorar, pero no pudo.
—Pero no es el mismo tipo de dolor, ¿no? —repuso Jimmy—. Porque el chico en realidad ni siquiera era suyo de verdad.
Stevie sintió cómo una oleada de repulsión la invadía.
—¿Qué has dicho? —escupió—. ¡¿En serio crees que, porque Aaron fuese adoptado, a los Thompson no se les rompió el corazón en mil pedazos al perderlo?
! Aaron Taylor no era solo «un chico con un pasado difícil» como lo llamaste el otro día.
Había gente que lo quería. Su vida importaba tanto como cualquier otra.
—Stevie, sinceramente, no fue culpa mía —dijo Jimmy—. Y desde entonces solo estoy intentando reparar el daño que hice, ser un buen policía.
—¿Un buen policía? —Stevie podría haberse echado a reír a carcajadas en ese mismo instante—. Pero ¡si ibas a enviarme una muñeca descabezada de Blair!
—Eso no fue cosa mía —repuso Jimmy, aunque no sonaba demasiado convincente.
—Oliver encontró la caja en tu coche.
Marnie negó con la cabeza, con los ojos abiertos como platos.
—Jimmy, ¿por qué lo hiciste?
—Porque no quería que siguiese investigando el caso de Blair —respondió Stevie por él, y justo en ese mismo instante, se le pasó una idea por la cabeza.
Joder. Su tío estaba fuera de control—. Fuiste tú, ¿verdad?
, ¿quien me secuestró en el parque? ¡Fuiste tú quien me puso ese saco en la cabeza y me amenazó!
—¡Te lo juro por Dios, Jimmy, como fueses tú…! — gritó Marnie.
Frank se acercó a Jimmy en tan solo un par de zancadas y lo agarró con fuerza del cuello de la camisa, con las lágrimas que antes le habían caído por las mejillas viéndose reemplazadas por una rabia ardiente y furiosa en sus ojos.
—Ni se te ocurra mentirme. Ahora no. ¿Fuiste tú? ¿Fuiste tú quien amenazó a Stevie?
Jimmy trató de zafarse de su agarre y de recobrar el equilibrio, con el rostro enrojecido.
—No fue idea mía.
Marnie levantó los brazos con incredulidad.
—¡Y encima tiene la desfachatez de decir que no fue idea suya!
Frank lo estampó contra la pared y lo sostuvo allí con fuerza.
—¡Debería haber dejado que te pudrieses en la cárcel!
—¡Lo hice por ti, Frank! Bex Lyons me dijo que hiciese lo que fuera para impedir que Stevie siguiese investigando a Kirk Tyler y sus actividades, o si no iría directa a la comisaría y les contaría todo lo que sabía sobre el caso de Aaron Taylor.
De haberme quedado de brazos cruzados, los dos estaríamos ahora entre rejas.
Solo queríamos asustarla un poco. Stevie no corrió peligro en ningún momento.
—¡¿Sus actividades?! —gritó Stevie—. ¡Está abusando de niñas, Jimmy! Niñas a las que, como agente de policía, se supone que deberías intentar proteger.
—Pero ¡no tengo otra opción!
—¡Pues claro que tienes otra opción, Jimmy! —espetó Stevie—. ¡Podrías haber contado la verdad! Los testimonios de esas chicas podrían proporcionar un motivo por el que Kirk o Bex quisiesen matar a Blair.
—¡Por el amor de Dios, Stevie! No fueron ellos.
Los dos tienen coartada. No fueron ellos quienes llamaron a ese programa, y tampoco llamaron a Blair desde un teléfono desechable la noche del concierto.
Y las probabilidades de que pudiesen haberse hecho con la pistola que mató a Aaron son ínfimas, por no decir que es imposible.
—Las probabilidades de que pudiesen haberse hecho con tu pistola, querrás decir —escupió Stevie.
—Sí, y ahora sabemos quién la tiene —replicó Jimmy—. Así que ¿por qué en vez de gritarme no me dejas en paz para que podamos pensar en cómo proteger a tu hermano?
Frank fulminó a Jimmy con la mirada, con el pecho subiéndole y bajándole a toda velocidad, pero lo soltó.
Stevie cerró las manos en puños con fuerza.
—Hal tiene coartada.
Jimmy soltó una carcajada seca y amarga.
—¿Y no se te ha ocurrido que quizás Annie podría haber mentido para protegerlo?
Stevie abrió la boca para decir algo, pero no le salieron las palabras.
—Puede que no lo entiendas, pero las familias se protegen entre sí.
Así que quizás haya llegado el momento de dejar todo esto atrás de una vez.
De cerrar la investigación sobre el asesinato de Blair, olvidarnos de lo que ocurrió con Aaron Taylor y de lo que ha pasado con Faith Green, antes de que termines arruinándole la vida a tu hermano también.
Alguien llamó a la puerta con fuerza justo en ese momento.
—James Baker, ¿estás ahí dentro? —gritó alguien desde el otro lado de la madera.
Jimmy se volvió hacia la entrada, preocupado.
—Me temo que no puedo hacer eso —repuso Stevie, y aquellas palabras surgieron de entre sus labios seguidas de un sonoro sollozo.
Jimmy la fulminó con la mirada, con todo su cuerpo temblando por culpa de la rabia que contenía en su interior.
—¿Quién es?
—La policía. Ya lo saben todo.
—¡Yo soy la policía! —gritó Jimmy.
Frank se levantó y se estiró la camisa.
—Ya no, Jimmy. Vamos, hagamos de una vez lo que deberíamos haber hecho hace mucho tiempo.
Marnie, inclinada sobre la mesa de la cocina, dejó escapar un gemido roto.
Jimmy observó a Stevie, furioso.
—Supongo que, para algunos Baker, la familia no es lo primero.
Las lágrimas se deslizaron por las mejillas de Stevie, descontroladas, mientras intentaba respirar entre sollozos entrecortados.
Frank le acunó el rostro entre sus manos.
—Lo siento mucho.
Stevie observó a su padre.
—¿Qué he hecho?
Él se inclinó hacia ella y le dio un suave beso en la coronilla.
—Has hecho lo correcto, Osita. Solo estabas siendo fiel a ti misma. Tan salvaje, maravillosa y perfecta como eres.
Y dicho eso se marchó .