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S tevie le quitó el teléfono a Colby de las manos temblorosas y releyó el mensaje. Intentó mantener la mente fría y pensar con claridad.
—Si Bex Lyons fuera la responsable del accidente de tu madre, ¿de verdad crees que te mandaría un mensaje como este? Es casi como si se estuviese culpando a sí misma de haberlo hecho.
Colby frunció el ceño.
—No lo sé. Ya no sé qué pensar.
Stevie le habló con dulzura.
—Nada de esto es culpa tuya, Colby. Esa zona de Westville Drive es una auténtica pesadilla, y mi tío Jimmy me ha dicho que creen que tu madre y Mike iban demasiado rápido…
Colby apartó la mirada de su teléfono a toda velocidad.
—¿Mike también iba en el coche?
—¿Es que no te lo habían dicho?
—¿Está aquí también?
Stevie se mordió el labio inferior.
—Está muerto. Lo siento, Colby, mi tío Jimmy me ha dicho que falleció en el acto.
Colby se dejó caer contra la pared, hundida, y cerró los ojos.
—¿Cómo se supone que se lo voy a decir a mi madre?
No sabía qué responder. Y tampoco creía que Colby se lo hubiese preguntado esperando una respuesta.
—Todo esto es horrible, Colby, pero no es culpa tuya, tienes que creerme. Fue un accidente. Todo esto no puede estar relacionado con Bex Lyons o con el caso de Blair.
—Antes, cuando te he llamado, me has preguntado si yo también había recibido una. ¿Si había recibido una qué ? ¿Bex Lyons también te ha escrito?
—Eso ahora no importa, tienes que centrarte en tu madre.
—¿Si había recibido una qué ? —repitió, con firmeza.
—Creo que me ha mandado una muñeca.
—¿Una muñeca?
—Era una figurita de Blair Baker. A la que le habían arrancado la cabeza.
—Stevie, tienes que contárselo a la policía.
—Lo sé. Y lo haré. Pero…
—¡Pero, nada! ¡Stevie, mataron a tu hermana!
—gritó Colby. Stevie se sobresaltó, y la mujer que había en el mostrador se volvió a mirarlas.
Colby bajó la voz antes de seguir hablando—.
Esto no es ninguna broma. Sé que crees que el accidente de mi madre fue solo eso, un accidente, pero ¿y si tengo razón?
¿Y si no lo fue? Podrías estar en peligro. Las dos podríamos estarlo.
—Jimmy ya se ha ido del hospital.
—Pues llámalo.
Stevie sacó su teléfono del bolsillo trasero y marcó el número de Jimmy. La llamada dio varios tonos antes de que saltase el buzón.
—Jimmy, soy Stevie. Sé que acabo de hablar contigo hace un momento, pero ¿te importaría llamarme? Tengo algo que contarte. Es importante.
—Gracias —dijo Colby, y después se giró hacia la habitación de su madre—. Debería volver a entrar, quedarme con ella por si alguien viene a verla. Tú deberías volver a casa. Te llamaré si ocurre algo.
—Vale, pero llámame si necesitas algo, cualquier cosa, de verdad.
Colby se despidió de ella con un abrazo y después regresó a la habitación de su madre. Se detuvo con los dedos alrededor del pomo de la puerta. Se volvió hacia Stevie, con los ojos brillantes por culpa de las lágrimas contenidas, y el labio inferior temblándole, tratando de no echarse a llorar.
—Stevie, te importaría…
—Estaba a punto de decirte que soy una magnifica compañía de hospital.
Stevie notó cómo había alguien cerniéndose sobre ella, por lo que se despertó sobresaltada.
Alzó la mirada y parpadeó con fuerza. Las luces de la habitación eran demasiado blancas, demasiado brillantes.
Tuvo que entrecerrar los ojos para ver la bata blanca, y entonces oyó los pitidos de las máquinas del hospital y se acordó de dónde estaba.
Intentó moverse, pero pronto se dio cuenta de que Colby la tenía atrapada.
En el sillón tan solo entraba una persona, pero las dos se las habían acabado apañando para entrar, haciéndose una especie de ovillo humano, con Stevie debajo y Colby tirada encima y con las piernas colgando de uno de los brazos del sillón.
Por eso se le habían quedado las piernas dormidas y tenía una enorme contractura en el cuello.
Debían de haber estado agotadas para quedarse dormidas en esa posición.
—Buenos días, soy la doctora D’Arby.
Stevie sacudió a Colby con suavidad para despertarla, y esta soltó un suave gruñido antes de abrir lentamente los ojos.
—No eres la médica de anoche.
—No, el turno de la doctora Hernandez acabó hace un par de horas. Tengo el bolso de tu madre, la policía lo ha conseguido sacar del coche. —La doctora D’Arby le tendió el bolso de cuero maltrecho.
Colby se levantó de encima de Stevie de un salto y tomó el bolso, abrazándoselo al pecho.
—La buena noticia es que tu madre se está recuperando como esperábamos.
La hemos mantenido sedada después de la operación para poder monitorear sus constantes, pero me alegro de que su estado esté progresando adecuadamente, así que vamos a dejar de administrarle los sedantes para ir despertándola poco a poco.
—¿Cuánto tardará en despertarse? —le preguntó Colby.
—Podría ser dentro de unas horas o de un día.
—Y la herida de su cabeza… —Colby tragó con fuerza—. ¿Ha sufrido alguna clase de daño cerebral?
—Lo sabremos mejor cuando se despierte, pero tenemos motivos para ser optimistas. —La médica hizo una pausa—. ¿Tienes alguna pregunta más?
—Por ahora, no, gracias, doctora.
—Tenéis tiempo antes de que despierte para volver a casa, daros una ducha y comer algo si queréis. Os llamaremos si cambia algo —dijo la doctora D’Arby, esbozando una sonrisa antes de marcharse.
En cuanto la puerta se hubo cerrado a su espalda, Colby empezó a registrar el bolso de su madre, pero poco después se rindió y volcó todo su contenido en el suelo.
—Mi madre ha vivido aquí desde que era pequeña. Ha conducido por esas mismas calles innumerables veces, y sabe dónde debe tener cuidado.
—Colby, esa curva es bastante peligrosa… ¿Qué estás buscando?
—Su teléfono no está. Se me ha ocurrido que quizás podría comprobar si Kirk Tyler o Bex Lyons le habían escrito a ella también. Sé que cabe la posibilidad de que esto no haya sido más que un accidente. Pero ¿y si no lo ha sido? ¿No deberíamos investigarlo para asegurarnos?
—A lo mejor sigue en el lugar del accidente.
—Eso he pensado yo también.
—Muy bien. —Stevie se levantó de un salto y se llevó las manos a las caderas—. Entonces, quizás deberíamos acercarnos a comprobarlo .