Famosa hasta la muerte 39
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S tevie se recostó contra el maletero de uno de los coches patrulla, apretándose una compresa fría sobre los párpados.

El hombre había accedido a ir con la policía de forma voluntaria. Mientras lo estaban metiendo en el asiento trasero del coche patrulla, se había vuelto hacia Stevie y había dicho:

—Yo no lo hice. Yo no maté a Blair.

Sonaba sincero, y Stevie no pudo ignorarlo por más que lo intentó.

Sí, era evidente que el hombre estaba loco, pero eso no significaba que fuese un asesino.

Por lo que se había acercado a él y le había dicho a la agente que conducía el coche patrulla en el que lo habían metido que solo quería hacerle un par de preguntas, y que no tardaría mucho.

Ella le había respondido a Stevie que aquel no era el procedimiento habitual, pero cuando Colby le había recordado que habían sido ellas quien habían atrapado al tipo y que tendría que arrestarlas a ellas también si quería detenerlas, la mujer se había limitado a apretar los labios con fuerza y a decir:

—Tenéis un minuto.

El acosador estaba sentado en el asiento trasero del coche patrulla, con los hombros hundidos, las manos esposadas sobre la barriga y la mirada clavada en el suelo.

Alzó los ojos hacia ella cuando Stevie se le acercó.

Tenía toda la cara cubierta de manchas rojizas que le llegaban hasta la raíz del cabello, el mismo que era evidente que hacía años se le había empezado a caer.

A Stevie le costó determinar su edad. Podría tener entre veintitantos y cuarenta y pocos.

Carraspeó con fuerza y fue directa al grano.

—Dijiste que estabas en la cárcel el día que Blair murió, ¿es cierto?

El hombre asintió con la cabeza.

Stevie le creyó. ¿Qué sentido tendría mentir cuando sería tan fácil corroborar su coartada?

—¿Tú eres BBSera_mia? ¿Fuiste tú quien me mandó esos correos desde [email protected] diciéndome que parase de investigar el asesinato de Blair?

—No —dijo—. No fui yo.

—Sabes que van a comprobar tu ordenador y tu teléfono móvil, ¿verdad? Así que, si estás mintiendo, será mejor que lo admitas ahora.

—Pueden comprobar lo que les dé la gana. No fui yo quien te mandó esos correos.

Stevie asintió. Así que sí que había dos acosadores. Ella había estado siempre en lo cierto.

La agente de policía cerró entonces la puerta de golpe.

—Se acabó el tiempo —soltó.

Colby terminó de relatar su versión de los acontecimientos, en la que incluyó una buena cantidad de demostraciones de lo que habían hecho para atrapar al acosador, incluso llegando a pedirle a un agente sorprendido que hiciese del malo para representarlo, y después se unió a Stevie, dejándose caer contra el maletero del coche patrulla.

—Dice que no fue él quien mató a Blair —soltó Stevie.

—¡Pues claro que ha dicho eso! Si yo hubiese matado a alguien, ¡también diría que no he sido yo para salvarme el culo!

Stevie se volvió hacia su amiga con las cejas enarcadas.

—¡¿Ah, sí?!

Colby puso los ojos en blanco.

—Ya sabes a qué me refiero.

—Yo creo que dice la verdad.

Colby le dio un suave codazo en el costado.

—Lo has atrapado, Stevie. Has encontrado al asesino de Blair. Te rociaste la cara con espray de pimienta en el proceso, pero lo has hecho.

Stevie se obligó a esbozar una sonrisa. Ella no estaba tan segura.

—No nos quedan guisantes. —Marnie le tendió a Stevie una bolsa de boloñesa casera congelada—. Póntela en los ojos. Te ayudará para bajar la hinchazón.

Stevie se la llevó a la cara y soltó un «Ahhh» complacido al notar el frío.

Estaba tirada en el sofá con Colby, con las piernas enredadas la una con la otra y Catsy dormida sobre sus regazos, viendo viejos episodios de Friends y esperando a que alguien las llamase de la comisaría para ponerlas al corriente.

Faith Green no había contestado a ninguna de las llamadas o mensajes que la policía le había dejado, así que, al final, decidieron que Colby debería quedarse en casa de los Baker para recuperarse después de aquel traumático acontecimiento.

Para Colby, la parte de recuperarse consistía principalmente en comerse un paquete entero de galletas OREO y en decir en alto los diálogos de Friends, antes de que los soltasen los personajes.

Era bastante molesto, pero como había ayudado a salvar a Stevie de un acosador psicópata, lo dejó pasar.

Marnie se sentó en el brazo del sofá y empezó a acariciarle el pelo a Stevie con dulzura.

—Debías de estar muy asustada.

Lo había estado, cuando se había dado cuenta de que el hombre se había colado en su coche.

Pero ya no. No ahora que ya sabía quién era.

Eric Corder, treinta y dos años, vivía en casa con su madre.

Estaba en paro. Y era un loco profundamente perturbado que no había sido capaz de vencer a dos adolescentes.

—No sé qué habría hecho si también te hubiese perdido a ti —dijo Marnie, con la voz rota.

Stevie se quitó la bolsa de boloñesa que ya había empezado a descongelarse de la cara y se fijó en que su madre estaba llorando.

—No pasa nada, mamá, estoy bien.

Marnie le acarició el pelo de nuevo.

—No me puedo creer que lo hayáis atrapado.

—En realidad, fue Colby quien lo hizo. —Stevie se volvió hacia ella con una sonrisa—. Fue ella quien se abalanzó a la carrera sobre él y le quitó el cuchillo de una patada.

Colby hizo un gesto displicente con la mano, restándole importancia, y se terminó de comer la OREO que se había metido a la boca.

—Mis botas de correr nunca me han fallado. ¡Y pensar que el entrenador Tranmore decía que no servía para jugar al fútbol!

—Me alegro muchísimo de que estuvieses ahí, Colby —dijo Marnie, con la voz cargada de afecto y los ojos anegados de lágrimas—.

Menos mal que esto por fin se ha terminado.

El asesino de Blair va a acabar entre rejas y por fin podremos dejar descansar a nuestra hija y empezar a curar nuestras heridas.

Stevie apartó la mirada de su madre y se mordió el interior de la mejilla. No podía decirle que, aunque Eric Corder estuviese loco, fuese un fanático y estuviese mentalmente inestable, no creía que fuese el asesino de Blair.

Marnie se volvió hacia la entrada cuando el sonido de unos neumáticos adentrándose por el camino de la entrada resonó con fuerza por toda la estancia. Se levantó y se secó las lágrimas de los ojos con el puño de la blusa.

—Seguro que es tu padre volviendo de la comisaría. ¡Frank, estamos aquí! ¿Ya ha confesado?

Frank entró justo en ese mismo instante en la casa, pálido como la cera, y dejó sus llaves sobre la mesita de centro del salón.

—No, cariño, no fue él.

—De verdad que creía que ya lo habíamos atrapado —soltó Colby. Estaba tirada en el suelo, con las piernas encaramadas en la cama de Stevie—. Nuestro colega Eric encajaba perfectamente con el papel de asesino desquiciado.

Stevie se meció de adelante hacia atrás en su silla, con la mirada clavada en el techo.

—Bueno, pues no pudo ser él porque estaba encerrado en una celda en la comisaría de Saluda cuando dispararon a Blair.

Aquella era la mejor coartada que cualquiera podría haber tenido.

Hacía cinco días, el 1 de junio, a Eric lo habían pillado robando un collar en una joyería.

Se había puesto nervioso y había golpeado al guardia de seguridad que lo descubrió, y después de eso le habían encerrado en una celda y había pasado esa noche en la comisaría.

Se había pasado toda la noche llorando porque iba a perderse el concierto de Blair y no iba a poder darle a su princesa el collar que había robado para ella.

Cuando Jimmy lo había interrogado, también había admitido ser el responsable de varias cosas más: de los regalos que Stevie había recibido últimamente y de escribir buena parte de los correos que Hilton Moore había subido en su página web, aunque no todos.

—¿Y tampoco fue él quien hizo esa llamada tan extraña a Noche con las estrellas ? —le preguntó Colby.

—Ya has oído lo que ha dicho mi padre antes. Ni siquiera estaba en Honeyville cuando se hizo esa llamada.

—Así que tenías razón, tiene que haber más de un acosador.

—Eso creo. También me dijo que no era él quien se escondía tras el perfil de BBSera_mia. Supongo que podría haberme mentido en eso, pero ¿qué sentido tendría? ¿Por qué iba a admitir haber hecho unas cosas pero no otras?

—Y entonces, ¿ahora qué hacemos?

Stevie apoyó los pies sobre el escritorio y se pellizcó el puente de la nariz.

—BBSera_mia no quiere que sigamos investigando el caso, porque no quiere que sigamos indagando en sus secretos. Así que supongo que tenemos que descubrir qué secretos son esos. Porque, si lo hacemos, averiguaremos quién tenía un buen motivo para querer matar a Blair.

—¿Y cómo se supone que vamos a hacer eso?

—Supongo que ciñéndonos al plan original: investigaremos a fondo uno a uno a todos nuestros sospechosos, y repasaremos nuestra lista de preguntas, empezando por Bex Lyons.

—Stevie le echó un vistazo a su reloj de pared; eran poco más de las siete de la tarde—.

Creo que tampoco le importará demasiado que lleguemos seis horas tarde a nuestra cita .