Famosa hasta la muerte 35 #2
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35 #2

Stevie pausó el vídeo, congelando la imagen de Hal en su momento de mayor dolor. Recorrió su rostro en la pantalla con el dedo. ¿Cómo podía haber pensado en algún momento que él podía haberla asesinado?

—¿Crees que servirá de algo?

Annie metió una pizza en el horno con un profundo y largo suspiro.

—¿Alguna vez sirven de algo esta clase de cosas? Con Mia no sirvieron de nada. —Annie pareció percatarse de la amargura que le había impregnado la voz y sacudió la cabeza—. Lo siento, no quería ser tan pesimista.

—Annie, lo entiendo, de verdad.

La mujer se recostó contra la pared, de lado.

—Todas las pistas que nos llegaron no eran más que mentiras de locos o de gente que solo quería nuestro dinero.

—Lo sé, pero ¿no crees que merece la pena intentarlo?

—Lo que creo es que es mejor no hacerse ilusiones.

Al final, cuando todas tus esperanzas desaparecen, eso es lo que más duele.

Cuando Mia desapareció, todo el mundo me decía que no perdiese la esperanza o la fe en que aparecería, pero creo que yo ya sabía que estaba muerta desde el principio.

Podía sentir en el fondo de mi corazón que ya jamás iba a poder recuperar a mi bebé, pero era como si nadie se atreviese a admitirlo en voz alta.

Supongo que yo tampoco me atrevía. Así que me obligué a seguir creyendo que regresaría, en algún momento.

—Lo siento mucho, Annie.

—Lo sé. —Annie tomó las manos de Stevie entre las suyas—. Y solo quiero que seas consciente de que, tanto si descubrimos quién mató a Blair como si no, eso no cambiará el hecho de que ella no va a volver, pero que superaremos todo esto, juntos. Siempre me tendrás a tu lado, Stevie.

—Lo sé —repuso, con los ojos anegados de lágrimas—. ¿Sabes? A veces se me olvida que Blair está muerta. ¿No te parece horrible?

—En absoluto.

—Tampoco es como si antes la viese todos los días, y no siento como si hubiese cambiado nada tras su muerte. Pero entonces me acuerdo de que ya no está y me da un vuelco al corazón al pensar que ya nunca volveré a verla, y ni siquiera sé qué se supone que debo hacer ahora.

—Creo que tienes que hacer lo que tengas que hacer para seguir adelante con tu vida —repuso Annie.

Stevie asintió, pero ¿cómo se suponía que iba a seguir adelante con su vida sabiendo que el asesino de Blair seguía ahí afuera?

—Necesito saber qué le pasó, Annie.

—Y lo entiendo, pero a veces la vida no nos da las respuestas que andamos buscando.

—¿Y qué ocurre entonces?

—Lo que ocurre es que seguiremos estando todos aquí, a tu lado. Hal y yo, tu madre, Frank… Todos.

Stevie soltó un sollozo ahogado.

—¿Crees que papá fue un buen policía?

Annie frunció el ceño.

—¿A qué viene eso?

—¿Y si te dijese que creo que cometió un error con el caso de Aaron Taylor?

Las arrugas que surcaban la frente de Annie se le marcaron un poco más.

—Tu padre es un buen hombre, Stevie. No sé si cometería algún error o no. Pero Frank siempre ha intentado hacer lo correcto.

No pudo seguir mordiéndose la lengua.

—La cosa es que nunca descubrió quién asesinó a Aaron, y el arma homicida tampoco apareció nunca, y toda la investigación se centró solo en encontrar a la persona con la que estaba esa noche, pero no creo que estuviese con nadie.

—Stevie, para. Sé que todo esto es muy confuso y creo que no estoy entendiendo qué es lo que estás sugiriendo. ¿De verdad crees que Frank estuvo involucrado?

Stevie se secó las lágrimas de los ojos con el dorso de la mano.

—No, claro que no estuvo involucrado en el asesinato de Blair. —Se sorbió los mocos—. Es solo que la mataron con la misma pistola que a Aaron y…

Annie la interrumpió, con un brillo dolido iluminándole la mirada.

—Stevie, por favor, no te hagas esto. Escúchame, tu padre no ha tenido nada que ver con esto.

El agente Dean dijo que lo más probable era que el asesino de Aaron vendiese el arma homicida después de cometer el crimen.

Cualquiera podría tenerla. Sé cómo debes de estar sintiéndote en este momento, igual que sé que tu cabeza es capaz de sumirte en la más profunda y horrible oscuridad si se lo permites, pero tienes que aferrarte a lo que sabes que es verdad para no perderte. Y sabes que Frank es un buen hombre.

A Stevie comenzó a temblarle el mentón. Se odiaba por haber permitido que su cerebro la llevase por ese camino. Las lágrimas que había estado conteniendo se deslizaron por sus mejillas.

—¿Y si me estoy volviendo loca?

Annie se apresuró a acercarse a ella y la agarró de los hombros con firmeza.

—No te estás volviendo loca, Stevie. Es normal querer saber qué fue lo que pasó, pero tienes que dejar que la policía se encargue de esa parte. Jimmy está siguiéndole la pista al acosador, y ahora también tiene su ADN, solo nos queda esperar a ver si encuentra algo más.

Stevie enterró el rostro entre sus manos. El acosador. Tendría que estar centrándose en él y no en su padre. Alzó la mirada hacia Annie, avergonzada.

—Tienes razón. Pues claro que tienes razón. Por favor, no le digas a nadie lo que te he dicho sobre papá.

Annie le acarició la mejilla con dulzura.

—No le diré nada a nadie, cariño.

El temporizador del horno eligió ese momento para saltar. Annie le dio un suave apretón y se alejó de ella para sacar la pizza.

—Esta vez solo se me ha quemado un poco. Así que, según mis estándares, ¡esto es todo un éxito!

Stevie esbozó una sonrisa.

—¿Qué te parece si cenamos pizza, nos ponemos algún programa tonto en la tele y te quedas esta noche a dormir en la habitación de invitados?

—¿Y papá? Tampoco quiero dejarlo solo… —Después de lo que había pensado sobre él, de lo que había dicho, necesitaba verlo cuanto antes.

No le gustaba la idea de dejarlo solo en casa.

Y tal vez uno de sus fuertes abrazos de oso podía ayudarla a librarse de la culpa que le oprimía el pecho, a hacerla sentir un poco mejor.

—Yo le llamo. —Annie tomó su teléfono, llamó a su padre y lo puso en altavoz.

—Hola, Annie, cielo.

—Hola, Frank, tengo a Stevie aquí conmigo.

—Hola, papá —dijo Stevie.

—Hola, Osita.

—Le he pedido que se quedase a dormir aquí esta noche, pero dice que tampoco quiere dejarte solo en casa.

—Es una buena chica, esa hija mía.

Stevie tuvo que morderse la lengua para no decirle que en realidad no era ninguna buena chica, al tiempo que la culpa le revolvía el estómago.

—Me alegro de que os preocupéis por mí, chicas, pero estaré bien. Jimmy está aquí conmigo, estamos repasando todo lo que sabemos sobre el caso de Aaron Taylor, para ver si pasamos algo por alto en el pasado.

—¿De verdad? —dijo Stevie, y se le rompió ligeramente la voz al decirlo—. ¿Le vais a echar un vistazo también a los testimonios de los testigos?

—Le vamos a echar un vistazo a todo lo que tenemos, Stevie, no te preocupes. Si hay alguna pista entre todos estos papeles, la encontraremos. Tengo que colgar ya, he dejado a Jimmy solo en la buhardilla.

—Vale, Frank, buena suerte.

—Buenas noches, chicas.

—Te quiero, papá —le dijo Stevie.

—Yo también te quiero, Osita.

Annie colgó la llamada, le dedicó a Stevie una pequeña sonrisa y enarcó las cejas.

—¿Has visto? Te dije que era un buen hombre .