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S tevie le echó un vistazo a la pantalla de su teléfono, eran casi las ocho de la tarde. Colby le había mandado un mensaje de voz hacía media hora. Le dio a reproducir y esperó a escuchar cómo le había ido con Terence.
— Aquí Colby, de la genial pareja de detectives, Stevie y Colby, informando a las siete y treinta y siete del cinco de junio.
Stevie puso los ojos en blanco ante aquel intento de profesionalidad por parte de Colby.
—Bueno, a lo que iba, la reunión con TT ha ido genial. ¡Estoy enamorada de sus hoyuelos! ¿Te has fijado en ellos? ¡Son monísimos?
Ah. Pues parecía que el profesionalismo había quedado relegado a un segundo plano.
—¡Se suponía que tenías que preguntarle por si sabía si había alguna clase de conexión entre Blair y Aaron! —le gritó al teléfono.
Fue como si Colby la hubiese oído, porque cuando siguió hablando dijo:
—Bueno, dejando sus preciosos hoyuelos a un lado, ¡pasamos a lo del interrogatorio! TT me ha dicho que… Espera, ¿nos gusta lo de TT? ¿Me convence? Tal vez sería mejor llamarle Terence. Suena más varonil…
—¡Me estás matando, Colby! —gritó Stevie, y entonces oyó a Shiralee desbloquear su coche para irse al trabajo. Probablemente no era la mejor idea que la viese gritándole a su teléfono. Se hundió un poco más en su asiento para tratar de terminar de escuchar el mensaje de Colby más calmada.
—Bueno, el caso es que Terence y Aaron eran muy buenos amigos, y dijo que Aaron nunca le habló de Blair.
Y tampoco se le ocurrió que pudiesen compartir alguna clase de conexión.
Así que opté por preguntarle sobre la historia de Aaron.
La verdad que el chico había tenido una vida bastante triste antes de acabar con los Thompson…
¿Sabías que sus padres murieron de cáncer, los dos?
Stevie asintió con la cabeza. Sí que lo sabía. Era una historia muy triste.
—La primera en morir fue su madre, y su padre falleció solo un año después, por eso acabó mudándose a Honeyville para vivir con Marvin y Gloria.
Terence me dijo que, al principio, Aaron era un chico bastante callado y triste, y que a veces parecía estar enfadado con el mundo, lo que es de lo más comprensible, la verdad.
Pero Marvin y Gloria lo querían como si fuese su propio hijo.
Se preocupaban por él y lo ayudaron a sobrellevar su duelo.
A Aaron también le fue muy bien con los Thompson; estudiaba para sacar las mejores notas posibles, lo admitieron en el equipo de fútbol americano, y siempre era amable y educado con todo el mundo.
Terence cree que, en parte, siempre estaba intentando ser así porque le preocupaba que quisiesen mandarlo lejos si daba alguna clase de problema.
Y Terence también me dijo que, aunque hubiese dado problemas, los Thompson jamás habrían renegado de él.
Marvin y Gloria adoraban a Aaron, pero supongo que, cuando has perdido tanto, es complicado no pensar que puedes volver a perderlo todo de un día para otro.
Stevie tragó con fuerza. Ese pobre chico.
—Terence me dijo que Aaron a veces asumía demasiados riesgos innecesarios.
Se lanzaba de cabeza a cualquier aventura que se le presentase, por muy imprudente que fuese, como dar un paseo en coche a altas horas de la noche o hacerle una entrada demasiado agresiva a alguno de sus rivales en medio de un partido de fútbol, como si estuviese tratando de encontrar algún modo de dejar salir todo ese dolor que llevaba por dentro.
Pero cuando le pregunté a Terence si sabía de alguien que hubiese podido querer hacerle daño por ese motivo, me dijo que no se le ocurría nadie.
Me dijo que Aaron no tenía enemigos, al menos, no que él supiera; sí que tenía muchos amigos, aunque ninguno tan cercano como él.
Oyó el siseo de una lata de refresco al abrirse, seguido del sonido de Colby dándole un buen trago.
—Lo siento, el hablar tanto me ha dado sed.
Bueno, el caso es que le pregunté a Terence por la noche en que mataron a Aaron, y me dijo que Aaron se había saltado la fiesta del Cuatro de Julio que daba su familia para ir al aserradero a buscar unas cuantas herramientas y tablones de madera, que necesitaba para terminar un proyecto que tenía entre manos, y lo hizo solo porque sabía que, esa noche, no habría nadie por allí.
Le estaba construyendo una casa en el á rbol o una especie de casita de juegos, o algo así, a la hermana pequeña de Terence.
También me dijo que Aaron siempre estaba haciendo mil cosas para demostrarles a los Thompson lo agradecido que les estaba por haberle acogido, aunque a Terence le habría gustado que Aaron no sintiese que debía demostrarles nada.
Me dijo que creía que Aaron llevaba alrededor de un mes colándose en el aserradero, llevándose un tablón de madera de vez en cuando, y tomando prestadas las herramientas que necesitaba.
Pero luego las devolvía. —Colby suspiró con fuerza—.
Bueno, en resumen, eso es todo. Ya me cuentas luego qué tal te ha ido a ti.
Voy a estar en mi casa, por si te quieres pasar por allí cuando acabes. ¡Chao!
Stevie conectó su teléfono al coche y le dejó un mensaje de voz a Colby antes de arrancar.
—Buen trabajo con Terence. Estoy un poco cansada, así que creo que mejor voy a volver a casa. Pero nos vemos mañana y te pongo al día con lo que he descubierto. —No quería decirle nada más por mensaje. Ni siquiera estaba segura de querer contarle lo que había averiguado cara a cara.
Arrancó el coche y condujo hacia Clover Lane, pero cuando llegó al cruce, una oleada de pánico se apoderó de ella y, por algún motivo, decidió seguir conduciendo sin un rumbo fijo.
Todavía no estaba lista para enfrentarse a su padre.
¿Qué se suponía que iba a decirle? «Oye, papá, ¿te acuerdas de ese caso que casi te mata?
¿Por casualidad no cometiste un error o mentiste en el informe?
». ¿Acaso estaba preparada para escuchar lo que quiera que tuviese que responder a eso?
Tan solo pasaron diecisiete minutos entre la llamada de Shiralee y la hora en la que su padre y Jimmy llegaron al aserradero para encontrarse con el cadáver de Aaron Taylor.
Si es que ya había estado muerto.
Aquella idea se abrió paso a través de su cabeza como una daga afilada, haciendo que el corazón le comenzase a latir el doble de rápido que antes.
Un coche que venía por el otro lado de la carretera hizo sonar el claxon con fuerza.
Stevie dio un respingo y se fijó en que estaba yendo por el centro de la calzada, justo sobre la línea continua, por lo que regresó rápidamente a su carril.
¿En qué narices estaba pensando? Su padre, Frank, en quien siempre se podía confiar para todo, que era leal hasta la médula, que había trabajado de forma incansable en el caso de Aaron Taylor, hasta tal punto de que incluso había acabado enfermando por ello…
, ¿estaba involucrado en su muerte? Aquello no tenía ningún sentido.
No podía ser cierto, porque la pistola que había sido usada para matar a Aaron era la misma que había asesinado a Blair.
Era imposible que Frank hubiese asesinado a su propia hija.
Era totalmente impensable. Y, además, había estado con Marnie todo el tiempo.
El corazón comenzó a latirle a un ritmo un poco más normal y estable.
Estaba dándole demasiadas vueltas a todo, buscando alguna clase de conexión donde era evidente que no la había.
Estaba conduciendo sin rumbo, preguntándose qué se suponía que debía hacer a continuación, cuando la llamó Annie.
—Stevie, solo te llamaba para ver qué tal estabas. La charla con Jimmy ha sido… intensa.
Stevie se alegraba de oír su voz, de escuchar su genuina preocupación impregnándola. Y, en lugar de responder con un «estoy bien», dijo:
—¿Puedo ir a verte?
Annie le abrió la puerta en cuanto la vio aparecer y la esperó en el umbral con los brazos abiertos.
—¿Has comido algo?
—¿Comer algo? —A Stevie ni siquiera se le había pasado la comida por la cabeza.
—Voy a meter una pizza en el horno. —Annie la llevó hacia la cocina—.
Hal se ha llevado a Marnie al estudio de televisión para grabar el vídeo para pedir información sobre lo de Blair que le ha sugerido Jimmy.
Han tardado cuatro horas en coche hasta allí, por lo que han decidido quedarse en un hotel de la zona para pasar la noche, así que hoy estaremos solo nosotras.
Stevie se sentó en la barra de desayuno que tenían Hal y Annie en la cocina.
—Se me había olvidado lo del vídeo. ¿Ya lo han grabado? ¿Lo has visto? ¿Qué tal lo ha hecho?
Annie tomó el iPad que debía de haber dejado antes a un lado.
—Puedes verlo tú misma, lo han subido hace un rato, así que a estas alturas ya está por todo internet.
En el vídeo, Marnie salía sentada en un sofá, bajo la pálida luz de los focos del estudio de televisión, le temblaba un poco la voz cuando se acercó el micrófono a los labios y clavó la mirada en la cámara, con los ojos enrojecidos, como si hubiese estado llorando, y abiertos de par en par.
—Por favor —suplicaba en un susurro—, si sabéis quién llamó ese día a Noche con las estrellas …
—Las palabras se le quedaron atoradas en la garganta, y se le notó en la expresión cómo el corazón se le rompía en mil pedazos cuando, en la pantalla que tenía a la espalda, proyectaron un vídeo de Blair, sentada junto a Avery Rose, con su mono negro cubierto de pedrería, justo cuando recibieron aquella llamada anónima tan extraña.
En el estudio, Marnie se echó a llorar en silencio.
Entonces apareció Hal en escena y le pasó un brazo por los hombros a su madre para tratar de tranquilizarla. Se le quebró la voz cuando miró a la cámara, y tenía la mandíbula tensa y los ojos brillantes por culpa de las lágrimas contenidas.
—Blair era más que solo una cantante famosa, más que cualquiera de sus canciones. Era una hija y una hermana, y todos la queríamos muchísimo. Por favor, si sabéis algo que pueda ser de ayuda, decídnoslo.