Famosa hasta la muerte 32
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L a misma arma? Stevie no alcanzaba a comprender cómo aquello podía ser posible. ¿Qué tenía que ver la muerte de Blair con la de un chico al que habían asesinado hacía casi media década?

El tío Jimmy se quedó helado, sin decir nada. Toda la confianza que había mostrado hacía tan solo un momento se desvaneció de un plumazo.

Frank se levantó de su asiento, tirando la silla en el proceso por la fuerza del impulso, y salió de la cocina hecho una furia.

Marnie se dispuso a seguirlo, pero Jimmy alzó una mano, deteniéndola.

—No, ya voy yo. —Su voz sonaba firme, como si fuese una orden, por lo que Marnie volvió a dejarse caer en su asiento.

—¿Qué mosca le ha picado a papá? —preguntó Hal.

Stevie se mordió el labio. El que hubiesen encontrado una coincidencia con el arma homicida de otro caso debía de ser algo bueno, ¿no?

Oliver se acercó a la mesa.

—Creo que lo entiendo.

—¿De verdad? —Stevie dudaba que Oliver comprendiese mejor a su padre que ella.

—Supongo que, cuando el arma de un caso que no has logrado resolver acaba viéndose involucrada en el asesinato de tu propia hija, es probable que te culpes por su muerte…

Stevie se volvió hacia la silla en la que había estado sentado su padre, que seguía tirada en el suelo. Oliver tenía razón. Su padre sería de aquellos que se culparían por algo así. Estaba claro que ya se culpaba por ello.

Annie se llevó las manos a la cabeza.

—No… No… No puedo creer que esto esté ocurriendo. Pobre Frank.

Stevie se levantó de su asiento y se acercó a la ventana de la cocina.

Su padre y su tío estaban al fondo del jardín.

Frank estaba gesticulando sin parar, mientras Jimmy asentía y después negaba con la cabeza, como si estuviese respondiendo a sus preguntas.

Entonces le colocó ambas manos sobre los hombros, intentando tranquilizarlo.

Todo ese estrés no podía ser bueno para su corazón.

—¿Cómo es posible que el arma que se utilizó para matar al pobre chico de los Taylor sea la misma que disparó a Blair? —preguntó Marnie.

—Supongo que hay tres hipótesis posibles —comenzó a decir Oliver, incluso aunque Stevie no creía que su madre hubiese formulado aquella pregunta esperando una respuesta—.

La primera, que quien asesinó a Aaron Taylor vendiese el arma después de cometer el crimen y que el asesino de Blair fuese quien la comprase.

La segunda, que puede que el asesino de Aaron tirase la pistola a la basura y alguien la encontrase, y la tercera…

Stevie se volvió de nuevo hacia la mesa, y su mirada se encontró de inmediato con la de Oliver.

—Que el asesino de Aaron Taylor y el de Blair sea el mismo.

—Exacto —dijo Oliver.

Stevie se quedó en blanco. No lograba comprender qué conexión compartía su hermana con Aaron Taylor.

—Pero ¿cómo es posible que un acosador loco esté relacionado con el caso de Aaron Taylor? No tiene ningún sentido.

—Desde luego, nos obliga a plantearnos este caso desde otro enfoque.

Mi instinto me dice que el asesino de Blair compró el arma homicida sin saber que esa misma pistola había sido utilizada en el pasado para cometer otro asesinato.

Ya he pedido que saquen todos los archivos del caso Taylor para revisarlos en cuanto volvamos a la comisaría —siguió diciendo Oliver—.

A lo mejor hay algo que se les pasó por alto en su momento.

Stevie estableció rápidamente la siguiente conexión: tanto el teléfono desechable como el arma homicida estaban relacionados con Honeyville, lo que sugería que el asesino de Blair también podría estarlo.

Dios, se había equivocado al creer que la muerte de su hermana había sido cosa de Kirk Tyler.

En ese momento, todas las pistas apuntaban al acosador, pero ¿quién era?

¿El que se escondía tras BBSera_mia? ¿El tipo de la gabardina?

¿El que no paraba de dejarle regalos siniestros?

¿Y si todos eran la misma persona? ¿Podría ser el novio secreto de Blair? ¿Y si el novio también era el acosador?

—¿Blair conocía a Aaron? —preguntó Oliver—. Sé que Frank trabaja en ese centro comunitario.

—Frank solo conoció a los Thompson, los padres de acogida de ese pobre chico, después de que asesinasen a Aaron —dijo Marnie—. No me suena haber oído a Blair mencionarlo nunca. Stevie, ¿tú sabes si lo conocía?

Stevie se dio la vuelta y se recostó contra el fregadero.

—No, pero estoy un noventa y ocho por ciento segura de que no se conocían de nada. —Frunció el ceño. Había sonado como Colby.

—¿Estáis seguros de lo del arma? —preguntó Annie—. ¿No podría ser que los de balística hubiesen cometido un error?

—Cuando analizaron la bala, todos los parámetros coincidieron. —Oliver estaba apretando con firmeza la mandíbula y no tenía ni un solo atisbo de duda en la mirada.

Annie tragó con fuerza y clavó la mirada en la ventana.

—Esto le va a romper el corazón a Frank. Ya sabéis lo mucho que le afectó el caso de Aaron Taylor, y él tiene razón. —Señaló a Oliver—. Frank se va a culpar a sí mismo por la muerte de Blair… ¿Y si eso hace que le dé otro ataque? Todo esto es horrible.

Hal se levantó de su asiento y se acercó a su mujer para abrazarla, pero Annie se alejó antes de que pudiese hacerlo.

—No, para. Estoy bien. Lo siento. Creo que voy a volver a casa. Todo esto ha sido… demasiado.

—Voy contigo.

Annie retrocedió un paso más, como si no lo quisiese cerca.

—No, tú quédate aquí.

—Annie, cielo… —dijo Marnie, pero Annie se dio la vuelta y salió corriendo hacia la puerta.

—¿Está bien? —Stevie nunca había visto a Annie ponerse así. Ni tampoco la había visto mirar a Hal como lo había hecho hacía tan solo un segundo, como si estuviese acusándolo de algo.

—Ya conoces a Annie, siempre siente todo con demasiada intensidad, y ya sabes lo mucho que quiere a papá.

Y este caso también está despertando algunas antiguas emociones que ya habíamos logrado enterrar tras lo de Mia —repuso Hal—.

Ha estado durmiendo bastante mal últimamente.

Y se pasó casi toda la noche prensando flores.

—¿Flores? —preguntó Marnie.

—Ah. Se suponía que iba a ser una sorpresa. Está haciendo un libro de flores prensadas con el ramo que mandó Blair para disculparse. Haz como si no supieras nada cuando te lo regale.

—Es un gesto muy bonito. —Marnie se llevó una mano al corazón—. Es una buena chica. Asegúrate de cuidar bien de ella.

—Siempre lo hago. —Hal señaló la ventana con un gesto de la cabeza—. Es papá quien me preocupa. Después de lo mal que se puso…

Marnie negó con la cabeza, volviéndose a mirar rápidamente a Stevie, al tiempo que Hal dejaba aquella frase colgando.

—¿Qué pasa? —dijo Stevie. Sabía que el caso de Aaron Taylor le había afectado mucho a su padre, pero por cómo se estaban comportando Marnie y Hal estaba claro que había algo más—. ¿Qué es lo que no me estáis contando?

—Tu hermano se refiere a cuando le dio el ataque —repuso Marnie, levantándose de su asiento—. Agente Dean, ¿podemos ofrecerte algo de beber? ¿Un vaso de té helado? ¿O un café?

—No, gracias. —Echó un vistazo a través de la ventana—. Debería dejar que el jefe se encargue de esto. Yo tengo que volver a la comisaría para ver si encuentro algo más sobre el arma homicida. Le pediré al agente Dwight que me sustituya esta noche en el turno de vigilancia.

—Pero ¿no has venido en el coche de Jimmy? —le preguntó Stevie.

—No me importa caminar.

Hal le dio una palmada suave a Stevie en el hombro.

—No te preocupes, seguro que a mi hermana no le importa llevarte.

Stevie abrió el coche con la llave y Oliver se encargó de abrirle la puerta del conductor. La sonrisa que le dedicó al hacerlo le hizo morderse la lengua justo cuando había estado a punto de soltarle que era perfectamente capaz de abrirla ella solita.

Oliver se subió en el asiento del copiloto y Stevie arrancó el coche. La radio comenzó a sonar a todo volumen y Oliver dio un respingo ante la repentina música. Stevie se carcajeó, la apagó y salió del camino de la entrada.

—¡Vaya, menudo griterío!

Stevie se volvió hacia él y esbozó una sonrisa divertida.

—¿Griterío?

Oliver cerró los ojos con fuerza y apoyó la cabeza sobre el asiento.

—Esa era tu hermana, ¿a que sí?

—Ajá.

—En mi defensa, me estaba refiriendo al volumen de la canción, no a su voz.

Stevie sonrió, cualquier incomodidad que le hubiera podido causar la idea de quedarse a solas en un coche con él se desvaneció de un plumazo. Al estar tan cerca, no pudo evitar fijarse en lo bien que olía: un aroma cálido y amaderado, como a cedro y sándalo; un aroma intenso, aunque reconfortante.

Condujeron en silencio durante un buen rato, en el que Stevie aprovechó para repasar mentalmente el fragmento de Noche con las estrellas que Jimmy les había mostrado, una y otra vez.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —le dijo.

—Puedes. Si yo puedo responderla es otra cosa.

Stevie se volvió a observarlo de reojo, sin saber si estaba bromeando o diciéndole la verdad. Lo más probable es que fueran ambas.

—¿Crees que Blair conocía a su asesino? La llamada desde Honeyville, el arma… Y la persona que llamó al programa dijo: «Sé lo que hiciste». Y es necesario conocer a alguien para saber lo que hizo, ¿no?

—O tal vez solo hace falta ser un fan muy entusiasta, cualquiera de los dos es posible. —Oliver se rascó la nuca como si estuviese pensándolo profundamente—. ¿Crees que Blair hizo algo?

—¿Algo que pudiese hacer que alguien la quisiese matar? No lo sé. Puede ser. Sabía muchas cosas.

—¿Sobre Kirk Tyler?

—¿Sabes lo que hizo?

—Sí. Estaba con Jimmy cuando habló con Melissa.

—¿Qué aspecto te pareció que tenía?

—Nerviosa, como si no estuviese diciéndonos toda la verdad.

—Pero Jimmy dice que Kirk no pudo haber asesinado a Blair.

—Y tiene razón. Su coartada es sólida. Sinceramente, creo que el acosador de Blair es nuestro principal sospechoso.

Alguien capaz de hacer un collage con fotos tan horribles como el que te dejó en tu cuarto no puede estar bien de la cabeza.

Aunque eso no significa que Kirk Tyler no sea un grandísimo HDP.

Stevie no pudo evitar esbozar una sonrisa. En parte le gustaba que no hubiese dicho que Kirk Tyler era un grandísimo hijo de puta delante de ella.

—No debería irse de rositas después de lo que le hizo a Melissa Carter.

—No. No debería. Pero lo hará si nadie testifica en su contra. Si no hay pruebas, no hay caso.

Cuando era pequeña, Stevie solía pensar que la policía siempre acababa atrapando a los malos y castigándolos por sus delitos.

Siempre que Frank se iba a trabajar, se despedía de ella con un: «¡Me voy a atrapar a los malos!

». Y ella solía pensar que su padre era como una especie de superhéroe.

Quizás él también lo creía. Tal vez por eso el caso de Aaron Taylor le había afectado tanto.

—¿Qué te hizo querer ser policía? —preguntó Stevie.

—Las tías buenas y los coches rápidos —respondió Oliver, guiñándole un ojo.

Stevie soltó una sonora carcajada, pero no apartó la mirada de la carretera.

—¿Y qué tal te está yendo?

—No muy bien. Jimmy ni siquiera me deja conducir.

Stevie esbozó una sonrisa divertida, con los labios apretados. De ninguna manera iba a preguntarle por lo de las tías buenas.

—Pero supongo que el tener un trabajo con el que sientes que estás haciendo algo bueno por los demás lo compensa, ¿no?

—Supongo que sí. Esto es lo que siempre había querido hacer. Empecé mis catorce semanas de entrenamiento en cuanto cumplí veintiuno. Y, en unos meses, si todo sale según el plan, acabaré las prácticas y seré policía de pleno derecho.

No pudo evitar mirarlo de reojo. Tenía un perfil hermoso.

Desde luego, tenía la mejor nariz que había visto nunca.

¿Cómo era posible que no se hubiese fijado en ello hasta ese momento?

Dios, menos mal que no le había roto la nariz cuando le había pegado.

Volvió a clavar la mirada en la carretera.

¿Qué narices estaba haciendo? ¡¿Es que no podía centrarse en la conversación y decir algo normal? !

—Debe de ser agradable saber qué es lo que quieres hacer con tu vida desde el principio. Mi padre era igual. Nunca se habría retirado del cuerpo de no ser por su corazón. Creo que se perdió un poco a sí mismo cuando entregó su placa.

—¿Su corazón?

—Sé que parece que es tan fuerte como un toro. Pero tiene pericarditis, y el estrés tan solo empeora su situación.

—Ya veo. —Oliver asintió con la cabeza y se removió en su asiento—. Sí, supongo que lo es.

Se quedó callado por un momento, y Stevie no pudo evitar preguntarse en qué estaría pensando.

—¿Alguna vez has tenido ganas de seguir sus pasos? —le preguntó Oliver.

—¿Yo? ¿Policía? Ni de broma.

—A mí no me sorprendería, siempre vas por ahí haciendo cientos de preguntas.

Stevie se rio.

—No sería capaz de llevar un arma encima. Pero sí que me he planteado alguna vez estudiar Derecho.

Nunca le había contado eso a nadie. Incluso se sorprendió al darse cuenta de que lo había admitido en voz alta, porque jamás lo había llegado a considerar una opción real.

—Creo que serías una magnifica abogada. ¡Yo me encargo de arrestarlos y tú de meterlos en la cárcel!

Stevie se adentró en el aparcamiento de la comisaría y apagó el motor. De repente, se sentía muy nerviosa. Seguramente porque ahora tenía que pasar por el proceso de despedirse de él, y necesitaba disculparse por haberle dado un puñetazo en la cara.

—Gracias por traerme —le dijo Oliver, llevando una mano a la manilla de la puerta.

—Siento mucho haberte pegado —soltó Stevie a la carrera—. Pero tenía mis razones.

Él se giró, y fijó sus pobres y morados ojos en ella.

—Sé por qué lo hiciste, Stevie.

Ella se encogió bajo su atenta mirada.

—¿Lo sabes? No estaba segura…

—No hay que ser Sherlock Holmes para saber que lo hiciste porque querías hablar con esa chica.

—¿Y pediste que me encerrasen en la celda frente a ella a propósito?

—No, solo que pensé que la sobrina del jefe del Departamento de Policía debería estar en la mejor celda.

—La 3B estaba bastante bien, la verdad —comentó.

—Pero en el caso de tu amiga, no acabo de entender del todo por qué lo hizo.

Stevie se carcajeó.

—Colby es así.

—Debería irme ya. —Abrió la puerta y se bajó del coche—. Adiós, Stevie.

Ella no pudo evitar seguirlo con la mirada hasta que desapareció tras las puertas de la comisaría. Y después se hundió en su asiento. No, Stevie, no lo hagas. NO lo hagas.

Pero sabía que ya era demasiado tarde. Se había colado por el guapísimo agente Dean .