Famosa hasta la muerte 31 #3
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A Stevie se le puso la piel de gallina y Annie se sobresaltó tanto que casi derramó su vaso de agua. ¿En serio tenía Jimmy que darle ese toque dramático? ¿No era ya bastante dramática la situación de por sí?

—¿Y crees que fue su asesino? —le preguntó Stevie.

—No podemos sacar conclusiones precipitadas —respondió, aunque estaba claro que eso era justo lo que estaba haciendo—, pero la llamada se hizo desde el mismo teléfono desechable que llamó a Blair justo antes de que le disparasen.

—Jimmy se recostó en su asiento y aguardó a ver cómo se tomaban aquello.

Todos se quedaron callados por un momento. Jimmy tenía razones para estar emocionado. Porque aquella era una pista bastante buena.

—¿Qué clase de persona llamaría a un programa de televisión solo para hacer eso? —preguntó Marnie.

—Yo te diré quién, un loco —repuso Hal—. Y supongo que también será la misma persona que le mandó esos correos a Blair, que le dejó esos paquetes a Stevie… El acosador de Blair, ¿no?

—Es una posibilidad, sí, porque sin duda encaja dentro del perfil que le hemos hecho —respondió Jimmy.

—Dime que el programa no va a emitir esa parte —le pidió Marnie.

—Les hemos pedido que lo hagan —dijo Jimmy.

—¿Que habéis hecho qué? —gritó Marnie—. No. No pienso permitirlo. No quiero que todos los morbosos que hay ahí fuera vean cómo el asesino de mi hija la amenaza en un programa de televisión solo para divertirse un poco.

—¿ En serio, Jimmy? ¿Por qué les habéis pedido que hagan algo así? —soltó Hal.

—Escuchadme, quienquiera que sea el asesino probablemente tenga amigos, familia o gente a su alrededor que a estas alturas ya se han dado cuenta de que últimamente se comporta de una forma más extraña de lo habitual.

Seguro incluso se habrán fijado en que se ha obsesionado con Blair tanto antes como después de su muerte.

Se me ocurrió que, si emiten esa parte del programa, quizás podamos convencer a alguien de que los delate.

—Jimmy habló con tanta confianza que incluso Stevie llegó a pensar que aquello podría funcionar.

—Pero vosotros ya habéis visto la grabación —repuso Annie—, ¿y seguís sin tener ni idea de quién es?

—Solo la he visto yo —dijo Jimmy—. No es muy larga, y había demasiado ruido, como si estuviesen usando algo para distorsionar su voz, alguna clase de aplicación o algo así, pero creo que merece la pena intentarlo de todos modos.

Stevie señaló su ordenador con un gesto de la cabeza.

—Pues, adelante, veámoslo.

Jimmy giró el portátil y le dio a reproducir.

En el vídeo, Blair aparecía sobre el escenario, con un mono largo negro, con una guitarra dibujada con pedrería sobre la tela, con el mástil del instrumento bajándole por la pierna izquierda.

Estaba esbozando una sonrisa con sus labios rojos, dejando al descubierto una dentadura demasiado blanca.

Marnie cerró los ojos, apartó la mirada, y se obligó a volver a ver el vídeo cuando dieron paso a la persona que había llamado. Avery Rose, la presentadora, decía:

—Ahora, creo que tenemos otra llamada más, de Riley, que tiene una pregunta sobre la inspiración tras tu éxito «Broken Roots and Burnt Bridges».

Blair se llevó entonces una mano al pecho.

—¡Hola, Riley, gracias por llamar! Esa canción siempre será muy especial para mí. ¿Qué querías preguntarme?

La persona al otro lado de la línea tardó un momento en responder. Stevie apenas pudo distinguir el sonido del programa por encima de su respiración.

—¡Creo que nuestro oyente está un poco nervioso! —dijo Avery—. ¡Venga, no seas tímido!

—Sé lo que hiciste. —El tono, grave y antinatural, tenía incluso un deje robótico.

—¿Quién…? ¿Quién eres? Yo… Eh… —dijo Blair, con voz temblorosa.

A Stevie se le pusieron los pelos de punta. En la pantalla, Avery se echó a reír, nerviosa, pero Blair estaba en shock y tenía los ojos abiertos de par en par, claramente asustada.

—Riley, ¿tienes alguna pregunta…? ¿Riley…

? ¿Riley, sigues ahí? —Avery salía sonriéndole a la cámara y después volvía a hacerse con el hilo del programa—.

¡Parece que ha colgado, pero creo que todos sabemos que lo que hizo Blair fue lanzar un álbum que ha vendido más de diez millones de copias en todo el mundo!

La audiencia rompía entonces en aplausos, y Blair sonreía, pero no esbozaba una sonrisa sincera y amplia, sino una en la que mostraba muchos menos dientes.

Con el miedo todavía refulgiéndole en la mirada.

Stevie quería alargar la mano hacia la pantalla y tocarla, preguntarle: «¿Qué es lo que hiciste? ».

El vídeo acababa entonces. Marnie se echó a llorar.

—Era él, ¿verdad?

Annie alargó una mano temblorosa hacia las de Marnie y se hundió en su asiento. Hal enterró el rostro entre sus manos.

—Que lo emitan —le pidió Frank, hablando por primera vez desde hacía un buen rato—. Que emitan ese programa y averigua quién es ese cabrón.

Jimmy asintió, complacido por haberse salido con la suya, y cerró el ordenador.

—Una cosa más, Marnie, nos gustaría que grabases un mensaje que pudiesen emitir justo al final del programa, pidiéndole a la gente que, cualquiera que pueda tener información relevante, nos lo haga saber.

Marnie se sorbió los mocos y se secó las lágrimas de los ojos.

—No sé, Jimmy…

—Me gustaría que lo grabases esta misma tarde en el estudio de la PNN.

—¿Esta tarde? No sé si voy a poder…

Jimmy alargó una mano hacia las suyas.

—Creo que lo harías muy bien, Marn. Si…

Oliver apareció en ese momento en el umbral y carraspeó con fuerza.

—Lamento interrumpir, pero ya tenemos los resultados de balística.

—¿Y? —le preguntó Jimmy.

—Han encontrado una coincidencia con el arma homicida. —Oliver se pasó una mano por el cabello y suspiró con fuerza—. No sé cómo decir esto…

—Escúpelo de una vez —dijo Jimmy.

—A Blair le dispararon con la misma arma que mató a Aaron Taylor .