31 #2
Frank le arrebató el teléfono de las manos, colgó y mantuvo pulsado el botón de encendido hasta que la pantalla se fundió en negro.
—Ya está, apagado. Lo siento, Jimmy, nos estabas hablando de la coartada de Kirk Tyler.
Jimmy hizo un gesto displicente con la mano y respondió a toda prisa.
—Es sólida. No es posible que sea el asesino de Blair.
A Stevie se le cayó el alma a los pies, y sus esperanzas murieron en ese mismo instante.
—¿Estás seguro?
—Estaba en la sala de control con otras quince personas más cuando murió Blair, junto con Bex Lyons y todo el equipo técnico, así que sí, Stevie, estamos bastante seguros.
Stevie se dejó caer de nuevo contra el respaldo de su asiento. Así que Bex tampoco era una asesina a sueldo, a pesar de lo que Colby pudiese opinar sobre ella por su corte de pelo. A menos que…
—Todas esas personas trabajan para él, ¿cabe la posibilidad de que estén mintiendo?
—¿Cómo? ¿Todos? ¿Es que de verdad me estás pidiendo que siga investigando a un hombre inocente, Stevie?
—Las palabras del tío Jimmy sonaron bruscas, cortantes—.
¿O prefieres que sigamos buscando al asesino de Blair?
Alguien se coló ayer en tu cuarto, la misma persona que te está dejando notas bastante depravadas, y aun así insistes en que sigamos investigando a Kirk Tyler.
—¡Porque es un pedófilo! —soltó Stevie, furiosa.
—¿Stevie? —la llamó Marnie. Se volvió hacia Frank—. ¿De qué está hablando?
—Estoy investigando un asesinato, Stevie —repuso Jimmy—.
Y te estoy diciendo que Kirk Tyler no es nuestro asesino.
Pero si tienes alguna prueba que demuestre que Kirk Tyler está involucrado en cualquier otro tipo de actividad delictiva, tienes que decírmelo ahora mismo, porque he tenido una charla bastante larga con tu amiga Melissa Carter y con sus padres, y no tenían más que cosas buenas que decir sobre Kirk.
Stevie cerró los ojos con fuerza. No se podía ni imaginar lo dura que tenía que haber sido aquella conversación para Melissa.
—Jimmy, ¿qué está pasando? ¿Quién es esa tal Melissa Carter? —le preguntó Marnie.
—Solo estoy haciendo mi trabajo, Marnie —respondió Jimmy, sin apartar la mirada de Stevie—. Eso es lo que está pasando. ¡Y Stevie no me lo está poniendo nada fácil cuando no deja de interferir en el caso! Así que, Stevie, ¿tienes alguna prueba o no?
Stevie se hundió en su asiento y se mordió el labio inferior, furiosa.
Era plenamente consciente de que Melissa jamás accedería a hablar con la policía, y tampoco sabría nunca si la historia que Blair quería contarle a Hilton Moore antes de morir trataba sobre Kirk Tyler, porque ella nunca había llegado a decirle de quién trataba. Así que no, no tenía ninguna prueba.
—Muy bien, entonces —repuso Jimmy, satisfecho.
Annie le dio otro sorbo a su vaso de agua y trató de reconducir la conversación hacia un tema más tranquilo.
—¿Qué hipótesis estáis barajando de momento? ¿Tenéis algún sospechoso principal?
—Con el ADN que extrajimos del marco, nos estamos centrando en identificar al acosador de Blair.
Estamos revisando a fondo los correos, pero todos fueron enviados desde distintas direcciones, y con ordenadores con direcciones IP repartidas por todo el país, así que nos va a llevar un tiempo averiguarlo, pero estamos progresando poco a poco.
—Leí los correos que filtró Hilton Moore en su página web —comentó Annie—, y eran bastante escalofriantes. Está claro que solo alguien verdaderamente desquiciado podría haberlos escrito.
—Desde AT&T nos han enviado todos los metadatos del teléfono de Blair. Tenemos su registro de llamadas y de los mensajes que Blair recibió y envió antes de que la asesinaran.
—¿Cómo? Si no habéis encontrado su teléfono —soltó Stevie.
Oliver eligió ese momento para adentrarse en la cocina.
—No nos hace falta tener su teléfono para conseguir esa información. La compañía telefónica nos puede enviar las fechas, las horas, la duración y los números de todas las llamadas entrantes y salientes de su número, así como de los mensajes.
Hal soltó una risa seca y burlona.
—¿Y podéis leerlos para ver qué fue lo que dijo?
—Bueno, no, pero…
—Entonces, ¿de qué cojones os sirve?
—Hal, déjale explicarse —le pidió Annie, un tanto enfadada.
—No podemos leer los mensajes o escuchar las llamadas, pero si que podemos buscar ciertos patrones —repuso Oliver, claramente emocionado—.
Hay un número en particular que nos ha llamado bastante la atención.
Solo hizo tres llamadas desde que se vendió, dos de las cuales fueron al teléfono de Blair, por lo que creemos que debe de ser un teléfono de prepago desechable.
—¿Así que no podéis rastrearlo? —le preguntó Stevie.
—No, pero…
—Gracias, agente Dean —le interrumpió Jimmy—. Creo que, como agente encargado del caso, debería ser yo quien comunique esta clase de información.
Oliver retrocedió un paso.
—Por supuesto. Lo siento.
Cuando Jimmy volvió a hablar, lo hizo alzando un poco el tono, para dejar bien claro quién llevaba la voz cantante en todo eso.
—El día que asesinaron a Blair, alguien hizo una llamada desde su teléfono a las 19:02, y después otra a las 19:34, justo antes de la hora de la muerte que hemos establecido, entre las 19:40 y las 20:25.
La torre de telefonía móvil también sitúa el teléfono al que llamó cerca del estadio de Honeyville en ambas horas.
Lo más interesante es que ese mismo número se utilizó por primera vez tan solo tres días antes, también en la zona metropolitana de Honeyville, y después no se volvió a usar hasta el día del asesinato de Blair.
Y lo desactivaron inmediatamente después.
—¿Así que pensáis que alguien de Honeyville la mató? —preguntó Marnie.
—Es una de nuestras hipótesis, sí, pero no necesariamente. Alguien podría haber venido aquí tres días antes del concierto, lo más probable que con la única intención de asesinarla.
¿Tres días antes? ¿No fue entonces cuando llegó Gunner Trip a Honeyville?
Stevie se volvió hacia Oliver.
—¿Habéis averiguado ya cuándo llegó Gunner Trip?
Jimmy se volvió hacia él como un resorte y lo fulminó con su mirada oscura.
—¡No me digas que he tenido al abogado de los Titans respirándome en el cuello por culpa de mi sobrina! ¡Dime que no fue Stevie quien te dio el chivatazo!
—No, no fue ella —se apresuró a responder Oliver.
A lo mejor solo lo hizo para salvarse el culo.
O quizás para salvárselo a ella, pero, fuera como fuese, Stevie le estaba agradecida por ello, incluso aunque Jimmy no pareciese creerse ni una palabra—.
Por desgracia, el testigo estaba bastante ebrio cuando fui a hablar con él y no pudo aclararme cuándo llegó Gunner a Honeyville.
Y en el motel tampoco tienen constancia de que Gunner Trip se haya estado hospedando allí estos días.
—Entonces, quizá se registró con otro nombre —repuso Stevie.
—Todo esto es irrelevante —ladró Jimmy, volviéndose para fulminar a Stevie con la mirada—.
Pasó la prueba del polígrafo, nadie lo vio en el estadio el día del asesinato, solo se le vio salir del Sable & Stone justo cuando nos dijo que se marchó, y no podemos situarlo en Honeyville cuando se hizo la primera llamada desde el teléfono desechable.
Stevie se mordió el labio inferior para contenerse y no soltar que el no ser capaz de situar a Gunner allí no era lo mismo que el que no hubiese estado en Honeyville durante todos esos días.
—Pero si no sabéis si quien llamó a Blair es su asesino o no, podría haber sido cualquiera —comentó Hal.
—Si dejaseis de interrumpirme de una vez, podría explicároslo todo —protestó Jimmy.
Stevie se cruzó de brazos y le dio la espalda a la mesa, notando cómo la ira la iba invadiendo lentamente.
—¿Qué pasa, Jimmy? —le preguntó Marnie—. ¿Qué habéis descubierto?
Jimmy aguardó a que todos se volviesen a mirarlo, a que Stevie se volviese a observarlo. Le brillaban los ojos de la emoción. Tenía una pista, y parecía bastante orgulloso de sí mismo de haberla encontrado. Se echó hacia delante sobre la mesa y, cuando habló, lo hizo con evidente emoción.
—La productora de Noche con las estrellas nos llamó el otro día…
Empezó a sonar un teléfono y Jimmy los observó molesto porque lo hubiesen interrumpido.
—¡Por el amor de Dios!
Marnie se volvió hacia Frank, lanzándole una mirada acusadora. Él levantó las manos.
—Esta vez no es el mío.
—Es el mío, lo siento. —Oliver se sacó el teléfono del bolsillo y se marchó corriendo para contestar la llamada en otra habitación.
—Como os estaba diciendo —continuó Jimmy—, la productora de Noche con las estrellas nos llamó el otro día porque creyeron que deberíamos ver algo.
—Ese es el programa en el que se suponía que iba a salir Blair —comentó Stevie—, pero ¿qué tiene que ver todo eso con el teléfono desechable?
Jimmy se echó un poco más hacia delante y miró a cada uno de los Baker a los ojos, para comprobar que le estaban prestando toda su atención.
—El caso es que grabaron el programa de Blair tres días antes del concierto.
—Sigo sin entender qué tiene que ver eso con el teléfono desechable —dijo Marnie.
—En una sección del programa, Blair tuvo que responder algunas preguntas de sus fans, de los que había entre el público y de los que llamaron al programa.
Blair subió una publicación a sus redes sociales avisando de a qué hora lo grabarían.
Bueno, el caso es que alguien llamó para hacerle una pregunta, pero no dijo apenas nada antes de colgar.
En producción tenían pensado cortar esa parte, porque creyeron que seguramente quien llamase no quería más que gastarles una broma o hacerles perder el tiempo, pero, tras la muerte de Blair, esa llamada ha cobrado un sentido totalmente distinto.
Stevie se irguió en su asiento.
—¿Qué quieres decir con que ha cobrado un sentido totalmente distinto?
—La persona que llamó solo dijo… —Jimmy bajó la voz—: «Sé lo que hiciste».