Famosa hasta la muerte 31
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E l tío Jimmy ya estaba allí cuando Colby dejó a Stevie en su casa. Stevie cerró la puerta al entrar y le rascó la barriga a Catsy mientras gritaba:

—¡Ya estoy aquí!

Marnie la llamó también a gritos desde la cocina.

—Stevie, ¿eres tú? ¡Estamos todos en la cocina!

Dejó su bolso colgado en la barandilla de la escalera y se encaminó hacia allí.

Y entonces se encontró cara a cara con las consecuencias de lo que había hecho la noche anterior: Oliver estaba de pie en el umbral de la cocina, con dos ojos morados.

Habían pasado tantas cosas desde entonces que incluso se había olvidado de que le había pegado.

¿Podría llevárselo a un lado para explicarle por qué lo había hecho antes de entrar en la cocina?

Echó un vistazo al interior de la estancia.

Mejor no, y mucho menos con Jimmy y el resto de su familia allí.

Así que tendría que ignorarlo y fingir que no había pasado nada. Podía hacerlo.

—Lo siento, perdón. —Mantuvo la mirada clavada en el suelo mientras intentaba pasar a su lado, pero él se deslizó hacia el mismo sitio que ella, por lo que acabaron chocándose el uno con el otro.

—Lo siento —dijo Oliver, tratando de apartarse, pero Stevie también se movió hacia ese mismo sitio y… Ay Dios, que alguien la rescatase… Se vio atrapada en un incómodo baile de choques y disculpas interminables.

Se empezó a poner cada vez más nerviosa y a sentirse más y más avergonzada.

—¡Quédate quieto de una vez! —le acabó gritando.

—Sí, claro, lo siento, lo siento muchísimo —le dijo Oliver.

Stevie se apresuró a entrar en la cocina y se dejó caer en la silla junto a Hal, roja como un tomate.

Hal se volvió a mirarla, con una ceja enarcada.

—Ni una palabra —le gruñó por lo bajo.

Jimmy, que estaba sentado a la cabeza de la mesa, con un portátil cerrado frente a él, carraspeó con fuerza para llamar su atención.

—Bueno, ahora que ya estamos todos, creo que será mejor que empecemos. —Apoyó los codos en la mesa y juntó las manos—. Como ya sabréis, estamos siguiendo diferentes pistas y barajando distintas hipótesis.

—Pero todavía no tenéis ni idea de quién es el asesino —repuso Hal, cortante, yendo directo al grano, pero correcto.

Annie le dejó caer una mano sobre las suyas.

—Escuchemos lo que Jimmy tiene que decir, cariño.

La sintonía de SportsCenter comenzó a sonar a todo volumen desde el bolsillo de Frank.

—Frank, tu teléfono. ¿Quién narices te está llamando ahora ? —soltó Marnie, con una mueca disgustada, como si quienquiera que estuviese llamando a su padre hubiese debido saber antes de llamar que no era un buen momento.

—Número desconocido… —murmuró mientras intentaba poner el teléfono en silencio—. Lo siento, Jimmy, sigue.

—Tenemos mucho de lo que hablar. Lo primero, el marco de fotos que dejaron sobre la cama de Stevie.

Lo mandamos inmediatamente al laboratorio y hemos conseguido sacar una muestra de ADN.

No encaja con nadie que tengamos en la base de datos, pero eso solo significa que, cuando encontremos al responsable, podremos identificarlo antes.

—¿Alguno de los periodistas que estaban fuera cuando entró lo grabó o le sacó alguna foto? —preguntó Stevie.

—Me temo que en ese respecto no hemos encontrado nada. Todas las imágenes que tenemos de ese momento son primeros planos de Frank y Marnie saliendo de casa.

—Aun así, el que halláis encontrado una muestra del ADN del responsable es una buena noticia, ¿no? —repuso Marnie.

—Eso creemos, sí. Pero no podemos pasar por alto el hecho de que alguien ha estado en la habitación de Stevie sin que nadie lo supiera, y que le ha dejado una carta, incluso dirigiéndosela directamente.

Hemos hecho que cambiasen todas las cerraduras y a partir de ahora habrá un agente de policía vigilando la casa las veinticuatro horas del día.

Marnie se llevó una mano al pecho.

—¿Es que creéis que Stevie corre peligro?

—No tenemos ningún motivo para pensar que alguien podría querer hacerle daño, pero estamos en medio de una investigación de asesinato, así que no pensamos arriesgarnos. No quiero que os preocupéis por nada, ¿vale?

Stevie soltó una carcajada amarga, y tosió para tratar de disimularla. Que no se preocupasen… ¡Ya, claro!

—El agente Dean se encargará del primer turno.

Oliver asintió obedientemente desde el umbral, como si estuviese preparado para lanzarse de cabeza a servir y protegerla como fuese.

Su mirada se cruzó con la de Stevie, y ella no pudo evitar sonrojarse de nuevo.

Parecía que a veces una no podía controlar los gestos o reacciones más estúpidos de su cuerpo.

Era como si tuviese mente propia. Bajó la mirada hacia su regazo.

¿Es que no podía dejar de hacer lo que quiera que estuviese haciendo de una vez?

Jimmy básicamente acababa de insinuar que necesitaba que alguien la protegiese las veinticuatro horas del día, y ahí estaba ella, pensando en lo guapo que era Oliver.

—También tengo buenas noticias —continuó diciendo Jimmy—. La forense ya ha terminado de analizar el cuerpo de Blair, así que ya podéis empezar a planificar su funeral.

Stevie se puso en tensión. Ahí estaba esa palabra de nuevo: «funeral».

Marnie alargó una mano sobre la mesa hacia Jimmy.

—Gracias, Jimmy. —Entonces se echó a llorar—. Mi pequeña por fin podrá descansar en paz.

—Sí, gracias, Jimmy —dijo Frank.

Este asintió con la cabeza.

—¿Estás bien como para continuar, Marn?

Ella se sorbió los mocos con fuerza y, con las manos temblorosas, sacó un pañuelo de la caja que había sobre la mesa y asintió.

Jimmy clavó entonces la mirada en Stevie.

—Lo siguiente de lo que quería hablar con vosotros tiene que ver contigo, Stevie, aunque estoy seguro de que podremos aclarar este malentendido rápido.

—¿Conmigo? —Se removió en su asiento, incómoda. ¿Es que quería hablarle de lo de Melissa? ¿La chica le había contado lo que Kirk Tyler le había hecho?

—¿Dónde estabas la hora de antes de que empezase el concierto de Blair?

Stevie lo miró desconcertada. ¿Qué? No, en serio… ¿Qué?

—¡Por el amor de Dios! —soltó Hal.

—¿Por qué le preguntas eso a Stevie? —dijo Marnie.

—Hemos descubierto algo inusual, aunque estoy seguro de que no debe de ser más que un malentendido, pero aun así necesito comprobarlo.

—Estaba en el gimnasio. Fui directa al estadio desde allí. ¿Por qué? —Stevie observó a su tío con los ojos entrecerrados.

—Hemos encontrado cierta información que sugiere que entraste en el estadio dos veces. Una vez, junto con Frank y Marnie, a las 20:02, pero también media hora antes, a las 19:36, justo un poco antes de que asesinasen a Blair.

Antes de que Stevie pudiese decir nada, Marnie asestó un puñetazo en la mesa.

—¡Esto es ridículo! ¡Primero acusas a Hal de haber asesinado a Blair y ahora a Stevie!

—No la estoy acusando de nada, solo le estoy preguntando por qué su nombre aparece dos veces en la lista de acceso al estadio. Estoy seguro de que podremos llegar al fondo de todo esto. ¿Stevie? —Jimmy la observó con una ceja enarcada.

—Seguro que tiene que ser alguna clase de error, ¿no? —repuso Annie—. Lo siento, pero Marnie tiene razón, no puedes estar sugiriendo en serio que Stevie tuvo algo que ver con el asesinato de Blair.

—No fui dos veces al estadio —respondió Stevie con firmeza—. Estuve en el gimnasio toda la tarde, en Burton’s, puedes comprobarlo si quieres, tengo que fichar con mi teléfono al entrar y al salir, así que seguro que tienen un registro que lo demuestre.

—¿Veis? ¿No os había dicho que íbamos a llegar al fondo de todo esto? —comentó Jimmy—. Lo más probable es que no sea más que un error de la seguridad del estadio. Vale, pasemos ahora a…

—Espera un momento. —Stevie se sentó un poco más erguida en su asiento—. La mujer que comprobó nuestros pases VIP, Janet…, no, Janie, me pidió que me identificase cuando le dije mi nombre. ¿Te acuerdas, mamá?

Marnie suspiró con fuerza.

—No lo sé…, tengo los recuerdos de aquella tarde muy borrosos, ¿es posible?

—Tal vez el asesino de Blair usó mi nombre para entrar.

—Pero, Stevie, ¿no habías dicho que el acosador al que viste era un hombre? —preguntó Marnie.

—Podría haber dicho que se llamaba Steve o algo así para hacerse pasar por ella —repuso Annie.

—Tenéis que hablar con esa Janie para ver si recuerda si alguien más usó mi nombre para acceder al estadio.

—Ya lo hemos hecho —suspiró Jimmy—, y, por desgracia, Janie no se acuerda de si alguno de los doscientos invitados VIP a los que dejó entrar usó el nombre de Stevie.

—Así que lo más probable es que esta Janie viese al asesino de Blair, lo dejase entrar como si nada, ¿y dice que no se acuerda de qué aspecto tenía? —repuso Hal.

—No, no estamos diciendo eso. Puede que solo tachase el nombre de Stevie dos veces por error.

Lo que, en mi opinión y después de haber hablado con Janie, es la explicación más plausible.

No quería que la conversación se fuese por estos derroteros, lo único que quería era asegurarme de que Stevie solo había accedido al estadio en una ocasión, lo que ya he confirmado, así que ¿podemos pasar ya al siguiente punto del día?

Stevie fulminó a su tío con la mirada. Era como si estuviese dirigiendo una estúpida reunión de negocios, y no investigando el asesinato de su hermana.

—Frank, me pediste que comprobase la coartada de Kirk Tyler.

Stevie se echó hacia delante en su asiento, esperanzada.

El teléfono de Frank comenzó a vibrar de nuevo en el interior de su bolsillo.

—Lo siento, lo siento —dijo mientras lo sacaba.

—Apaga ese cacharro de una vez —le exigió Marnie.

—¡Eso es lo que estoy intentando!

—¡Solo tienes que mantener pulsado el botón de encendido! —repuso su mujer—. ¡No, un poco más! ¡Por el amor de Dios, mantenlo pulsado!

—¡Es lo que estoy haciendo, pero no se apaga!

—Stevie, échale una mano —soltó Marnie, exasperada.

Stevie le quitó el teléfono de las manos. Debió de pulsar el botón de responder al hacerlo, porque entonces oyó cómo una voz metálica de mujer decía:

—¿Hola?