Famosa hasta la muerte 28 #2
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—Probablemente, aunque todavía no podemos descartar a Kirk Tyler.

No me creo que Blair mantuviese la boca cerrada sobre lo que le vio hacerle a Melissa, a menos que él la amenazase de algún modo.

Creo que tenía pensado hablar con la prensa, y que eso fue lo que dio pie a la discusión.

Si es Kirk Tyler quien aparece discutiendo con ella en el vídeo, tendremos pruebas suficientes para demostrar que al menos tenía un motivo para asesinarla.

Puede que incluso podamos conseguir que confiese.

—Sí, creo que lo más inteligente en este momento es apostar por Kirk. —Colby dio el intermitente y se adentró en el aparcamiento del centro comunitario—. Veamos si el vídeo nos puede ayudar a meter entre rejas a ese cabrón.

Marvin Thompson estaba a punto de abrir el centro comunitario cuando Colby aparcó frente a la entrada, empotrando su coche contra la acera en el proceso.

El Centro Comunitario Aaron Taylor llevaba abierto ya casi cuatro años, y gracias a varias de las iniciativas de recaudación de fondos de Marnie y Frank Baker, lo que antes no era más que una ferretería ruinosa, se había convertido en un próspero centro comunitario que se encontraba en el barrio este de Honeyville.

Después de su apertura, Stevie había ido un par de veces, pero después de que Mia desapareciese, no había tenido muchas ganas de socializar con nadie.

Además, su padre siempre estaba por allí.

Stevie no conocía demasiado bien aquel barrio.

A Marnie nunca le había gustado. Según ella, los bares de por allí eran mucho más turbios, los colegios mucho peores, las aceras siempre estaban mucho más sucias y el que en los supermercados nunca hubiese suficientes productos orgánicos era toda una ofensa.

Por sus constantes advertencias, Stevie nunca se había adentrado en ese barrio sola, incluso le había llegado a dar un poco de miedo cuando era pequeña.

Cuando ya fue lo bastante mayor como para pensar por sí misma y tener sus propias opiniones, se dio cuenta de que, porque allí no pudieses comprar burrata ahumada, eso no significaba que aquel fuese el antro del demonio que Marnie siempre le había dicho que era.

—Me niego a creer que de verdad alguien te dio el carnet de conducir sin que lo coaccionases —comentó Stevie, al tiempo que se bajaba del coche y Colby oteaba el aparcamiento del centro comunitario. Había aparcado medio coche en la acera y el otro medio en la plaza de aparcamiento.

—Pero te he traído hasta aquí sana y salva, ¿no? —Colby señaló a Marvin con un gesto de la cabeza—. ¿Así que ese es el pobre hombre que era el padre de acogida del chico al que dispararon el Día de la Independencia hace unos años?

—Sí, Marvin es el mejor, debe de rondar los setenta ya.

Mi padre me dijo que su mujer, Gloria, y él acogieron a Aaron después de que sus padres muriesen cuando él solo tenía doce años.

Se suponía que no iba a quedarse en su casa mucho tiempo, pero al final el chico se acabó convirtiendo en un miembro más de su familia.

—Stevie suspiró con pesar—. El caso de Aaron fue el último en el que trabajó mi padre antes de dejar el cuerpo.

Le rompió el corazón el no conseguir encontrar a su asesino.

—Me acuerdo de eso. Dijeron que el chico se había colado donde lo mataron para robar un puñado de herramientas, ¿no?

—Mi padre dice que ese rumor hizo que la gente se preocupase menos por si se resolvía el caso o no.

Supongo que, de una forma muy retorcida, la gente empezó a pensar que Aaron se lo merecía por haber estado robando.

La gente pensaba que no era más que un chico en acogida que eligió el mal camino.

Pero mi padre no lo veía así. Estaba muy enfadado porque la gente pensase de ese modo.

Cuando Marvin y Gloria decidieron fundar este centro en memoria de Aaron, mi padre se ofreció voluntario para tratar de hacer algo bueno por la comunidad.

Al principio, creo que lo hizo en parte para tratar de aliviar la culpa que sentía por no haber sido capaz de darles una respuesta a los Thompson sobre lo que le había sucedido a su hijo.

Pero ahora creo que lo sigue haciendo solo porque le gusta, sobre todo desde que Gloria falleció, hace un año.

Colby enredó un brazo con el de Stevie.

—Supongo que ayuda el poder hacer algo bueno por alguien después de haber tenido que presenciar algo tan horrible.

—Sí, supongo.

Marvin esbozó una sonrisa de oreja a oreja cuando vio aparecer a Stevie, tan amplia que hasta se le arrugaron las comisuras de los ojos, los mismos que incluso después de todos esos años seguían teniendo un brillo triste en sus pupilas.

—Stevie Baker, ¡cuánto tiempo sin verte! Anda, ven, deja que este viejo te dé un fuerte abrazo.

Stevie le devolvió la sonrisa y dejó que la abrazase. Había más canas surcando su cabello negro de las que recordaba de la última vez que lo había visto.

—Señor Thompson, me alegro de verle. Se me rompió el corazón cuando me enteré de lo de Gloria.

—Stevie no había ido al funeral con su padre, porque el señor Thompson había pedido que solo fuesen familiares y amigos cercanos, y ella no conocía tanto a Gloria como para creer que entraba dentro de ese círculo.

Marvin la tomó por los hombros, la miró fijamente a los ojos y, cuando lo hizo, Stevie no vio compasión en su mirada, sino comprensión.

—Y yo siento muchísimo lo de Blair.

—Gracias —repuso Stevie.

Marvin le dio un suave apretón en los hombros y después se volvió hacia Colby.

—¿Y a quién has traído hoy contigo?

Colby se acercó a ellos y le tendió una mano.

—Colby Green, una amiga de Stevie.

Marvin se la estrechó.

—Encantado de conocerte, Colby Green.

—Está haciendo un trabajo excelente aquí, señor —le dijo Colby.

—Gracias. —Marvin deslizó la mirada hacia el cartel que había sobre la entrada del centro—. Aaron era un chico increíble. Gloria y yo lo queríamos muchísimo, y justo por eso quisimos hacer algo bueno por la comunidad en su nombre. No queríamos que la gente se olvidase de él.

Marvin se quedó observando el cartel con la mirada perdida por un momento, como si se hubiese dejado llevar por los recuerdos, pero entonces sacudió la cabeza y se frotó las manos.

—Y, decidme, ¿qué puedo hacer por vosotras, señoritas? Tenemos una mesa de pimpón nueva y, si me permitís decirlo, me estoy volviendo todo un experto de la raqueta pequeña.

—Nos gustaría usar vuestro equipo de sonido un momento —dijo Stevie.

—¿Es que vais a grabar un disco? —les preguntó Marvin.

—Dios, no, ni de broma —respondió Stevie, con una carcajada—. Queríamos intentar mejorar el audio de un vídeo que hemos grabado y que se oye fatal.

Marvin soltó un silbido.

—En eso no os voy a poder ayudar, pero Terence no debería tardar mucho en llegar. Es como una especie de mago de la tecnología. Puedo pedirle que os eche una mano si queréis.

—Gracias, señor Thompson, pero creo que podremos encargarnos nosotras solas —repuso Stevie.

Después de media hora toqueteando el editor de vídeo del ordenador y moviendo varias manivelas arriba y abajo en la mesa de mezclas, Stevie se dejó caer en el taburete, derrotada.

—No, no podemos hacerlo solas —soltó.

Colby, que se había empezado a aburrir a tan solo diez minutos de llegar, cruzó la sala en su silla con ruedas y llamó a Marvin.

—¡Señor Thompson, vamos a necesitar a Terence! —Y después se volvió a mirar a Stevie—. ¿Quién es Terence?

La puerta del centro se abrió y entró un chico alto con una camiseta de baloncesto. Esbozó una sonrisa de oreja a oreja, que dejó al descubierto una dentadura perfecta cuando vio a Marvin golpeando una pelota de pimpón tras otra para meterlas en el cubo que había dejado sobre la mesa.

—¡Estás mejorando mucho, abuelo!

Colby abrió los ojos como platos en cuanto lo vio y después juntó las manos con fuerza, como si fuese a ponerse a rezar.

—Que ese sea Terence. Que ese sea Terence.

Marvin dejó la raqueta sobre la mesa.

—¡Terence! Chicas, este es mi nieto.

—¡Bendito sea Dios, nuestro señor! —murmuró Colby.

Stevie puso los ojos en blanco.

—Eres un peligro —le dijo a su amiga en un susurro.

—¿Me creeríais si os dijese que yo era igualito a él cuando tenía su edad? —nos preguntó Marvin mientras miraba a Terence con cariño.