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S tevie se despertó con el sonido de los ronquidos acompasados de su padre y de su madre.
Llegaron al Holiday Inn poco antes de las cuatro de la mañana, y les dieron una habitación familiar sin coste alguno, gracias a que el director del hostal, Bob Baxley, era uno de los amigos con los que Frank solía jugar al golf.
Jimmy había insistido en que no podían quedarse en casa mientras registraban la escena del delito y Marnie había insistido en que ya era demasiado tarde como para despertar a Hal y a Annie.
Ellos también necesitaban descansar, y no quería preocuparlos.
Hizo que Frank llamase a Bob, quien estaba segura de que lo comprendería.
Cuando llegaron al hostal, la agotada recepcionista les dijo que no se permitían gatos en el establecimiento, pero antes de que Stevie pudiese decir nada, Marnie se irguió todo lo alta que era, con su metro y medio de estatura, y había dejado salir toda su rabia.
Le había informado a la mujer que eran invitados especiales de Bob, y que él jamás permitiría que alejasen a Catsy de su hija cuando más la necesitaba.
Stevie no tenía muy claro a qué se refería su madre con eso, porque no estaba segura de si era ella quien más necesitaba a la gata o al contrario, pero, de todos modos, a Stevie no le había importado cuando Catsy había elegido dormir a los pies de Marnie en vez de a los suyos.
Stevie le echó un vistazo a la pantalla de su teléfono para ver qué hora era.
Las ocho de la mañana. Cuatro horas de sueño intermitente no eran suficientes, ni por asomo.
Cada vez que empezaba a quedarse dormida, su cerebro la despertaba de golpe con pesadillas en las que salían distintas partes del cuerpo, algunas suyas y otras de Blair, selladas tras un cristal.
Clavó la mirada en las aspas del ventilador del techo, observando sus lentas rotaciones desde el sofá cama.
Con cada giro, su mente alternaba entre pensar en el acosador de Blair y en Kirk Tyler.
Los dos podrían haberla asesinado perfectamente.
Al hablar con Melissa, había empezado a pensar de verdad que Kirk había sido el asesino de su hermana.
Pero entonces había recibido ese marco de fotos y ya no sabía qué pensar.
Con suerte, alguno de los paparazzi que había apostados frente a su casa habría sacado alguna foto en la que apareciese el acosador.
Jimmy parecía bastante convencido de que esta vez iban a poder lograr identificarlo y, gracias a las grabaciones de la cámara de seguridad de la puerta, tenían un marco de tiempo preciso que investigar.
Sacó el ordenador de su bolso sin hacer ruido y se puso los cascos. Volvió a abrir el vídeo que Colby sacó fuera del camerino de Blair, con la esperanza de encontrar algo esta vez.
Lo reprodujo una y otra vez a todo volumen, hasta que al final comenzaron a pitarle los oídos de oír aquel siseo estático tantas veces y tan alto.
Lo que quiera que Blair y la otra persona estuviesen discutiendo tras esa puerta, no podía oírlo.
Detuvo el vídeo justo cuando se veía al hombre saliendo del interior del camerino de Blair, y examinó la imagen borrosa de su nuca de nuevo.
Podía ser Kirk Tyler, pero ¿y si solo se estaba intentando convencer de que era él?
Aquella imagen estática no le era de utilidad, pero, si podía encontrar la manera de mejorar el audio del vídeo, de escuchar sus voces, a lo mejor podría demostrar quién era ese hombre.
Aunque para ello necesitaba un equipo especial de sonido.
¿Y dónde se supone que iba a poder encontrarlo? Se incorporó en su cama improvisada.
Sabía perfectamente dónde podría encontrar algo así. En el Centro Comunitario Aaron Taylor.
Tomó su teléfono móvil y le mandó un mensaje a Colby.
Estoy en el Holiday Inn. ¿Puedes pasarte a recogerme?
Claro. ¿Va todo bien?
Te lo explico luego.
Al ir a cerrar el ordenador, se fijó en que tenía un correo sin leer. El remitente era [email protected] . Se le revolvió el estómago, no por la sorpresa, sino porque tenía la terrible corazonada de que lo que quiera que fuese a encontrarse no podía ser nada bueno.
«El indagar en los secretos enterrados es una forma bastante rápida de acabar sepultada con ellos».
Stevie contuvo el aliento, alejó el ordenador y el repentino pico de adrenalina que la sobrecogió hizo que la nuca y las manos empezasen a sudarle profusamente.
¿En serio? ¿Primero lo del marco de fotos y ahora eso?
Parpadeó con fuerza, sin apartar la mirada de la pantalla.
¿Secretos? ¿Qué secretos? ¿Los de Kirk? ¿Los de Blair?
¿Los de alguien más? ¿Merecía la pena ponerse a sí misma en peligro para desenterrarlos? ¿Morir para descubrirlos?
¿Sabes qué? Qué le den. No iba a permitir que un correo electrónico la detuviese. Y aquello no era más que otra prueba, ¿no? Y el ir recopilando pruebas era algo bueno.
Releyó el correo. Lo habían enviado a las 8:20 de esa misma mañana.
Debía de haberlo pasado por alto mientras veía de nuevo el vídeo del camerino.
Tenía el mismo tono que el último que había recibido.
Incluso había vuelto a usar la palabra «indagar».
¿Sería BBSera_mia con otra cuenta nueva de correo? Tenía que serlo.
¿También había sido él quien le había dejado la tiara y el marco de fotos?
El instinto le gritaba que debían de ser dos personas distintas.
Por cómo hablaban, y lo que le estaban exigiendo, tenían que serlo.
Quienquiera que le hubiese mandado esos correos quería que dejase de investigar, mientras que quien le había hecho aquellos regalos quería que le prestase toda su atención.
Bueno, pues lo había conseguido. Los dos habían logrado llamar su atención.
—Solo llevamos unas horas separadas y, en ese tiempo, tú has recibido una fotografía espeluznante y un correo amenazante. —Colby salió del aparcamiento del Holiday Inn, rozando el letrero de recepción al salir marcha atrás—. Chica, eso es lo que yo llamo ser rápida de cojones.
Solo eran las nueve de la mañana, pero el calor del sol de los primeros días de junio no daba tregua.
Stevie había salido de la habitación que compartía con sus padres sin hacer ruido, dejándolos durmiendo junto a Catsy.
Les había dejado también una nota para decirles que se había ido a dar un paseo y que no tenían nada de lo que preocuparse, porque sabía perfectamente que lo harían en cuanto viesen que no estaba.
—Ha sido una noche bastante movidita —comentó Stevie. Aunque eso era quedarse muy muy corta.
—¡Ay, mi pobre Catsy! ¡Qué mal lo tuvo que pasar! —Colby se volvió hacia ella, para mirarla directamente a los ojos—. ¿Estás segura de que tú estás bien?
—Estaría mejor si no apartases los ojos de la carretera.
—Entonces, respecto al correo y el marco de fotos, ¿crees que te los han enviado distintas personas?
—Sí. ¿Por qué alguien que me ha mandado un correo amenazándome para que deje de investigar la muerte de Blair me dejaría un regalo como ese?
—Porque quizás está loco. ¡Aah! ¡A lo mejor tiene personalidad múltiple!
—Ya, no creo que sea eso. Son dos personas distintas. Estoy segura. Tan solo tenemos que averiguar si uno de los dos asesinó a Blair.
—Vale, entonces, basándonos en la teoría de que uno de los dos lo hizo, está claro que, al menos, el que te mandó ese correo sabe que estás investigando su asesinato.
—Y gracias a tus declaraciones podría ser cualquiera, porque todos los periódicos sensacionalistas se hicieron eco de lo que dijiste, y encima publicándonos en portada.
—Cierto, pero quizás deberíamos intentar acotar un poco la lista.
—Sí, creo que el reducirla de todo el mundo a tan solo un puñado de personas podría sernos de gran ayuda —repuso Stevie, cortante.
—Entonces, tenemos a Hilton Moore, a Gunner Trip, al agente Dean, a Melissa…
Stevie le guiñó un ojo.
—A ti.
Colby frunció el ceño, ignorando la broma.
—Y también Kirk Tyler. Oye, ¿crees que él podría saber que hablaste con Melissa?
Stevie suspiró con pesar.
—Supongo que cabe la posibilidad. Pero eso significaría que mi tío Jimmy le llamó anoche, y no creo que mencionase que fui yo quien le dio el soplo. Pero pongamos que Kirk lo sabe, eso sería un motivo de peso para querer que deje de investigar el caso de Blair.
—Sobre todo si es nuestro asesino. Pero, y déjame hablar mientras intento decir esto con la mayor delicadeza posible, ¿y si es alguien de tu familia?
Estaba claro que se refería a Hal.
—Muy delicada, Colbs.
—Ya has dicho antes que no quieren que investigues el asesinato de Blair.
Stevie soltó una risa amarga.
—¿En serio crees que alguien de mi familia me está mandando correos amenazantes para que deje de investigar el asesinato de mi hermana?
Sinceramente, no creo que fuesen capaces de algo así, sobre todo cuando pueden amenazarme directo a la cara y ya han demostrado que no van a morderse la lengua conmigo.
Gira a la izquierda en la avenida Moreland.
—Sé cómo moverme por este barrio, Stevie.
Antes de que mi madre ganase la lotería, vivíamos en Ryland Drive.
—Se detuvo en el cruce y le dio unos cuantos golpecitos al volante mientras comprobaba que podía seguir—.
Entonces, ¿quién creemos que es nuestro hombre de los regalos?
No puede ser Kirk. Bex y él estaban en la vigilia a la misma hora que el hombre de la gabardina te estaba dejando el regalo en tu habitación, y ninguno de los dos habría tenido tiempo para ir a tu casa, colarse y volver mientras no estabais.
—¿A qué hora llegó Gunner a la vigilia?
—Poco después de Kirk.
—¿Así que supongo que nuestro mayor sospechoso sigue siendo el acosador?
—Y Blair le dijo a Gunner que había descubierto la identidad de su acosador, ¿no? ¡Así que tal vez es con quien estaba discutiendo en el camerino y también nuestro culpable!