Famosa hasta la muerte 27
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E l padre de Stevie cerró la puerta del copiloto de un portazo. Había ido a recogerla a la comisaría poco después de que Colby apareciese en los calabozos. Apenas había hablado con ella, y casi ni siquiera se había atrevido a mirarla a los ojos.

Frank se subió al asiento del conductor, arrancó el coche y después volvió a apagar el motor. Se aferró al volante con todas sus fuerzas, hasta que se le pusieron los nudillos blancos. Mantuvo la mirada clavada en el parabrisas mientras hablaba, con la voz cargada de ira.

—Has agredido a un agente de policía, Stevie.

Stevie bajó la mirada hacia el suelo.

—Lo sé.

Entonces su padre sí que se volvió a mirarla.

—¿Qué lo sabes ? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿Sabes lo humillante que ha sido para mí el tener que volver aquí para sacarte del calabozo? Tienes suerte de que el agente Dean no vaya a presentar cargos en tu contra. ¿En qué narices estabas pensando?

—No… No lo sé. —Porque decirle que lo había hecho con la única intención de que la arrestase estaba segura de que no era lo más adecuado.

—Marge también me ha contado que antes de eso estabas intentando sonsacarle información sobre la chica que te lanzó el batido durante la vigilia.

—Solo quería saber por qué lo había hecho.

—¡Stevie, no te corresponde a ti averiguarlo! —Le asestó un golpe al volante con la palma de la mano.

—Papá, por favor, cálmate, tu corazón…

—Esto no se trata de mí —la interrumpió—. ¡Se trata de lo que has hecho! Y el que hayas golpeado al agente Dean solo porque se negase a darte información sobre esa chica es imperdonable. Tu madre no puede enterarse de esto bajo ningún concepto. Le daría un ataque de nervios.

—Creo que Kirk… Quiero decir… Cabe la posibilidad de que fuese Kirk Tyler quien asesinase a Blair, papá. —Aquella confesión surgió de entre sus labios antes de que pudiese pararse a pensar si debería contárselo o no.

Su padre le recorrió el rostro con la mirada, con su furia viéndose reemplazada por una profunda confusión.

—¿De qué estás hablando? ¿Por qué dices eso?

—Porque Kirk Tyler no es una buena persona, papá, y creo que Blair lo sabía y pensaba contarle a todo el mundo lo que había hecho. Lo que le daría un motivo para querer matarla.

—¿A qué viene todo esto? —Pero supo la respuesta en cuanto formuló aquella pregunta—. ¿Has hablado con ella? Stevie, si esa chica te ha contado algo relevante para el caso de tu hermana, tienes que decírselo a alguien.

—No puedo decirte qué es lo que me contó…, le prometí a Melissa que le guardaría el secreto.

—¡Stevie, estamos en medio de una investigación de asesinato! ¡No puedes ir por ahí haciendo esa clase de promesas! Si sabes algo que pueda ayudar a resolver el caso, tienes que contárselo a Jimmy.

—No puedo…

—Ay, Stevie, sí puedes, y lo harás —repuso, con firmeza.

—No. Le juré que no lo haría. Ella no está dispuesta a testificar y no creo que obligarla a hablar sea lo correcto.

Frank apretó los dientes con fuerza.

—Sabía que jamás deberíamos haber aceptado nada de ese hombre.

—¿Le pedirás a Jimmy que lo investigue más a fondo? ¿Que compruebe de nuevo su coartada? Pero, por favor, mantén a Melissa al margen de todo esto, no es más que una cría.

Pero Frank no la estaba escuchando. Se estaba aferrando al volante con tanta fuerza que sus nudillos habían pasado de blancos a casi translúcidos.

Su pecho subía y bajaba acelerado con cada respiración agitada, y sus fosas nasales se dilataron y contrajeron con tanta fuerza que el aire salió silbando a través de ellas.

Stevie dejó caer una mano sobre el brazo de su padre con delicadeza.

—Llama al tío Jimmy. Pídele que compruebe de nuevo la coartada de Kirk Tyler.

Frank se volvió a mirarla, y después asintió y sacó su teléfono para hacer lo que le había pedido.

—Jimmy, siento llamar tan tarde, pero necesito que me hagas un favor. Quiero que investigues a fondo a Kirk Tyler, comprueba si su coartada se sostiene.

Stevie tuvo que aguzar el oído para tratar de escuchar lo que estaba diciendo Jimmy, pero no logró entenderlo.

—Lo sé… Lo sé, pero hazme este único favor. Compruébala de nuevo. Ah y, otra cosa, sobre la chica que le lanzó el batido a Stevie en la vigilia, pregúntale qué sabe sobre Kirk… Sí, puedes.

Stevie observó a su padre boquiabierta y furiosa.

—¡Melissa va a saber que he dicho algo sobre lo que me contó! —le espetó en cuanto colgó la llamada—. ¡Le di mi palabra de que no lo haría!

—Esto no es ningún juego, Stevie. Tu hermana fue asesinada. ¡Y a ti te acaban de arrestar! Tienes que mantenerte alejada de la investigación y dejar que la policía haga su trabajo. Ahora mismo, no quiero oírte decir nada más que «Sí, papá», ¿está claro?

Stevie tuvo que contener su rabia y, cuando respondió, lo hizo con dureza.

—Sí, papá.

—Ahora vamos a volver a casa y nos vamos a guardar esta conversación para nosotros, ¿está claro?

Stevie rehuyó su mirada y la clavó en la ventana.

—Sí, papá.

Frank arrancó el coche, condujo hasta la salida del aparcamiento y después tuvo que dar un volantazo para evitar chocarse contra el coche que estaba entrando, circulando entre los dos carriles. Maldijo en voz baja y la conductora tocó el claxon con fuerza y después les enseñó el dedo medio.

Faith Green. Al parecer, era incluso peor conductora que Colby. En cuanto vio que era Stevie quien estaba dentro del coche con el que había estado a punto de chocarse, cambió el gesto por un saludo y una sonrisa.

La carretera estaba despejada, pero aun así Frank se esperó un momento antes de salir.

—¿Conoces a esa mujer?

—Es la madre de Colby. —Stevie se alegró de verla. Colby no estaba segura de si se iba a molestar en aparecer o no.

Frank se tomó un momento para procesar aquella información.

—Stevie —dijo entonces—, no quiero que sigas quedando con Colby.

Ella no estaba dispuesta a responder «Sí, papá» a eso.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Digamos que su madre es una vieja conocida de la Policía de Honeyville. Ha estado encerrada varias veces por conducir bajo los efectos del alcohol y alteración del orden público. No quiero que estés cerca de ella.

—¡Colby no tiene la culpa de lo que haga o deje de hacer su madre!

Creía que te preocupabas por los niños que no proceden de un entorno familiar estándar.

¡Si trabajas como voluntario en el Centro Comunitario Aaron Taylor, por el amor de Dios!

—Stevie hizo una pausa antes de añadir—: Además, Colby es mi amiga.

Y la necesito. —Aquello era algo que jamás se habría imaginado diciendo cuando se había presentado frente a la puerta de la casa de Colby unos cuantos días atrás, pero era cierto.

No había mucha gente que estuviese dispuesta a hacer que la arrestasen por estar con ella.

Frank suspiró con pesar.

—Muy bien, pero no permitas que te lleve por mal camino.

¿Que la llevase por mal camino? Ni que fuese una cachorrita perdida. En realidad, si había alguien que estaba llevando a la otra por el mal camino, esa era Stevie. Colby tan solo había agredido a Oliver porque ella lo había hecho antes.

—Y quiero que me prometas que no seguirás investigando el caso de tu hermana. Todos estamos nerviosos y tensos, Stevie, y hoy te has pasado de la raya. Esto se termina ahora mismo, ¿me has entendido? —La miró fijamente a los ojos, con firmeza.

Stevie se dio la vuelta y clavó la mirada en la ventana.

—Vale. —Su padre ya la había hecho romper una promesa esa tarde.

Podía volver a hacerlo perfectamente. Si Kirk Tyler había asesinado a su hermana, pensaba encontrar las pruebas necesarias para meterlo entre rejas, no solo por asesinar a Blair, sino también por lo que le había hecho a Melissa.

Melissa no estaba dispuesta a testificar, pero quizás no tendría por qué hacerlo si Stevie encontraba alguna otra forma de demostrar que Blair sabía lo que Kirk había hecho.

Stevie subió directa a su cuarto en cuanto llegaron a casa. Quería volver a ver el vídeo de la discusión de Blair en el camerino en su portátil, para ver si podía encontrar algo que confirmase que era Kirk con quien había estado discutiendo.

En cuanto abrió la puerta, oyó una serie de arañazos y maullidos asustados. Salió corriendo hacia su armario y abrió las puertas de un tirón.

—¿Catsy?

La gata salió corriendo como alma que lleva el diablo de su interior, hacia un rincón de su habitación, donde se sentó toda erizada y temblando con fuerza.

Stevie la tomó en brazos con delicadeza, abrazándola contra su pecho.

—¿Cómo narices te has quedado ahí atrapada, pequeña? —Le dio un beso suave en la cabeza y se la llevó hacia su cama.

Y entonces lo vio.

Había un paquete sobre su almohada. Del tamaño de una caja de zapatos y envuelto en papel marrón. Joder. Había estado allí. El acosador. Había estado en su habitación.

Se acercó al escritorio, se sentó con Catsy en el regazo y abrió el portátil.

—Veamos quién narices eres —murmuró mientras entraba en la aplicación de la cámara de seguridad que tenían instalada en la puerta y seleccionando la grabación del cuatro de junio.

Había al menos cuarenta detecciones de movimiento grabadas ese día. Lo más probable es que los malditos periodistas estuviesen haciendo que se activase la cámara constantemente. Pero tal vez eso era algo bueno, porque aumentaba las posibilidades de captar algo.

Revisó todas las grabaciones, comenzando por las imágenes en las que salía Annie, temprano esa mañana, y después otras en las que se la veía a ella y a Frank regresando esa misma tarde de la comisaría. Pero no vio nada raro. Se frotó los ojos y revisó de nuevo las grabaciones. Tenía que haber algo.

Y entonces lo vio. A las seis y media de la tarde, sus padres habían abierto la puerta para marcharse a la vigilia.

Los periodistas se habían puesto a gritarles preguntas y a sacarles fotografías, pero, justo tras ellos, se podía ver un destello junto a la casa.

Se desvaneció tan rápido que Stevie tuvo suerte de haberlo visto.