Famosa hasta la muerte 26
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S tevie se recostó contra la puerta de su celda y escuchó a Melissa atentamente mientras la joven le relataba todo lo que le había hecho el representante de Blair.

Le contó cómo Kirk la había atraído con la promesa de que podría conocer a Blair.

Cómo la había invitado a escuchar en primicia todas sus nuevas canciones, incluso llegando a mandarle coches a buscarla, cómo le había regalado ropa nueva, y la había invitado a comer, y le había enviado entradas VIP para los conciertos e, incluso a veces, le había dado alcohol gratis.

Cómo le había hecho creer que era especial.

Que a Blair le importaba. Que formaba parte de su círculo interno.

Cómo al principio le había parecido divertidísimo.

Cómo la había eclipsado el tan solo ver un pequeño destello de lo que era la vida de una famosa.

La suerte que había pensado que estaba teniendo.

Y luego, cómo la había encerrado y abusado de ella.

Kirk Tyler era un monstruo. Un pedófilo.

Y, al oírlo, a Stevie se le revolvió el estómago y se le pusieron los pelos de punta.

Pero cuando Melissa le habló del papel que Blair había jugado en toda esa narrativa, se le detuvo el corazón y se le heló la sangre.

Lo que Melissa le estaba diciendo sobre Blair no podía ser cierto. Era simplemente imposible.

La escuchó decir cómo su hermana había entrado en el despacho de Kirk un día mientras él abusaba de Melissa.

Cómo lo había detenido gritándole a Kirk: «¡No!

¡Para!». Cómo después se había encargado de consolarla, de mandarla de vuelta a casa en un taxi que ella misma había pagado y cómo le había dado su número de teléfono.

Cómo Melissa la había llamado unos días más tarde.

Cómo se habían visto en una cafetería un tiempo después, donde Blair le había jurado que se encargaría de resolverlo todo.

Cómo le había prometido mostrarle a todo el mundo cómo era Kirk en realidad.

Cómo Melissa le había creído y cómo Blair le había dado esperanzas.

Solo para después convertirse en un fantasma.

Melissa se llevó las rodillas al pecho.

—Hace tres semanas, una mujer llamada Bex Lyons apareció de repente en mi casa, una semana después de la última vez que supe algo de Blair. Nos ofreció cien mil dólares con tal de que yo mantuviese la boca cerrada. Supongo que a eso era a lo que se refería Blair cuando dijo que «ella se ocuparía».

Una voz, desde el fondo de su cabeza, le susurró: Blair jamás la abandonaría de ese modo, es imposible .

Pero entonces le entraron las dudas. La Blair que Stevie había conocido, la que había cuidado siempre de ella cuando era pequeña, la que la había defendido de los niños que se metían con ella en el colegio, jamás le habría dado la espalda a Melissa.

Pero ¿Blair la superestrella? ¿De verdad cabía la posibilidad de que hubiese cambiado tanto?

—Mi madre y mi padrastro ni siquiera tuvieron que pensárselo, aceptaron el dinero e intentaron no parecer demasiado contentos.

Dijeron que me creían, pero también dijeron que en realidad no tenía ninguna prueba de lo que Kirk había hecho.

Que era su palabra contra la mía. Además, ¿no me había ido todas esas veces con él por voluntad propia?

¿No había fotografías mías en el backstage ?

¿No alardeaba en mis redes sociales de todos los regalos que me había hecho?

¿No estaba constantemente gritándole al mundo la suerte que tenía?

Y luego me dijeron que con todo ese dinero podrían pagarme unas cuantas sesiones de terapia, si es que tanto las necesitaba.

—Lo que te ocurrió fue horrible. Y lo siento mucho, muchísimo. —Stevie se oyó decir aquello, pero sabía que no era suficiente.

Melissa se encogió de hombros, pero su rostro estaba en tensión. Echó la cabeza hacia atrás, hasta recostarse contra la pared de la celda.

—No sé en qué estaba pensando al venir aquí. Qué clase de respuestas esperaba encontrar. Estaba tan enfadada de tener que escuchar a todo el mundo hablar de lo maravillosa que era Blair…

Se hizo el silencio. Un silencio largo y pesado. Stevie repasó mentalmente todo lo que Melissa le acababa de contar. Pero daba igual todas las vueltas que le diera, siempre terminaba volviendo a la misma pregunta: ¿cómo era posible que Blair no hubiese hecho nada para detenerlo?

Sintió como si una pesada roca le oprimiese el pecho, cortándole la respiración.

Quizás sí que había hecho algo. Quizás había sido justo el hacer algo lo que había acabado por matarla.

Blair le había dicho a Hilton Moore que tenía una historia para él.

Una historia sobre alguien importante. Si esa historia era sobre Kirk Tyler y él se enteró…

, bueno, digamos que tendría un muy buen motivo para quererla muerta.

La ira se apoderó de Stevie. ¿Kirk había asesinado a Blair? Desde luego, ahora era su sospechoso número uno.

—No puede salirse con la suya después de lo que te ha hecho.

—¿Y quién se va a encargar de ello? ¿Tú? —le preguntó Melissa con amargura.

Sí, pues claro que iba a encargarse ella.

—No creo que Blair te abandonase a tu suerte.

Hilton Moore me dijo el otro día que, hace un mes, Blair le llamó para decirle que tenía una historia que contarle y que estaba segura de que le iba a interesar publicarla.

Creo que quería hablarle de Kirk y, si él lo descubrió, puede que la asesinase para que no pudiese abrir la boca.

Melissa apartó la cabeza de la pared y observó a Stevie con el ceño fruncido.

—¿Me estás diciendo que, hace un mes, Kirk descubrió que Blair iba a delatarlo, por lo que decidió matarla la noche del primer concierto de su nueva gira? ¿Y por qué iba a haber esperado tanto para asesinarla?

Aquella pregunta le cayó como un balde de agua helada. Melissa tenía razón, ¿por qué iba a haber esperado tanto? A menos que… Le dio un vuelco al corazón, antes de volver a latir con más fuerza.

—Tal vez convenció a Blair para que no hablase, pero ella cambió de opinión. Quizás Blair se dio cuenta de que lo que había hecho no estaba bien. El día en que la asesinaron, discutió con alguien en su camerino antes del concierto. Tal vez fue con Kirk, y ella le dijo que pensaba contarlo todo.

Todo empezó a encajar. Kirk había tenido acceso a la sala donde la habían asesinado. Podría haber esperado a Blair perfectamente bajo el escenario para matarla. Stevie apretó los dientes con tanta fuerza que empezó a dolerle la mandíbula.

—Kirk disparó a Blair y después subió a sentarse en las gradas para ver cómo elevaban su cuerpo inerte sobre la plataforma, sabiendo lo que había…

—Para, por favor, para. —Melissa alzó la mirada hacia el techo, con las mejillas empapadas por las lágrimas—. No puedo escucharte decir que crees que Blair fue asesinada por mi culpa.

—No… No quería decir… Solo estoy pensando en voz alta. Melissa, nada de esto es culpa tuya. Kirk Tyler debería estar entre rejas por lo que te ha hecho. Tienes que contarle a la policía lo que me has dicho a mí. Entonces quizás también salga a la luz la verdad sobre lo de…

—¡No, no puedo! —la interrumpió la chica, negando efusivamente con la cabeza.

—Melissa…

Esta se levantó de un salto y comenzó a recorrer la celda de un lado a otro con nerviosismo.

—No puedo hacerlo. Me acabas de decir que crees que Kirk Tyler es un asesino. Vendrá a por mí. Sé que lo hará. ¡Sabe dónde vivo! —Sonaba nerviosa, y lo estaba observando todo con los ojos como platos.

Stevie se puso de pie y se aferró a los barrotes de su celda.

—Pero la policía te protegerá. Podrías contárselo todo al agente Dean, podríamos hacer que viniese aquí ahora mismo y…

—¡No! —Melissa se detuvo de golpe, apretando los dientes con fuerza—.

Stevie, lo digo en serio. No pienso hablar con la policía, y tú tienes que prometerme que tampoco le contarás nada a nadie.

Si lo haces, lo negaré todo. No pienso presentarme ante un tribunal con tan solo mi palabra contra la suya. Las dos sabemos cómo acabaría eso.

—Quizás no tendría por qué ser solo tu palabra contra la suya. ¿Alguien más sabía lo que te hizo Kirk, aparte de Blair? ¿Otros fans? ¿Cabe la posibilidad de que alguien de Satellite Entertainment viese algo raro? —Habló a toda prisa, desesperada.

—No lo sé. Pero tampoco entiendo cómo es posible que nadie se preguntase por qué un hombre de cincuenta y tantos años iba siempre por ahí con una adolescente que no era familia suya. —Frunció el ceño, cabreada de repente—. Supongo que todos tenían demasiado miedo de perder sus trabajos.

—¿Y qué hay de las pruebas físicas? —Stevie repasó mentalmente todas las posibilidades—. ¿Kirk te mandó algún mensaje? ¿Algo inapropiado?

—No, nada. Tuvo muchísimo cuidado.

—Vale…, pero te pagó para que mantuvieses la boca cerrada. ¿Hizo que tus padres firmasen algo?

—No lo sé. Solo sé que, un día, Bex Lyons apareció frente a mi casa, habló con mis padres y les hizo una transferencia del dinero que les había prometido.

—¡El dinero! ¡Eso es! Si podemos demostrar que Kirk Tyler le pagó cien mil dólares a la familia de una chica de quince años, eso levantaría muchas sospechas.

¿Tienes alguna prueba del pago? ¿Un número de cuenta?

¿Una captura de pantalla en la que aparezca la cantidad de dinero que se transfirió a la cuenta de tus padres?

¿Algo que pueda vincularlo con el soborno?

Melissa suspiró con fuerza.

—Supongo…, pero, Stevie, no me estás escuchando, no quiero tener nada que ver con esto.

Si Kirk de verdad asesinó a Blair, ¿qué le impedirá venir también a por mí?

—Hizo una pausa y respiró hondo—. ¿Y si te equivocas?

¿Y si Kirk no asesinó a Blair, tú agitas este avispero de nuevo, y vuelve a ser su palabra contra la mía?

Las dudas la invadieron por un momento. Stevie repasó todo lo que sabía. Kirk Tyler había tenido un motivo y una oportunidad para haber matado a Blair, pero Stevie seguía sin tener ninguna prueba para demostrarlo.

—Melissa, Kirk Tyler debería estar en la cárcel, sea o no el asesino de Blair, y yo quiero ayudar a meterlo entre rejas.

—Pues tendrás que hacerlo sin mí.

Stevie se acordó de la chica con la que había visto a Kirk en el concierto, la que había pensado que debía de ser su hija. Y se le revolvió el estómago.

—¿Y si les está haciendo lo mismo a otras chicas? ¿Es que no quieres pararle los pies?

Melissa cerró los ojos y suspiró con fuerza.

—Por favor, no me cargues con esa responsabilidad. Lo siento… Ojalá pudiese ayudarte, pero no puedo.

Stevie asintió con la cabeza. Si Melissa no estaba dispuesta a testificar, ella no pensaba obligarla.

—No te pediré que digas nada, pero si pudieses, por favor, conseguirme esa prueba del pago… —Hizo una pausa. ¿La estaría presionando demasiado?

Melissa se volvió hacia ella y soltó todo el aire que había estado conteniendo por la nariz.

—Veré qué es lo que puedo hacer.

Antes de que Stevie pudiese darle las gracias, la puerta que había al final del pasillo se abrió del golpe.

—¡Stevie, ya estoy aquí! —Se oyó desde el umbral.

Tuvo que parpadear un par de veces para asimilar lo que estaban viendo sus ojos. ¿Qué cojones? ¿Esa era…?

—¡Soy yo!

Colby.

La acompañaban los dos mismos agentes que habían encerrado a Stevie.

—¡No hace falta que me empujéis! ¡Puedo caminar diez metros yo solita! —Colby frunció el ceño al observar la mano del policía que la estaba agarrando del hombro.

Stevie se quedó boquiabierta mientras metían a Colby en la celda 2A y cerraban la puerta tras ella.

—Colby… Pero ¿qué…? ¿Cómo…?

—Digamos que el pobre Oliver va a tener un par de ojos morados a juego mañana por la mañana.

Stevie se pellizcó el puente de la nariz.

—Dime que no es verdad.

—No puedo, Stevie, porque lo es.

¡El pobre y amable Oliver! El chico tan solo estaba intentando hacer su trabajo y se había acabado llevando dos puñetazos en la cara.

—¡Tenía que hacerlo! —Colby señaló la salida con el pulgar—. Ahí afuera nadie me estaba diciendo nada. Y, en mi defensa, primero intenté volcar la máquina expendedora, pero esos trastos pesan un quintal, así que no me quedó más remedio que pegar a tu novio.

—¡Que no es mi novio!

Colby se aferró a los barrotes de su celda.

—Y dime, ¿ya has conseguido que la lunática que te lanzó ese batido te diga en qué cojones estaba pensando para hacer eso?

Stevie cerró los ojos con fuerza y apoyó la frente sobre los barrotes.

—¿Qué pasa? —preguntó Colby—. ¿Qué? Ah. Está en la celda de al lado, ¿verdad?

—Colby, te presento a Melissa. Melissa, Colby .