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—¿Habéis valorado la posibilidad de que Blair tuviese un novio secreto?
Hacía meses que iba y venía de Honeyville sin que ninguno tuviésemos ni idea.
Deberíais investigar eso también. Y a Kirk Tyler.
Su relación con Blair era… —Hizo una pausa, ¿cómo la había descrito Hilton?
—. Conflictiva. Su relación era conflictiva.
Creo que ella quería marcharse de Satellite.
Creo que discutió con él en su camerino sobre eso el día del concierto.
Y tampoco creo que Gunner Trip haya dicho la verdad sobre cuándo llegó a Honeyville.
En realidad, llegó tres días antes de lo que dijo, un tipo al que vimos en el motel Rising Sun nos contó que llevaba allí varios días.
Ah, ¿y habéis recibido ya los resultados de balística?
El agente Dean se detuvo de golpe.
—Estamos investigando todas las pistas que hemos recopilado, Stevie.
Te lo prometo. En realidad, no debería decirte esto, pero ya hemos descartado a Gunner Trip.
No tenemos nada que lo sitúe en el estadio, y tenemos imágenes en las que se le ven en el hotel a la hora del concierto, y también pasó la prueba del polígrafo.
Sé que normalmente suele ser el amante celoso, pero no fue él quien asesinó a Blair.
—Pero los polígrafos no son un cien por cien precisos, ¿no? —Seguro que tenía que saber aquello, ¿verdad?
El agente suspiró con pesar y se llevó las manos a la cintura.
—¿Quién te dijo que Gunner estaba en el motel?
—No me dio su nombre, pero parecía bastante seguro de que Gunner llevaba allí unos cuantos días ya.
—No debería costaros localizarlo. Llevaba puesto una camiseta blanca sin mangas y calzoncillos, e iba con chanclas y calcetines —comentó Colby.
Stevie se sonrojó con fuerza. Aquello no era un trabajo demasiado digno de un buen detective, y lo de «un hombre con calzoncillos blancos» no sonaba demasiado a «testigo fiable».
—Los abogados de los Titans nos están presionando para que dejemos marchar a Gunner, pero veré si puedo retenerlo un par de días más para investigarlo.
—Vale, gracias —repuso Stevie—. No es que crea que fue él quien lo hizo, pero sí que pienso que es una pista que merece la pena investigar.
—Tienes que confiar en que podremos resolver este caso, Stevie —le dijo el agente Dean, casi agotado, con amabilidad.
¿Es que le había molestado que le dijese cómo hacer su trabajo? ¿O es que estaba insistiendo demasiado?
—Aun así, creo que deberíais hacer caso a mi chica. Acaba de darte una pista bastante buena que merecería la pena investigar a fondo —comentó Colby.
—Y vosotras deberíais hacerme caso cuando os digo que lo estamos investigando todo. —Sus palabras eran cortantes, pero se las apañó para que no sonasen de ese modo—. Si descubrimos algo, Jimmy se asegurará de teneros al corriente.
Podría haberle dado largas, pero había algo en su tono de voz que le hizo pensar que estaba siéndole sincero.
El agente Dean abrió la puerta lateral que daba al aparcamiento del estadio y dejó pasar a Stevie y a Colby.
Stevie le echó un vistazo de reojo; el cabello oscuro le caía sobre los ojos y, por un momento, le entraron ganas de alzar la mano hacia su rostro y apartárselo de la cara.
Clavó la mirada, con los ojos bien abiertos, en el asfalto, horrorizada de que esa idea se le hubiese pasado siquiera por la cabeza.
Decidió que, de alguna manera, aquello tenía que ser culpa de Colby.
El lugar se había quedado en calma. La policía debía de haberles pedido a los fans y vecinos que se marchasen. Tan solo quedaban un puñado, que estaban observando cómo unos cuantos periodistas grababan algo frente al enorme cartel de Blair.
—Creo que podemos apañárnoslas para llegar desde aquí. —Colby señaló uno de los pocos coches que todavía seguía aparcado allí—. Ese es el mío.
El agente Dean no parecía demasiado convencido.
—Preferiría acompañaros hasta tu vehículo, para asegurarme de que estáis a salvo.
Stevie puso los ojos en blanco. ¿Quién por debajo de los sesenta años seguía diciendo «vehículo»? Le entraron ganas de sonreír, pero se contuvo. No podía permitir que aquello le resultase adorable. No podía permitir que él le resultase adorable. Sin importar lo bonitos que fuesen sus ojos.
—Gracias, pero estaremos bien.
El agente Dean asintió con la cabeza y se dio la vuelta, al tiempo que Stevie y Colby se encaminaban hacia su coche. Pero entonces Stevie se volvió y le llamó:
—¡Agente Dean! ¿Cómo te llamas en realidad?
—Oliver.
—Oliver —repitió en un susurro, antes de girarse de nuevo.
Colby la observó con las cejas enarcadas.
Stevie se llevó las manos a las caderas.
—¿Qué?
—Te gusta.
—No es verdad.
—Creo que haríais una pareja monísima. Oliver y Stevie. Oliver y Stevie. ¿Qué tal te suena? No sé si me convence.
—¿Podrías dejarlo…? —Se interrumpió a mitad de pregunta cuando se fijó en alguien que estaba al otro lado del aparcamiento.
Kirk Tyler. Y parecía estar en medio de una discusión.
—Stevie y Oliver. ¿Así mejor? Stevie y Oliver…
—¡Por Dios, Colby, cierra el pico y mira eso! —Stevie señaló con un gesto de la cabeza a las dos personas iluminadas por la luz de una farola que había al otro lado del aparcamiento—. Colby, ¿de qué conoce tu madre al representante de Blair ?