23 #2
Stevie se quitó la camiseta y la lanzó a la basura, y después se echó agua en la cara y en el pecho.
—Tenemos que ir a la comisaría para ver si podemos averiguar quién es. Y qué problema tenía con Blair.
Colby le lanzó una toalla.
—Lo siento, no está muy limpia. La llevaba en el maletero del coche desde hace ya bastante tiempo.
Se secó, le tendió la mano a Colby y esta le entregó una camiseta limpia. Stevie la olisqueó, arrugó la nariz y se la puso. Bajó la mirada por su pecho, y después volvió a subirla hacia Colby.
—¿En serio?
Era un top corto del merchandising de Blair Baker en el que ponía «Súbeles el volumen a tus sueños».
—Es lo único que tenía a mano.
El agente Dean las estaba esperando fuera cuando salieron. Stevie tironeó del dobladillo de la camiseta, intentando estirarla para que le cubriese al menos el ombligo.
Él no pudo evitar bajar la vista por su cuerpo, antes de volver a subirla hacia sus ojos. Carraspeó con fuerza para aclararse la garganta y adoptó un tono de lo más profesional.
—Jimmy me ha pedido que te lleve a casa. Tus padres ya se han ido, han dicho que necesitaban alejarse de las cámaras.
—No hace falta, Colby ya se ha ofrecido a llevarme —repuso Stevie.
El agente Dean parecía estar a punto de ponerse a discutir con ella.
—¿Estás segura? —le preguntó en cambio.
—No te preocupes, puedes darle un paseo en otro momento —comentó Colby, guiñándole un ojo a Stevie.
Stevie le dio un codazo en las costillas. ¡Era imposible que acabase de insinuar aquello! Se volvió a mirar al agente Dean, pero este no reaccionó de ninguna manera. Si había pillado el doble sentido, estaba claro que había optado por ignorarlo. Menos mal.
—Os acompañaré por la puerta de atrás. Así evitaremos a la mayoría de los periodistas. —Sacó su linterna y se puso en marcha por el pasillo. Stevie y Colby lo siguieron de cerca, con sus pasos resonando sobre el suelo de cemento del estadio.
Cuando doblaron la esquina, el haz de luz de la linterna iluminó la barrera de cinta policial que bloqueaba el pasillo cubierto que llevaba hasta debajo del escenario.
Stevie se frenó de golpe.
—¿Podrías mostrarme dónde murió Blair?
El agente Dean se frotó la nuca.
—No creo que sea buena idea.
—¿Por favor? —Lo miró suplicante.
—Stevie, existen una serie de protocolos…
Stevie se llevó una mano al colgante de la pluma de Blair. Sabía que le estaba pidiendo demasiado.
—Por favor, tengo que verlo.
—Lo más probable es que vayamos a ir de todos modos —repuso Colby.
El agente Dean le sostuvo a Stevie la mirada durante unos momentos más, y después asintió, antes de levantar la cinta.
—Muy bien, pero no le podéis contar a nadie que he accedido a dejaros entrar. Podrían retirarme la placa provisional por esto.
—Relájate —le dijo Colby—, no vamos a chivarnos.
Recorrieron todos juntos aquel túnel improvisado, y Stevie pudo oír su respiración acelerada en los oídos.
—Es aquí —dijo el agente Dean. Estaban justo debajo del escenario, frente a una puerta metálica; la puerta que daba a la sala donde se guardaba la plataforma que había elevado el cuerpo inerte de Blair hasta el estadio.
—Aquí fue donde ocurrió —susurró Stevie.
No era ninguna pregunta, pero el agente Dean respondió de todos modos.
—Sí. Tal y como demuestran las pruebas que hemos encontrado.
—¿Cómo de grande es esa sala? —preguntó Colby.
—Es bastante más grande de lo que parece.
—El agente Dean iluminó la puerta de metal con la linterna, pero la apartó poco después a toda prisa.
Sin embargo, a Stevie le dio tiempo a ver la mancha oscura que había en el suelo, allí donde la sangre de su hermana se había acumulado y esparcido por el suelo de cemento, filtrándose entre los poros.
—Quiero entrar —le dijo Stevie.
El agente Dean se mordió el labio inferior.
—No sé si…
—Te prometo que no tocaré nada.
—Está bien, pero solo un minuto. —Encendió un interruptor y Stevie lo siguió poco después hacia el interior de la estancia.
Su mirada se posó de inmediato en la enorme mancha de sangre oscura que había sobre la plataforma.
También había lentejuelas esparcidas encima, que destellaban bajo la luz de la linterna casi como si pretendiesen burlarse de ella con su brillo siniestro.
Stevie tuvo que apartar la mirada y, en cambio, optó por examinar aquella estancia, que era más como una especie de contenedor metálico que una habitación propiamente dicha, con una plataforma justo en el centro.
Pegada a una de las paredes había una silla y una mesa llenas de comida y botellas de agua que nadie había llegado a tocar.
Y, contra la otra, había un enorme armario metálico.
—¿Qué hay ahí dentro? —le preguntó Stevie al agente Dean.
—El cuadro eléctrico que controla la plataforma. Está conectado con un panel de la sala de control.
¿El asesino se había escondido detrás de ese armario? ¿O había estado sentado en la silla cuando Blair había entrado?
—Qué lugar más horrible para morir —murmuró Stevie.
—¿Es que existe algún sitio bonito para morir? —repuso Colby.
El agente Dean clavó la mirada en la entrada.
—No, pero algunos son peores que otros.
Stevie agradeció que dijese eso. Que fuese sincero.
A Blair le habían disparado en el pecho.
Había visto la pistola que la había matado.
Había mirado a los ojos a su asesino y sabido lo que estaba a punto de ocurrir.
Debía de haber estado aterrorizada, y sola.
Y durante todo ese tiempo, a tan solo unos metros sobre su cabeza, había miles de fans esperándola.
Toda esa gente había estado justo ahí, y nadie había sido capaz de ayudarla.
Y Stevie también había estado allí, ¿verdad?
En cuanto a lugares para morir, estaba claro que aquel era uno de los peores.
El agente Dean señaló la puerta, parecía ansioso por largarse de allí cuanto antes.
—Deberíamos irnos antes de que la gente empiece a preguntarse dónde estáis.
Stevie se quedó un minuto más en el umbral.
—Ahora estoy aquí, Blair —susurró—. Y encontraré al que te hizo esto.
Mientras se encaminaban por el pasillo hacia la salida, Stevie se colocó junto al agente Dean.
—¿Estáis investigando alguna pista?
Él se detuvo en la puerta.
—Me temo que no puedo hablar de eso… Toda la comunicación con la familia sobre el caso debe hacerla Jimmy. —Algo había cambiado, porque le estaba hablando de forma mucho más formal, como si se arrepintiese de haberles mostrado la sala donde había muerto Blair.
—Pero estáis investigando lo del acosador, ¿no? ¿Conseguisteis sacar algo de la tiara?
—Entiendo por qué crees que esa es una de nuestras principales líneas de investigación —repuso—. Pero me temo que no pudimos obtener nada de la tiara.
Stevie asintió. Sabía que aquello era culpa suya.