23
U nos minutos más tarde, en el centro del escenario y con los ojos entrecerrados para protegerse de los flashes de las cámaras, Stevie colocó una mano sobre el micrófono antes de susurrarle a Colby al oído:
—No me puedo creer que me hayas convencido de que esto era una buena idea.
—Es una idea genial —le respondió Colby, también en un susurro—. Todo irá bien. Solo tienes que hablar con el corazón.
¿Hablar con el corazón? ¿Delante de toda esa gente? Tenía que estar de broma.
Stevie fulminó la nuca de Colby con la mirada mientras esta bajaba del escenario. A los pies de la escalera, Marnie y Frank le dieron un fuerte abrazo. Y entonces, con los ojos anegados de lágrimas de ánimo, alzaron la mirada hacia Stevie.
Ella respiró hondo y se volvió hacia la multitud. «Mucha mierda», como le diría Colby. Allí había muchísima gente, y todos la estaban mirando fijamente, a la espera de que empezase a hablar en cualquier momento. Y ella no tenía ni idea de qué se suponía que iba a decir.
Se llevó el micrófono a los labios e intentó que no le temblasen las manos.
—Hola, soy Stevie Baker —dijo, aunque su voz se vio ahogada por el chirrido estático del altavoz.
Se estremeció. La multitud también se encogió ante aquel ruido.
¿Ya era tarde para huir? ¿Para decir que aquello era demasiado?
Pero Colby y sus padres la estaban apoyando desde los pies del escenario, todos asintiendo con la cabeza, animándola a seguir hablando.
Se le acumuló el sudor frío en la nuca y le bajó por la espalda.
—Lo siento, no se me dan tan bien los micrófonos como se le daban a Blair.
—Había muchos rostros observándola, todos tornándose borrosos, hasta volverse uno solo.
Examinó la multitud con la mirada. ¿El asesino de su hermana estaba allí?
¿Observándola?—. Me gustaría empezar dándole las gracias a mi amiga, Colby Green —dijo el nombre de Colby un poco entre dientes—, por hacer posible que aquellos que queríamos a Blair nos hayamos podido reunir hoy aquí para honrar su memoria.
Colby esbozó una sonrisa, de pie junto al escenario.
—Blair era… Blair era… —Se quedó callada por un momento, sin saber muy bien qué decir a continuación. Sentía que se estaba ahogando ahí arriba, en ese mar de expectativas.
Le lanzó una mirada desesperada a Colby, que se limitó a gesticular con la boca: «Habla desde el corazón».
Stevie se aferró al micrófono con más fuerza.
—Blair siempre se sintió muy cómoda sobre un escenario. Yo, en cambio, no tanto. —Suspiró con fuerza y clavó la mirada en sus pies—. Os seré sincera, ahora mismo preferiría estar en cualquier lugar menos aquí. No quiero estar sobre este escenario hablando con vosotros.
Alzó la cabeza de nuevo. Se fijó en cómo todos los flashes de los teléfonos la apuntaban, grabándola, y una ira amarga e irrefrenable la invadió.
—¿Se supone que debería encontrar alguna clase de consuelo en que estéis todos hoy aquí?
¿En compartir vuestro dolor? ¿Que debería encontrar alguna clase de consuelo en que Blair significase algo para todos vosotros?
—Hizo una pausa, sacudió la cabeza y fue bajando poco a poco la voz a medida que la ira la abandonaba, viéndose reemplazada por una implacable tristeza—.
Porque no es así. Ni por asomo. —Stevie cerró los ojos y, cuando volvió a abrirlos, estaba llorando—.
Puede que todos vosotros sintáis que habéis perdido algo tras su muerte, pero, en realidad, no habéis perdido nada.
Blair nunca fue vuestra, nunca os perteneció como para perderla.
Pero sí que era mía… —Se sorbió los mocos y se secó las lágrimas de los ojos con el dorso de la mano—.
Era mía… Y puede que tengáis la sensación de que la conocíais porque habéis visto sus entrevistas, ido a sus conciertos o porque habéis sido testigos de sus más y sus menos.
Pero en realidad no la conocíais. Y, lo peor es…
—Se le rompió la voz y apenas pudo seguir hablando—.
Es que yo tampoco. Al final no. Y es por eso por lo que preferiría estar en cualquier parte salvo aquí, porque todo esto me recuerda que mi hermana…
, mi preciosa y talentosa hermana, que me prometió que siempre sería mi mejor amiga, es tá muerta, y jamás tendré la oportunidad de volverla a conocer.
Y eso me cabrea… muchísimo. —Stevie se volvió hacia el cartel gigante de Blair, con las lágrimas deslizándose por sus mejillas—.
Mi hermana era una estrella, iluminaba cada escenario al que se subía, cada habitación en la que entraba.
Era tan jodidamente deslumbrante que el solo estar a su lado podía llegar a doler.
Blair era brillante, y haría cualquier cosa por volver a estar cerca de su luz.
Un grito. Alto y enrabietado. Mierda, quizás había hecho enfadar a la gente con su discurso. Quizás había sido demasiado dura.
Otro grito.
Un momento. Stevie parpadeó con fuerza. ¿Era él? ¿El acosador?
Recorrió la multitud con la mirada, con el corazón latiéndole acelerado. Había demasiados flashes como para ver nada. Y entonces hubo un destello que le llamó la atención…
Alguien se estaba abriendo paso entre la gente hacia el escenario. Hacia ella.
Mierda. Se volvió hacia Colby y sus padres.
—Eres una mentirosa. ¡Blair Baker no era brillante! —Una chica emergió de entre la multitud y se plantó frente a ella, con un vaso de cartón en la mano y observándola con unos ojos cargados de odio puro—. ¡No era una buena persona! —Su voz desprendía muchísimo veneno.
—¿Qué? —dijo Stevie, con voz rota.
Hubo más gritos; de Jimmy esta vez, que estaba tratando de abrirse paso entre la gente.
—¡Blair Baker era una mentirosa! ¡Una mentirosa a la que solo le importaba ella misma!
Stevie no tuvo tiempo para reaccionar. El vaso de cartón le dio de lleno en la cara.
Oyó cómo la multitud contenía un grito ahogado mientras ella se tambaleaba hacia atrás sobre el escenario.
Estaba empapada. Cubierta en algún liquido extraño.
¿Era ácido? Por dios, ¿y si le había lanzado ácido?
Parpadeó con fuerza, furiosa, y bajó la mirada por su cuerpo, y sintió una oleada de alivio al darse cuenta de lo que era.
Un batido. Tan solo era un batido. Entonces oyó a alguien gritar su nombre, agarrarla con fuerza de los brazos y tirar de ella hacia los pies del escenario.
Conocía esas manos… Era el agente Dean. Trató de zafarse de su agarre y salir corriendo para comprobar quién era esa chica.
Pero Jimmy y otro agente se le habían adelantado y ya se la estaban llevando a rastras hacia un coche de policía.
El agente Dean prácticamente tuvo que arrastrar a Stevie hacia la zona VIG.
—¿Quién era esa chica? ¡Tengo que hablar con ella! —gritó Stevie, tratando de librarse de él.
El agente le dejó caer las manos sobre los hombros y la miró fijamente a los ojos.
—Stevie, para. Respira. Te acaban de atacar.
Rehuyó sus ojos marrones y profundos.
—¡Solo me ha lanzado un batido! ¡Y quiero saber por qué! ¿A dónde se la van a llevar?
—A la comisaría, supongo. Stevie, por favor, averiguaremos de qué va todo esto, pero ahora necesito que te calmes… Todavía debes de estar en shock .
—¡No necesito calmarme! ¡Estoy muy tranquila! ¡Mírame! ¡Tranquila! ¡Tranquila! ¡Tranquilísima!
El agente Dean enarcó una ceja.
Vale. Bien. Tenía razón. Estaba al borde de un ataque de histeria y cubierta de batido. Respiró profundamente.
Él se sacó un paquete de pañuelos del bolsillo interior de la chaqueta y le tendió el último que le quedaba a Stevie. Ella bajó la mirada por su pecho y suspiró con fuerza. Iba a necesitar algo más que un pañuelo para limpiarse.
—Gracias —dijo mientras el pañuelo se desintegraba en pedazos al pasárselo por la cara.
El agente Dean se inclinó hacia ella y le pasó el pulgar por la mejilla en una dulce caricia, quitándole los restos de papel que el pañuelo le había dejado.
—Así, mucho mejor. —Entonces se apartó de golpe, como si de repente hubiese caído en la cuenta de que esa caricia tan dulce era muy poco profesional por su parte.
Stevie parpadeó con fuerza, sin apartar la mirada de él, con el batido todavía goteándole de las pestañas, al tiempo que se sonrojaba con fuerza.
—¡Stevie! ¡Stevie! ¿Estás bien? —Marnie se acercó a ella a la carrera, haciendo al agente Dean a un lado de un empujón, y la abrazó con fuerza, manchándose también de batido en el proceso.
—¿Quién narices era esa chica? —preguntó Frank—. Stevie, ¿la conoces?
Stevie negó con la cabeza. No había visto a esa chica en su vida.
Pero iba a descubrir quién era y por qué creía que Blair era una mentirosa.
El director Mathers les dio acceso a los vestuarios del estadio.
Colby había logrado convencerle de que se los abriese para que Stevie pudiese esconderse de la prensa y limpiarse el batido.
El agente Dean había insistido en acompañarlas, para asegurarse de que solo utilizaban los baños y que no entraban por accidente en la escena del crimen.
Stevie abrió el grifo y aguardó a que empezase a salir agua caliente.
—Ha salido mucho mejor de lo que esperaba —comentó Colby de repente.
Stevie bajó la mirada por su ropa empapada, de agua y batido.
—¿Lo dices en serio?
Pero Colby tenía razón. La vigilia había servido para que al menos una persona que odiaba a Blair diese la cara.
Lo que ella no había esperado era que fuese una adolescente; porque no encajaba con el perfil que se había imaginado que tendría el acosador de Blair.
En su cabeza, este encajaba más bien con la descripción de «tipo con una gabardina larga y una gorra de béisbol».
Y a Blair le habían disparado en el pecho.
A Stevie tan solo le habían lanzado un batido.
No era precisamente el mismo modus operandi .
—¿De verdad crees que fue ella? ¿Que fue ella quien mató a Blair?
Colby se recostó contra la puerta del retrete, frunciendo el ceño como si lo estuviese considerando seriamente.
—No lo sé. Supongo que cualquier cosa es posible.