22
H ilton apagó la grabadora y se recostó en su asiento.
—Creo que ya tengo todo lo que necesito. Pero, si no te importa, ¿podrías enviarme una foto tuya y de Blair, algo bonito, de cuando erais pequeñas…?
Stevie se levantó y tuvo que contener las lágrimas. Se negaba a echarse a llorar, y más allí, delante de Hilton; tenía que salir del restaurante cuanto antes. Había hablado demasiado. Había compartido demasiado de su historia. De la de Blair. Y se odiaba por ello.
—Te la enviaré por correo —repuso, volviéndose hacia la salida.
—Gracias. —Hilton alargó un brazo por encima de la mesa y sorprendió a Stevie dándole la mano—.
Creía que siempre escribiría sobre Blair.
Pensaba que llegaría el día en el que escribiese un artículo sobre su boda, o sobre el nacimiento de sus hijos.
Eso es lo que debería de haber ocurrido, y por eso lamento muchísimo tu pérdida.
Stevie asintió con la cabeza, porque no se veía capaz de hablar.
Se alejó apresuradamente de la mesa, tirando su vaso en el proceso.
El batido se derramó y goteó sobre el regazo de Hilton.
Este se levantó de un salto del banco. Stevie no se molestó siquiera en volverse de nuevo, tan solo siguió corriendo hacia la puerta y salió del restaurante como alma que lleva el diablo, hacia el calor de la mañana.
Se metió las manos en los bolsillos y echó a andar, con la cabeza gacha y la vista nublada por culpa de las lágrimas contenidas.
No estaba segura de si creerle o no, pero se había sentido aliviada cuando Hilton le había dicho que no tenía nada de lo que preocuparse, lo único que quería era escribir algo que celebrase la vida de Blair.
En ese momento, solo quería recordarle a todo el mundo lo maravillosa que Blair había sido en vida, y necesitaba que Stevie compartiese con él algunos detalles y recuerdos más personales que tenía con ella, como una h ermana cariñosa y atenta.
Aquello era mucho más fácil decirlo que hacerlo.
Sabía que tenía recuerdos así, pero las últimas visitas de Blair fueron lo primero que se le vino a la cabeza cuando Hilton le hizo aquella pregunta.
El cómo se había comportado Blair en la desastrosa fiesta de su decimosexto cumpleaños.
Las pocas veces que había estado por casa después de perderse la vigilia de Mia, y todo el drama que siempre traía consigo cuando volvía a Honeyville.
Pero entonces Hilton le había preguntado sobre su infancia, había hablado sobre lo alegre y divertida que Blair parecía cuando su carrera acababa de despegar.
También le contó que, una vez, Blair le había dicho que ella era su persona favorita en el mundo, y entonces, poco a poco, Stevie había empezado a abrirse.
Incluso ella se había sorprendido de que lo hiciera.
Normalmente se le daba muy bien controlarse y mantener la boca cerrada, guardar sus asuntos personales en secreto.
Pero tal vez tan solo quería hablar de su hermana.
Quizás lo necesitaba. Porque ella también había sido durante mucho tiempo su persona favorita en el mundo.
Le habló de cómo, cuando Blair tenía ocho años, solía colarse en su habitación y en su cama por las noches siempre que ella tenía una pesadilla.
De cómo, cuando Blair tenía once años, le había dado a Stevie su almuerzo después de que ella se hubiese dejado el suyo olvidado en el autobús de camino al colegio.
De cómo, cuando Stevie tenía once años y se había peleado con su mejor amiga, Blair le había tomado de las manos y le había dicho que eso en realidad no importaba, porque ella era su mejor amiga y siempre lo sería.
La caja donde Stevie había guardado todo su dolor en su interior, la que tanto esfuerzo le había costado cerrar, había empezado a abrirse lentamente.
Stevie recorrió la calle con el sudor cayéndole por la espalda.
Ni siquiera sabía a dónde ir o qué hacer.
Sus recuerdos de Blair contrastaban con el horrible mensaje que Hilton le había mostrado, ese que hablaba sobre su familia.
Era ridículo. ¿Quién se suponía que, de toda su familia, iba a ser un criminal?
Era absurdo. Hal había tenido sus roces con la ley, pero cuando todavía era joven y estúpido, y después había aprendido la lección.
No había vuelto a hacer algo parecido. ¿Verdad?
En ese momento, se acordó de cómo este se había removido con nerviosismo cuando le había preguntado dónde había estado la noche del c oncierto, y se le encogió el corazón.
¿Y si sí que lo había hecho? ¿Y si había hecho algo mucho peor y Blair lo sabía, y le había contado a la prensa su historia sobre cómo lo habían arrestado por conducir ebrio cuando era joven para protegerlo?
A Stevie se le encogió un poco más el corazón.
Si Hal creía que Blair iba a decir algo sobre lo otro que había hecho…
Se detuvo en medio de la acera. ¿Qué narices estaba haciendo?
Estaba pensando en Hal. Estaba empezando a sacar teorías precipitadas.
Hal se había enfadado muchísimo cuando Blair había aireado sus trapos sucios.
Si lo había hecho para protegerlo, él no se habría cabreado de ese modo, puede que incluso le hubiese estado agradecido por ello.
Además, estaba en casa cuando dispararon a Blair.
Stevie necesitaba centrarse solo en los hechos.
No eran más que pasadas las tres, así que aún tenía unas cuantas horas libres antes de la vigilia, por lo que decidió pasarse por la biblioteca.
Necesitaba un lugar frío y silencioso donde volver a unir los pedazos de su corazón, donde calmarse.
Pero, cuando se adentró en el edificio, acabó encaminándose hacia la sala de ordenadores.
Encendió uno, sin parar de repetirse que lo estaba haciendo solo para descartar por completo aquella posibilidad.
Sus dedos se posaron sobre las teclas, sin saber muy bien por dónde se suponía que debía de empezar a buscar.
Pero, por algún motivo, acabó escribiendo «Condena de Marnie Baker» en el buscador de Google.
Enterró el rostro entre sus manos. ¿Es que estaba perdiendo la cabeza? ¿Estaba volviendo a sufrir una crisis, como le había ocurrido con lo de Mia?
—¿Te encuentras bien, cielo?
Stevie alzó la mirada. La bibliotecaria, la señora Thorne, estaba de pie a su lado, observándola claramente preocupada.
¡Ay, estupendamente! Han asesinado a mi hermana y yo estaba a punto de embarcarme en una exhaustiva búsqueda por internet solo para descubrir si alguien de mi familia es un criminal convicto.
—Estoy bien, solo estaba buscando algo en internet —respondió Stevie.
La mirada de la señora Thorne se posó en la pantalla del ordenador, y se quedó mirándola fijo. Stevie se apresuró a cerrar la pestaña del buscador.
La bibliotecaria la observó con el ceño fruncido y retrocedió.
—Espero que encuentres lo que andas buscando. Dale el pésame a tus padres de mi parte. He estado rezando estos días por todos vosotros.
Stevie le dio las gracias y aguardó a que la mujer regresase a su mesa antes de reemprender su búsqueda.
¿En serio esperaba encontrar algo? No. ¿Estaba dispuesta a buscar hasta en los rincones más oscuros de internet, aunque sintiese que estaba perdiendo la cabeza, o que se estaba volviendo totalmente majara, o que estaba traicionando a su familia?
Sí. Tenía que hacerlo, y después podría dejar de pensar en ello.
Volvió a escribir el nombre de su madre en el buscador.
Pasó por alto los enlaces que hablaban sobre una Marnie Baker que era acuarelista y otra que era psicóloga.
Aparte de la relación que compartía su madre con Blair y sus esfuerzos por recaudar fondos para distintas organizaciones benéficas, no encontró nada sobre su madre que pudiese resultarle de interés. Pues claro que no había nada.
Lo único que encontró sobre su padre estaba relacionado con su carrera profesional, sobre cómo siempre acababa arrestando a los malos, pero nada de actos de carácter delictivo.
Y también sobre su trabajo como voluntario en el Centro Comunitario Aaron Taylor.
Sobre el taller de carpintería que daba en el centro comunitario, el nuevo equipo de música que había comprado también para el centro y sobre los desayunos gratis que ofrecían allí.
Obviamente había unos cuantos artículos que hablaban de Hal y su incidente por conducir bajo los efectos del alcohol. Aparte de eso tan solo había unos cuantos reportajes de periódicos locales que hablaban de sus victorias de cuando jugaba al fútbol americano en el instituto.
En cuanto al tío Jimmy, solo encontró un artículo de La Colmena de Honeyville que hablaba sobre su ascenso tras la jubilación anticipada de Frank, y luego algunas noticias sobre las personas a las que había arrestado durante los últimos años, principalmente por pequeños hurtos y alguna que otra pelea frente al bar Lacey’s.
Los únicos artículos que hablaban de Annie Baker eran los que iban sobre la desaparición de su hija.