Famosa hasta la muerte 20 #3
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—Lo entiendo…, yo habría pensado lo mismo. ¿Qué le dijiste… sobre lo de ir a la vigilia?

—Creo que fui un poco borde con ella. Le dije que decidiese solita lo que quería hacer, que a mí lo único que me importaba era encontrar a mi hija. —Annie cerró los ojos por un momento—. Debería haber sido más amable con ella.

—Estoy segura de que Blair no te guardaba rencor por ello.

—A Stevie se le formó un nudo en la boca del estómago.

Durante todo este tiempo había pensado que Blair había preferido quedarse trabajando, o peor, que se había ido por ahí a ver a algún novio secreto.

En cualquier caso, había pensado que Blair no consideraba que la vigilia de Mia fuese lo bastante importante.

Pero quizás lo que estaba haciendo era precisamente ser considerada.

Tal vez en realidad sí que había querido ir, pero no había podido.

En ese momento, se le vino otra pregunta a la cabeza. ¿Y si la desaparición de Mia sí que estaba conectada con Blair de alguna manera?

—Annie, ¿crees que la persona que asesinó a Blair podría ser también la responsable de la desaparición de Mia? —Aquella pregunta brotó de entre sus labios antes de que tuviese tiempo para pensárselo bien; para pensar en el efecto que tendría, o de si, para empezar, tenía derecho a formularla.

Annie la observó a través de sus pestañas húmedas, boquiabierta.

—¿A qué viene eso?

—¿Y si la persona que asesinó a Blair la estaba siguiendo la noche en que Mia desapareció? ¿Y si se llevó a Mia para intentar atraer a Blair hacia su trampa?

Annie dejó la flor sobre la encimera.

—Si ese fuese el caso, ¿esa persona no se habría puesto en contacto con Blair? ¿No le habría exigido algo a cambio de liberar a Mia? ¿Alguna especie de rescate o algo así?

Stevie tragó con fuerza. Pues claro que lo habría hecho. Ya lo estaba haciendo de nuevo, dejar que su mente se fuese por otros derroteros, vagando sin rumbo.

—Cariño, sé que el asesinato de Blair ha despertado cientos de emociones y sentimientos que creíamos enterrados, para todos nosotros, pero no creo que pueda estar conectado con la muerte de Mia.

Por favor, no te pierdas a ti misma investigándolo.

Otra vez no. Entiendo que puedas tener miles de preguntas, pero no es tu trabajo descubrir qué fue lo que ocurrió.

Aquella fue la primera vez en que oyó a Annie decir lo que ella misma llevaba pensando desde hacía mucho tiempo.

—¿Crees que Mia está muerta?

—Han pasado casi tres años, Stevie. Si te soy sincera, creo que supe que había muerto la noche en que desapareció.

Llámalo instinto maternal, si quieres, pero me pasé mucho tiempo tratando de ignorar lo que me gritaba la intuición.

—Una gruesa lágrima y después otra le cayeron por las mejillas, aterrizando sobre las flores que ya había limpiado—.

Supongo que la muerte de Blair me ha demostrado de nuevo lo fácil que resulta arrebatarle la vida a alguien.

Cómo los asesinos siempre acaban saliéndose con la suya.

—Pero ¡no debería ser así! —repuso Stevie. Parecía que Annie había renunciado a encontrar a quien había hecho daño a Mia. Y Stevie no podía entenderlo. ¿Cómo podía seguir adelante con su vida sin obtener respuestas?

—No quiero seguir persiguiendo respuestas.

Quiero llorar la muerte de mi hija. Encontrar a su asesino no me la traerá de vuelta.

Y, con el tiempo, te darás cuenta que descubrir quién mató a Blair tampoco servirá para traerla de vuelta.

No estás llorando su muerte, Stevie. Estás huyendo de tu dolor.

Y no quiero volver a ver cómo te rompes y te pierdes a ti misma en el proceso.

Stevie no quería ni oírlo. No podía soportar escuchar lo que le estaba diciendo Annie, pero tampoco quería discutir con ella. No con Annie. Había tenido que superar muchas cosas a lo largo de su vida, y ahí estaba ella, presionándola y reabriendo viejas heridas.

Stevie se volvió hacia el armario y trató de cambiar de tema, con la voz un tanto temblorosa.

—¿Por qué hay tantas infusiones? Hay al menos seis paquetes sin abrir de infusión para adelgazar y de quema grasas. —Se volvió hacia Annie—. Parece que vamos a tener que conformarnos con café instantáneo.

Annie la miró como si quisiese decir algo más, como si quisiera que Stevie admitiera que no se estaba enfrentando a la realidad, pero resopló, abrió el armario que había encima de la cocina y esbozó una sonrisa forzada.

—Marnie siempre esconde aquí las capsulas de café bueno. No le digas que te lo he contado.

—Me has salvado la vida. —Stevie metió una cápsula en la cafetera y preparó primero una taza para Annie.

Le echó un poco de leche y se la tendió.

Annie la aceptó y la dejó sobre la encimera.

—Stevie, necesito que me seas sincera y me digas si estás pasando por un mal momento otra vez o no. Eres como mi hermana pequeña, y me preocupas.

—Yo también me preocupo por ti. Pero estoy bien, te lo prometo. —Stevie miró a su cuñada a los ojos, para que Annie supiese que lo decía en serio.

Y quizás también en parte para convencerse a sí misma de que era cierto .