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E ntonces, ¿en el correo ponía: «Deja de indagar en los asuntos de Blair»?
—Colby se tumbó en el sofá, en lo que ella llamaba su postura para pensar, que en realidad consistía en cerrar los ojos y pellizcarse el puente de la nariz—.
Mmmm. ¿Crees que se refiere a «asuntos románticos» o más al tema negocios y esa clase de cosas?
¿Podría ser la misma persona que te dejó la tiara?
¿El hombre de la gabardina? ¿Otra persona?
—No tengo ni idea —repuso Stevie, más cortante de lo que pretendía.
Colby la observó con una ceja enarcada.
—¿Estás segura de que te encuentras bien? El recibir un correo como ese debe de dar bastante miedo.
Stevie sí que se había asustado cuando lo había leído por primera vez.
Y, si era sincera consigo misma, aún lo estaba.
Pero su miedo se había transformado con rapidez en algo completamente distinto.
Ira, sin duda. Y determinación. Sí, estaba acojonada, pero no iba a permitir que su miedo la disuadiese de encontrar al asesino de Blair.
Pero en ese momento, después de haber hablado con Annie y de haber intentado encontrar a la fuerza alguna conexión entre Blair y la desaparición de Mia que probablemente nunca había existido, y tras escuchar a Colby, se dio cuenta de lo poco que sabían en realidad, y dejó que su miedo y frustración tomasen las riendas.
—Estoy bien, es que anoche no dormí mucho que digamos. Sigue.
Colby la observó atentamente por un momento.
—¿Estás segura de que no estás al borde de un ataque de nervios? Porque estoy aquí si se da el caso. Lo siento, no me refería a que se tuviese que dar el caso como si quisiese que ocurriese. Lo que quiero decir es que estoy aquí si me necesitas.
—Estoy bien, te lo prometo.
—¿Y nosotras? ¿Estamos bien? Siento muchísimo no haber sido completamente sincera contigo desde el principio…
—Estamos bien. —El estar con Colby, oyéndola repasar en alto todas las pistas que habían recopilado de momento, la ayudaba a silenciar las dudas. Stevie casi se sentía una idiota por haber dudado de ella para empezar.
—Genial.
Colby retomó su postura de pensar y entonces, de repente, se incorporó de un salto, levantando un brazo como si estuviese en clase, pidiéndole la palabra al profesor.
—¡Aah! ¿Y si BBSera_mia era con quien Blair estaba discutiendo en su camerino?
La oí decirle que sabía algo, y él no parecía demasiado contento al respecto.
La encantadora respuesta que te dio BBSera_mia, desde luego, sugiere que no quiere que te pongas a indagar en los asuntos de Blair.
Así que, a lo mejor, Blair había descubierto algo sobre ese BBSera_mia y por eso la mató.
—Supongo que es la mejor hipótesis que tenemos de momento —admitió Stevie.
—¿Y podría ser también el mismo tipo que te dejó la tiara?
—No sé… La respuesta de BBSera_mia era una advertencia para mí. La tiara, en cambio, un regalo para Blair.
—Aunque ambas cosas dan bastante mal rollo —comentó Colby.
—Sí, pero no parecen pensadas por la misma persona.
Colby se llevó un dedo a los labios y se los golpeó con suavidad.
—Entonces, ¿crees que podrían ser dos personas distintas?
—Probablemente. El tipo con el que Blair estuvo discutiendo en su camerino no parecía tan alto y grande como el hombre de la gabardina que vi vigilando mi casa la otra noche.
Y todavía tenemos que investigar a Kirk Tyler.
Sé que Blair se reunió con Annie en una de las ocasiones en que vino de visita a la ciudad, pero todavía no sabemos si también estaba viéndose con algún novio secreto las otras veces que estuvo aquí.
Y no podemos olvidar que Gunner Trip nos mintió.
—Stevie se llevó las manos a la cabeza; tenía demasiadas cosas en las que pensar.
—Deberías preguntarle a Hilton Moore si él sabe algo sobre algún novio secreto o sobre los problemas que había entre Blair y Kirk, al fin y al cabo, es un periodista de la prensa sensacionalista.
Si alguien puede haberse enterado de algo, es él.
Yo probaré a preguntar por internet otra vez a ver si alguien sabe algo.
—No te preocupes, tengo una lista interminable de preguntas para Hilton Moore.
—¿A qué hora has quedado con él?
Stevie le echó un vistazo a su teléfono.
—A la una, así que quizás debería irme ya. —Se levantó del sofá y tomó su bolso.
Colby se puso de pie de un salto y se acercó a ella.
—¿Y estás segura segurísima de que no puedo ir contigo?
—Quiere hablar solo conmigo. Además, ¿no tienes que organizar una vigilia que empieza… dentro de siete horas?
—Eso está todo bajo control. Estuve despierta casi toda la noche haciéndolo todo.
—¿«Haciéndolo»? —preguntó, pero antes de que Colby pudiese responder alzó una mano para interrumpirla—. No importa, ahora no tengo tiempo para que me lo expliques. Estoy segura de que, lo que hayas preparado, a Blair le habría encantado.
La mirada de Colby se encontró con la suya.
—¿Estás cien por cien segura de que quieres hacer esto?
—¿Reunirme con Hilton?
—Indagar en los asuntos de Blair. Stevie, este tal BBSera_mia ha amenazado con matarte. Y hay un tipo enorme con una gabardina y un cuchillo merodeando por la ciudad.
La palabra «cuchillo» le cayó encima como un rayo. Pero ¿qué otra opción tenía? Se obligó a esbozar una sonrisa.
—Voy a reunirme con Hilton en el Wes’s Diner, lo único que podría matarme estando allí son los perritos calientes que Wes suele dejar en la parrilla olvidados durante semanas.
Colby no se rio. Tomó su bolso, que había dejado colgado de un gancho junto a la puerta, rebuscó en su interior y después le puso el espray de pimienta y la alarma antiviolaciones en la mano.
—Llévate esto. No te preocupes, tengo más. Solo quiero que estés a salvo.
—Lo estaré. —Stevie se los metió en el bolso sin rechistar, aunque no estaba segura de si llevarlos encima la hacía sentir mejor o no—. Gracias. Nos vemos luego en la vigilia, ¿vale?
—¿Y estás segura de que no puedo convencerte de que digas algunas palabras? De veras que creo que una pequeña muestra de emoción de un miembro de la familia de Blair podría desencadenar alguna reacción por parte de su asesino.
Stevie se colgó el bolso.
—No me va eso de hablar en público, y nunca dejo que nadie me vea llorar.
Stevie se sentó en el banco, mirando hacia la entrada del restaurante, esperando a que Hilton llegara.
Había pedido un batido, pero tenía el estómago demasiado revuelto como para tomárselo.
No podía dejar de mover las piernas arriba y abajo, incapaz de contener los nervios que sentía.
Un hombre pasó junto al ventanal del restaurante con una gorra de béisbol y una camiseta negra.
Se sobresaltó tanto al verlo que casi se derramó la bebida.
Sacudió la cabeza ante su reflejo en la ventana.
Contrólate. No podía permitirse reaccionar así siempre que viese a cualquier tipo llevando una gorra.
La campanita que había sobre la puerta tintineó cuando esta se abrió, y Hilton se adentró en el restaurante, con la nariz arrugada y observando el local con una mirada cargada de asco.
Stevie alzó una mano para llamar su atención, y él asintió con la cabeza a modo de saludo.
Se acercó a la mesa, sacó un pañuelo morado y lo colocó con cuidado en el asiento antes de sentarse con sumo cuidado.
—Este lugar es… peculiar. —Alzó una mano para llamar la atención de la camarera y le pidió un café gesticulando con la boca.
Ella no tardó en acercarse, con la cafetera en la mano, para llenarle una taza.
Hilton le dio un sorbo e hizo un enorme esfuerzo por tragárselo.
—Podría haber pagado por un lugar mucho mejor que este, ¿sabes?
El Wes’s Diner no era un restaurante elegante, pero era familiar, y Stevie se sentía a salvo allí, por lo que de repente le entraron unas ganas irrefrenables de defenderlo.
—A mí me gusta este sitio —espetó.
—¿En serio? —Hilton echó un vistazo a su alrededor, perplejo—. Bueno, me alegro de que decidieses hablar conmigo. El mundo está ansioso por oír cómo está llevando la familia de Blair Baker su muerte. Está claro que algunos lo están pasando bastante peor que otros.
Se refería a Hal. Stevie no pensaba morder el anzuelo, así que, en cambio, se dedicó a juguetear con el sorbete de su batido.
—Antes de que te diga nada, quiero algo a cambio.
Hilton le dedicó una sonrisa de superioridad.
—Yendo directa al grano, ¿eh? ¿Cuánto vas a querer?
Stevie alzó la mirada hacia él.
—No quiero tu dinero.
Hilton la observó con la cabeza ladeada.
—Todo el mundo quiere dinero.
—Yo quiero información.
El hombre se carcajeó. Soltó una risa tan sonora que hizo que la camarera se volviese a mirarlos.
Stevie se armó de valor.
—Quizás el venir aquí a hablar contigo ha sido un error.
—Yo no diría eso. —Sonrió y se inclinó hacia delante sobre la mesa, bajando la voz hasta adoptar un tono casi conspiratorio—. ¿Qué clase de información quieres?
Estaba disfrutando de aquello. Bien podría haberse puesto a frotarse las malos como el malo de una película de mafiosos.
Stevie también se echó hacia delante, imitando su pose, y le respondió usando su mismo tono.
—Quiero saber quién te envió los correos que Blair recibió de su acosador.
La sonrisa le vaciló por un momento.
Stevie no rehuyó su mirada.
Hilton enarcó las cejas.
—¿Lo dices en serio?
—Mi hermana fue asesinada. Quiero descubrir por qué y quién lo hizo. Así que, sí, lo digo en serio.
—Lamento mucho lo de la muerte de tu hermana, pero, tal y como le he contado antes a la policía, no sé quién me hizo llegar esos correos. Simplemente aparecieron anoche en mi bandeja de entrada, de la nada. Supongo que los debieron de enviar desde una cuenta falsa.
Aquello sonaba a mentira.
—¿Me estás queriendo decir que no lo sabes? ¿Nadie te pidió nada a cambio?
—No, lo que me resulta tan desconcertante como a ti. Pero, como suelo decir, a caballo regalado, no le mires el diente.
—Creo que en realidad sí que sabes quién te los envió, pero no quieres decírmelo.