Famosa hasta la muerte 20 #2
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20 #2

Apagó el ordenador y se metió en la cama.

No fue capaz de apagar el cerebro tan fácilmente como le habría gustado y, cuando el reloj dio las tres de la mañana, con solo sus implacables pensamientos como compañía, comenzó a arrepentirse de no haber dejado que Colby fuese a su casa a dormir, incluso aunque tampoco pudiese dejar de pensar en que le había mentido.

Por un momento, incluso se planteó despertar a su padre, o llamar a Jimmy para contarle lo del correo que había recibido y el posible vínculo que todo eso podría tener con la desaparición de Mia, pero sabía que la regañaría por seguir investigando el caso.

Y pensaría que seguramente estaba perdiendo la cabeza de nuevo.

Debió de quedarse dormida en algún punto de la noche, porque se despertó a las nueve de la mañana con el estridente sonido de su alarma.

Se bajó de la cama y se echó un vistazo en el espejo.

Dios, estaba hecha un desastre. Se echó un poco de agua fría en la cara y después se detuvo a observar su reflejo, sin poder evitar fijarse en el collar de la pluma que le colgaba del cuello.

Se le encogió el corazón. Blair tan solo llevaba muerta tres días, y la idea de que el tiempo siguiese corriendo sin ella, de que el mundo siguiese adelante, le resultaba insoportable.

Stevie tuvo que obligarse a apartar la mirada y alejarse del espejo. Se cambió de ropa y se hizo un moño despeinado, y después bajó a la cocina a prepararse un café para ir tomándoselo en el coche de camino a casa de Colby.

Se encontró a Annie en la cocina, con un montón de sobres en la mano. Podía preguntarle sobre el encuentro con Blair del día de la vigilia de Mia. Quizás también pudiese hablarle del correo electrónico que había recibido. Porque eran amigas, ¿no?

Annie alzó la mirada en cuanto la oyó llegar y la observó con tristeza.

—Estás…

—¿Hecha una mierda?

—Iba a decir más bien que pareces cansada. Ay, cariño, ¿qué tal estás llevando todo esto?

—Lo llevaré mejor cuando tenga un poco de cafeína corriéndome por las venas.

Annie dejó caer ambas manos sobre la encimera y se echó hacia delante, estaba claro que no la iba a dejar irse de rositas.

—¿Cómo lo estás llevando, en serio ?

Stevie no estaba segura de qué se suponía que debía de responder.

—Probablemente lo llevaría mucho mejor si mi cara no hubiese acabado en la portada del New York Times —repuso.

—Sobre eso… En realidad no estás investigando el caso, ¿no?

Pues, al parecer, tampoco iba a poder hablarle a Annie de lo del correo.

—Antes de que digas nada, Jimmy ya me ha regañado por ello, así que no tienes por qué echarme otra bronca.

—Vale —dijo, dándose cuenta de que estaba claro que Stevie no estaba dispuesta a volver a mantener esa conversación.

—Lo siento. No pretendía sonar así de cortante, es que estoy cansada.

—No tienes por qué disculparte.

—Sí, sí que tengo, sobre todo cuando ayer te portaste tan bien con mamá después de lo que ocurrió en la tienda.

—Sois mi familia, Stevie. Pero si de verdad quieres disculparte, podrías prepararme un café a mí también.

Stevie esbozó una sonrisa y se acercó a un armario, lo abrió con la esperanza de encontrar las cápsulas de café entre las cajas y cajas de infusiones de hierbas que Marnie insistía en comprar pero que nunca se bebía.

Su madre tenía un alijo secreto de cápsulas, que normalmente solo las sacaba para los invitados, escondido en alguna parte.

Annie dejó algunos de los sobres encima de la mesa.

—Teníais todas estas tarjetas sobre el felpudo cuando he llegado esta mañana. La gente es muy amable. Cindy Fogle nos llevó un pastel de melocotón ayer. Hal ha comido un trozo esta mañana para desayunar.

—A nosotros también nos trajo uno. ¿A qué hora has venido?

—Se me ocurrió que podía pasarme por aquí temprano para limpiar un poco.

Quiero hacer algo para ayudar, pero siento que todo lo que hago no tiene ningún sentido.

—Señaló el enorme ramo de flores que Blair había mandado para disculparse por no poder ir a la cena familiar, con una expresión genuinamente preocupada—.

Me estaba preguntando qué se supone que tengo que hacer con esto.

Stevie dejó de rebuscar en el armario por un momento. Las flores ya habían comenzado a marchitarse; sus pesadas cabezas hacían que los tallos se doblasen, y sus pétalos ya habían empezado a perder su brillante color.

—Ah, ya. Seguro lo último que mamá necesite en este momento es ver cómo esas flores se marchitan y mueren.

—Annie hizo una mueca, pero Stevie podía imaginarse perfectamente cómo se desarrollaría esa escena; Marnie se echaría a llorar desconsolada entre los pétalos caídos—. ¿Tal vez lo mejor sea tirarlas?

—Yo estaba pensando en secarlas y prensarlas, para que Marnie pueda tenerlas para siempre como recuerdo. ¿Tal vez podríamos enmarcarlas o colocarlas dentro de un libro?

Aquello parecía mucho trabajo. Pero entonces Stevie se fijó en Annie, que estaba observando el ramo como si aquello fuese justo lo que necesitase hacer.

—Creo que un libro de flores prensadas quedaría precioso.

Annie esbozó una sonrisa radiante.

—Genial, pues lo haré entonces. —Empezó a sacar las flores del jarrón una a una. Stevie se inclinó sobre la encimera y sacó una zinnia rosa—. Por cierto, ¿qué tal está Hal? Ayer me dijo que últimamente estabais teniendo problemas para dormir.

Annie puso una mueca.

—Está siendo duro para él. Sobre todo por todas esas cosas horribles que la gente ha escrito sobre él por internet.

A Stevie se le vino a la mente la imagen del rostro de Hal, furioso.

—Estaba en casa durante el concierto, ¿verdad?

Annie la observó claramente decepcionada.

—¿En serio me lo estás volviendo a preguntar?

Stevie se sintió avergonzada.

—Sé que es horrible, ni siquiera sé por qué lo estoy preguntando cuando sé que no fue él quien lo hizo, pero a veces pierde tanto los nervios y…

—Stevie, te lo juro, tu hermano estuvo en casa todo el tiempo. —Annie la observó directamente a los ojos y le sostuvo la mirada—. Yo jamás te mentiría.

Stevie asintió. Sabía que Annie le estaba diciendo la verdad.

—Hay algo más que me gustaría preguntarte.

—Adelante.

—¿Sabe Hal que te reuniste con Blair en una cafetería el día de la vigilia de Mia el año pasado?

Annie se quedó callada por un momento, con una flor en la mano.

—No, no lo sabe. Porque nunca se lo dije a nadie. ¿Cómo te has enterado?

Stevie ignoró su pregunta.

—¿Por qué no le dijiste a nadie que Blair estaba en la ciudad?

—Porque ella no quería que nadie lo supiera, y no creí que tuviese sentido contároslo y preocupar a todo el mundo.

—Comenzó a temblarle el mentón, como si estuviese a punto de echarse a llorar—.

Lo siento… Ahora ese recuerdo me resulta demasiado doloroso.

No fui demasiado amable con Blair ese día.

Me llamó para pedirme que nos viésemos solo para decirme que le preocupaba venir a la vigilia y convertirla en una especie de circo mediático.

Y también me habló de toda la seguridad nueva que había contratado para protegerse de un acosador.

—Dejó el tallo de la flor sobre la encimera y sacó otra del jarrón—.

No me lo tomé demasiado bien. Estaba intentando organizar la vigilia de Mia lo mejor que podía y en ese momento no fui capaz de enfrentarme también a todas sus preocupaciones.

Ahora me doy cuenta de que tenía razón al estar preocupada.

No estaba pensando en sí misma, sino en nosotros, pero en ese momento no supe verlo. Y creí que solo estaba siendo egoísta.