Famosa hasta la muerte 20
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C olby había querido ir directamente a casa de Stevie después de que le leyese el correo que había recibido, ofreciéndole quedarse a dormir con ella.

Pero Stevie desestimó su oferta, diciéndole que estaba bien, y que prefería ir ella a su casa por la mañana.

Después de que Jimmy les hubiese dicho a sus padres que Colby podría ser una potencial testigo o incluso sospechosa del asesinato de Blair, no le apetecía demasiado tener que lidiar con las preguntas que pudiesen tener.

No sabía qué hacer con todo el asunto del correo electrónico.

Se había quedado mirándolo fijamente durante un buen rato, preguntándose si debería responder o no, pero no sabía qué decir.

Aunque hubiese sido lo correcto, tampoco quería hablarle de aquello a su tío, no después de que le hubiese advertido que dejase de investigar el caso.

Así que, cuando tocaron el timbre, dejó el correo donde estaba, en su bandeja de entrada, como una prueba para más tarde, para cuando hubiese descubierto algo más.

Cindy Fogle, una de las vecinas de los Baker y amiga de Marnie, estaba en la puerta, con un pastel de melocotón en las manos. Le dio un fuerte abrazo en cuanto la vio y le dio el pésame.

—No, no puedo entrar —dijo, despidiéndose de ella después de entregarle el pastel, abriéndose paso a través de la marea de periodistas.

Cindy debió de hacer correr la voz de que los Baker estaban aceptando comida, porque el timbre volvió a sonar cuatro veces más aquel día y, esa misma tarde, Stevie, Frank y Marnie tuvieron para elegir entre macarrones con queso, cazuela de pollo, ensaladilla de patatas, pudin de plátano y el pastel de melocotón de Cindy a la hora de la cena.

Marnie se pasó toda la cena llorando por lo amable que había sido todo el mundo, pero después comentó como quien no quiere la cosa que las patatas de la ensaladilla de Mary River estaban un poco pasadas.

Cuando terminaron de cenar, Stevie regresó a su cuarto y llamó a Annie, para preguntarle si se había reunido con Blair el día de la vigilia de Mia.

Respiró hondo, sin saber muy bien cómo se suponía que debía sacarle el tema. Probablemente lo mejor es que fuese directa al grano.

—¿Stevie? ¿Va todo bien? —Fue Hal quien contestó al teléfono.

—Hola, Hal, sí, todo va bien. ¿Está Annie?

—Se acaba de quedar dormida en el sofá. Ninguno de los dos hemos estado durmiendo demasiado bien últimamente.

—Ah, entonces, no la despiertes, no es nada importante.

—¿Te puedo ayudar yo en algo?

Por un momento, se planteó si debería preguntarle a Hal si sabía algo sobre el encuentro de Annie y Blair. Pero al final decidió que lo mejor sería que se callase, para evitar problemas.

—No es nada, solo quería darle las gracias por haber ayudado a mamá hoy en la tienda.

—Se lo diré cuando se despierte. ¿Estás bien?

Stevie se recostó contra la pared.

—Sí. ¿Y tú?

—Sí.

Ninguno de los dos sonaba demasiado convincente.

—Te quiero, Hal.

—Yo también te quiero.

Stevie colgó la llamada y se acercó a la ventana.

Fuera, la luna colgaba del firmamento como una lámpara gigantesca, y las luciérnagas sobrevolaban el jardín delantero de la casa.

Bajó la mirada hacia la calle, hacia el mismo lugar donde había visto al hombre la otra noche.

¿Era él? ¿Era él quien le había escrito ese correo electrónico y le había dejado la tiara en el coche?

De reojo, vio un destello de movimiento en la calle.

El corazón le dio un vuelco, pero enseguida se le calmó al darse cuenta de que tan solo era el señor Ramone, que había salido a tirar la basura. Joder, sí que estaba tensa últimamente.

Corrió las cortinas, se sentó en su escritorio, porque había algo de lo que tenía que ocuparse y que había estado posponiendo de forma inconsciente durante demasiado tiempo, y se puso a leer los correos que Hilton Moore había subido a su página web.

Los mensajes enfermizos que le había enviado a Blair su acosador.

Quizás pudiese encontrar algo q ue los vinculase con el correo que había recibido y con los comentarios que BBSera_mia había dejado en el foro de Colby o con la carta que le habían dejado junto con la tiara.

No tardó demasiado en encontrar la publicación que andaba buscando, y lo leyó todo por encima. Habían decidido censurar la información del remitente, por lo que se centró en intentar encontrar cualquier similitud en la forma de escribir del acosador.

Hilton había dicho que no había publicado todos los correos que le había enviado el acosador a Blair. Algunos, según dijo, eran demasiado perversos, demasiado escalofriantes, como para que los leyese todo el mundo.

«Estamos destinados a estar juntos. Sé que lo sabes. Te lo veo en los ojos cuando sales en televisión».

«¿Me estás ignorando? ¿Crees que eres demasiado buena para mí? Te obligaré a fijarte en mí, sea como sea».

«Antes eras auténtica, pero ahora has dejado que la fama se te suba a la cabeza. ¿Crees que has llegado a donde estás solo por ti misma?».

«Te quiero, pero a veces pienso en colarme en tu casa y en rebanarte la garganta mientras duermes. Si yo no puedo tenerte, entonces el mundo tampoco debería».

«Hoy te he visto. Cuando estabas haciendo ejercicio. Entrenas muy duro. No hace falta que te esfuerces tanto. Ya eres perfecta».

«¿Es que te gusta prostituirte? ¿Venderle tu alma al mundo? ¿Eres una puta sin talento?».

Estaba claro que aquellos solo eran los desvaríos de un loco.

O de unos locos, porque Stevie supuso que podía haber más de uno.

¿Aquellos mensajes sonaban a algo que BBSera_mia podría haberle escrito?

Era posible, pero quizás todos los acosadores sonaban igual con sus declaraciones de amor y amenazas.

Sin embargo, el mensaje sobre haber visto a Blair entrenando le llamó la atención.

¿No había comentado BBSera_mia algo sobre lo bien que le sentaban a Blair los pantalones de chándal? Tal vez sí que era el mismo tipo.

«¿Quieres morir tú también, como tu hermana?». La imagen de aquel hombre de pie frente a su casa, con el cuchillo en mano, le provocó sudores fríos.

Stevie se masajeó las sienes e intentó olvidarse de lo que acababa de leer.

Pobre Blair, había tenido que lidiar con esa clase de correos y comentarios constantemente.

Gunner había dicho que aquello la había vuelto paranoica, siempre demasiado pendiente de todo lo que la rodeaba.

Stevie comprendía por qué y, sin embargo, Blair nunca le había hablado de aquello.

El recuerdo de cómo Blair había aparecido en la fiesta de su decimosexto cumpleaños se le vino entonces a la cabeza.

¿Y si sí que había intentado hablar del tema con ellos?

Recordó la mirada perdida de Blair, su comportamiento errático, sus palabras atropelladas…

, la forma en que se había marchado, armando toda una escena.

«¡Pues me voy! ¡Aunque sea de noche! ¡Si me matan, os arrepentiréis, todos!».

Eso fue lo que dijo Blair antes de marcharse dando un portazo.

Sin embargo, aquella noche quien desapareció fue Mia, no Blair.

Stevie había pensado que su hermana tan solo estaba confusa por culpa de las drogas que había consumido, e imaginó que solo estaba fingiendo para llamar la atención.

Pero tal vez Blair sí que había estado asustada.

Quizás lo que había visto en los ojos de su hermana no era una mirada perdida y desquiciada.

Tal vez era miedo puro. A Stevie comenzó a latirle el corazón acelerado.

¿Y si el acosador de Blair había estado ahí afuera esa noche, vigilándolos?

Otra idea hizo que se le revolviese el estómago: ¿y si aquello tenía algo que ver con la desaparición de Mia?

No pudo evitar darle vueltas y vueltas a aquella posibilidad en su cabeza.

Se imaginó al hombre de la gabardina siguiendo a Mia por la calle, con un cuchillo en la mano…

El ruido de una puerta al cerrarse fuera hizo que volviese a sobresaltarse, con su corazón saltándose un latido por un momento. Catsy alzó la cabeza y Stevie le lanzó una mirada interrogante, antes de levantarse de la cama de un salto.

Se acercó a la ventana y descorrió la cortina, esperando encontrarse al otro lado del cristal al hombre de la gabardina. Estaba prácticamente segura de que había sido él quien había hecho ese ruido.

Stevie se volvió de nuevo hacia Catsy después de echar un vistazo a través del cristal.

—Solo es Silvia Miller, la chica que vive al otro lado de la calle, que ha salido a tirar la basura.

Estaba claro que el día de recogida de basura de la ciudad no era un buen día para tener los nervios a flor de piel. Catsy parecía casi aburrida, por lo que se marchó de la habitación, seguramente para dar su paseo nocturno.

—Ten cuidado ahí afuera —le dijo Stevie a la gata mientras se marchaba.

Volvió a clavar la mirada en la ventana y sacudió la cabeza. ¿Cómo había podido Blair soportar el vivir con ese miedo constante? Debía de estar aterrada cuando su asesino le apuntó con una pistola…

El miedo de Stevie se transformó en ira. No iba a permitir que nadie la disuadiese de encontrar al asesino de su hermana.

Solo era un correo electrónico. Varias palabras iluminadas en la pantalla de un ordenador. Y el hecho de que alguien le hubiese escrito justo eso significaba que debía de estar más cerca de resolver el caso de lo que creía.

Stevie comprobó la hora. Pasada medianoche. Tenía que dormir un poco si quería poder pensar con claridad por la mañana y sonsacarle información a Hilton.