Famosa hasta la muerte 19
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P ara cuando Stevie subió a su habitación, Hilton ya le había respondido.

Dime un lugar y una hora.

Se recostó sobre la almohada, con Catsy hecha un ovillo como una botella de agua calentita a sus pies.

¿Dónde podría reunirse con un periodista para sonsacarle información sobre un acosador?

Estaba claro que no iba a poder hacerlo en casa.

Se acercó el ordenador portátil y escribió en el buscador: «¿Mejor lugar para un encuentro clandestino en Honeyville? ».

¿El motel Rising Sun? No, ni de broma iba a reunirse con Hilton Moore allí.

Empezó a vibrarle el teléfono móvil sobre la mesilla.

Era Colby. Por un momento, se planteó ignorarla, pero tenía que saber si lo que Jimmy le había contado era cierto.

Descolgó la llamada, lista para preguntarle por qué le había mentido al decirle que se había marchado del backstage y del estadio aquella tarde.

—Oye tú, ¡¿eres la Stevie de la que hablan en el New York Times ?!

—Supongo que has leído el artículo… —La voz de Stevie sonaba cortante, fría.

—¡Pues claro que lo he leído!

—Seguro que el asesino estará temblando como un flan ahora que sabe que nosotras también estamos investigando el caso.

—¡Exacto! —soltó Colby, demasiado emocionada. Estaba claro que no había captado el sarcasmo en el tono de Stevie—. Hay algo que tengo que contarte…

—Estupendo, porque yo también tengo que preguntarte algo.

Acabaron hablando las dos al mismo tiempo.

—¿Te escapaste del guardia de seguridad y te quedaste dentro del estadio el día del concierto?

—Hilton Moore ha publicado los correos del acosador de Blair en su página web.

—Ya sabía lo de los correos —repuso Stevie, al tiempo que Colby decía:

—¿Quién te ha dicho que me quedé en el estadio?

Stevie fue la primera en hablar, porque quería que Colby le diese una respuesta y no eludiese el tema.

—La policía ha revisado las grabaciones de las cámaras del estadio y ha interrogado al guardia, y él dice que te escapaste antes de que te echase.

Silencio.

A Stevie se le aceleró el corazón, y pudo oír su sonoro latido en el interior de los oídos.

—¿Colby?

—Sí, me escapé. Y me escondí en el armario de mantenimiento durante unos quince minutos, más o menos, y después volví al camerino de Blair, para intentar verla. Pero no obtuve respuesta cuando llamé a la puerta.

—¿Y después? ¿Qué hiciste? —le espetó.

—Pensé que no merecía la pena correr el riesgo de que luego no me dejasen entrar al concierto, así que me marché sin que nadie me viese. No me quedé allí escondida todo el día para asesinar a tu hermana, si es lo que me estás queriendo preguntar.

—Yo no he dicho eso. —Pero era evidente que, en cierto modo, eso era justo lo que estaba sugiriendo, ¿no?

La última vez que alguien había tenido acceso a la sala donde se encontraba la plataforma que se elevaba hacia el escenario había sido a las tres de la tarde, por lo que Colby habría podido perfectamente esconderse allí después de grabar el vídeo en el que se oía a Blair discutir con alguien en su camerino.

—Tiré el disfraz de oso, me marché del estadio y volví a casa para prepararme para el concierto. Tardé más o menos dos horas en arreglarme.

—¡¿Dos horas?!

Colby suspiró con fuerza.

—Sí. Tenía que ducharme, exfoliarme todo el cuerpo, pintarme las uñas, peinarme…

—Vale, ya me hago una idea. —Suspiró—. No entiendo por qué no me contaste toda la verdad desde el principio.

—Yo tampoco sé por qué no te fui sincera desde el primer momento. Debería habértelo contado todo.

Stevie se quedó callada por un momento. Quería creer a Colby. De verdad que quería creerle.

—Stevie, tienes que saber que estoy tan decidida como tú a encontrar al asesino de Blair.

—¿Y por qué estás tan decidida a encontrarlo? —Había cierto rencor en sus palabras.

—Porque quiero ayudarte, y porque yo también quería a Blair.

—Pero si tú no conocías a Blair. No lo entiendo.

—¿Qué es lo que no entiendes ?

—Todo eso del fenómeno fan. ¿Cómo es posible que alguien a quien en realidad no conoces te importe tanto?

—No me juzgues porque me gustase tu hermana.

—No te estoy juzgando, lo que pasa es que no lo entiendo.

—Blair, su música, eran mi lugar seguro.

¿Te has parado alguna vez a escuchar de verdad lo que dicen las letras de sus canciones?

Era como si supiese todos mis secretos, como si comprendiese todas mis esperanzas y mis miedos.

Sentía que ella me comprendía. Que Blair era igual que yo.

Y ella se convirtió en una superestrella y, por algún motivo, eso me dio esperanzas de que quizás yo también podría convertirme en una estrella algún día.

No tengo muchos amigos, Stevie, pero ¿Blair?

Ella siempre estaba ahí cuando más la necesitaba.

¿Viste la canción de «Broken Roots and Burnt Bridges»?

Siempre he tenido la sensación de que hablaba de mi madre y de mí, de nuestra relación.

—¿De tu madre?

—Dios, sí, totalmente. Mi madre siempre está sentada en el porche, con una botella de alcohol en la mano, gritándoles a los gatos de los vecinos por cagarse en nuestro jardín.

Stevie no pudo evitar esbozar una sonrisa, y acarició con suavidad la cabeza de Catsy.

—Debería haberte contado que en realidad no me marché del estadio después de que me pillasen, pero no pensé que fuese importante.

Stevie soltó una carcajada amarga.

—¿No pensaste que fuese importante? ¿En serio?

—No, no lo pensé, porque en realidad no tuve nada que ver con lo que le ocurrió a Blair. Lo juro por mi vida, no tuve nada que ver con su asesinato.

—¿Y tampoco tuviste nada que ver con lo de la tiara?

—¿Por qué narices crees que iba a haber tenido algo que ver con eso? ¡Pues claro que no!

Clavó la mirada en el techo y suspiró con fuerza.

¿Podía imaginarse a Colby como una asesina?

Por algún motivo, le era imposible. La explicación que Colby acababa de darle tenía mucho más sentido que el que se hubiese quedado en el estadio para asesinar a Blair y, desde luego, podía imaginársela tardando dos horas para arreglarse antes del concierto de su artista favorita.

Y si había estado en el estadio escondida más tiempo del que Stevie pensaba en un principio, quizás había visto algo que le hubiese llamado la atención.

—¿Viste algo, o a alguien, que tuviese aspecto sospechoso mientras estabas escondida?

—¿Desde el interior del armario de mantenimiento? Ya te lo habría contado de haber sido así.

Stevie suspiró lentamente.

—Vas a tener que contarle todo esto a la policía. Mi tío Jimmy ha dicho que te van a llamar para interrogarte.

—Pues les contaré todo lo que te he contado a ti. Te prometo que te estoy diciendo la verdad. —Se le rompió la voz ligeramente, como si le estuviese suplicando que le creyese.

Las dos guardaron silencio por un momento. Stevie no estaba del todo segura de cómo se suponía que debía retomar la conversación. De cómo hacer que las dudas desapareciesen.

Al final, fue Colby la que rompió el silencio.

—¿Pasamos ahora a lo de por qué te he llamado? Los correos del acosador…

Stevie no estaba del todo segura de querer hablar de ese tema. De si estaba lista para volver a confiar en Colby.

—¿Los has leído? —agregó.

—No.

—Pues quizás sea mejor que no los leas.

—Voy a reunirme con Hilton Moore y a preguntarle de dónde narices los ha sacado. —¿Debería estar contándole todo eso? Stevie tragó con fuerza.

—¿Y crees que te lo va a decir?

Tenía la sensación de que la cabeza le daba vueltas con todos aquellos pensamientos confusos. Colby no mató a Blair. Pues claro que no es la asesina. ¡La otra noche había un hombre en tu calle vigilando tu casa con un cuchillo!

—Stevie, ¿sigues ahí?

—Sí, lo siento. —Se obligó a regresar al presente y a la conversación—. Puede que sí que me lo diga si le doy lo que quiere.

—¿Lo que quiere?

—Una exclusiva sobre lo mucho que está sufriendo la familia Baker por la muerte de Blair. Eso es lo que hacen los periodistas, ¿no? ¿Intercambiar información?

—Aaaaaaaaahhhhh. Un tanto arriesgado. Pero una jugada muy inteligente.

—Justo estaba buscando dónde podía reunirme con él cuando me has llamado. —Volvió a bajar la mirada hacia la pantalla de su ordenador, y se dio cuenta de que tenía un correo nuevo en su bandeja de entrada—. Espera un momento. —Dejó el teléfono a un lado.

Era de [email protected] , y lo había enviado hacía tan solo diez minutos, a las 16:48. El corazón le dio un vuelco, y después comenzó a latirle acelerado, aporreándole las costillas con fuerza.

Abrió el correo con los dedos temblorosos. Tuvo que leer el mensaje tres veces para asimilar lo que le había escrito. Y entonces, cuando por fin lo logró, fue como si el mundo que la rodeaba se viese sumido en una neblina borrosa.

«Deja de indagar en los asuntos de Blair. ¿O es que quieres morir tú también, como tu hermana?» .