18
A lguien había dejado el New York Times extendido sobre la mesa, y Frank, Marnie y Jimmy estaban sentados a su alrededor.
«¿Dos Nancy Drews?», rezaba el pie de foto, que ocupaba la mayor parte de la portada. En la fotografía salían Colby, de pie, con la pierna flexionada y los dedos formando una V en el aire, y Stevie, justo tras ella, sentada en el porche, con una pierna a cada lado de la puerta de la entrada.
Stevie observó el periódico boquiabierta.
—¿Qué narices…?
—¿Es cierto? —la interrumpió Marnie. Le temblaban las manos, pero tenía mejor aspecto que antes, parecía mucho más lúcida que en la tienda—. ¿De verdad estás investigando el asesinato de Blair?
Antes de que pudiese responder, Jimmy se le adelantó.
—¡Te dije expresamente que te mantuvieses alejada, Stevie! ¿Cómo crees que me hace quedar todo esto a mí?
—No… No lo sé —repuso Stevie, incapaz de apartar la mirada de la portada.
Daba absolutamente igual cómo le hiciera quedar a él, porque Stevie sabía que a ella la hacía quedar mucho peor.
Parecía una muñeca de trapo triste desplomada en el porche.
Dejó la caja de la tiara sobre la mesa, tomó el periódico y les echó un vistazo a las primeras líneas del artículo.
«La hermana de Blair Baker y una enorme admiradora de la superestrella, llamada Colby Green, buscan al asesino de la cantante».
Bajó la mirada rápidamente hacia el final del artículo para ver quién lo había escrito.
El maldito Hilton Moore.
Jimmy dio un puñetazo a la mesa, haciendo que Stevie diese un respingo.
—¡Con esto es como si estuvieses dando a entender que no confías en que la Policía de Honeyville pueda resolver el caso! ¡Eso es lo que parece!
—¡Oye! No te pases con ella —le reprochó Frank—. Todos estamos haciendo todo lo que podemos para sobrellevar todo esto.
Jimmy cerró los ojos con fuerza. Exhaló. Volvió a abrir los ojos y la miró un poco menos furioso.
—Por favor, Stevie, deja la investigación a los profesionales, ¿entendido?
Stevie asintió a medias, y soltó un suave gruñido, aunque en ningún momento accedió abiertamente a hacer aquello que le pedía, pero esperaba que su tío lo interpretase como un sí.
Después bajó la mirada hacia la caja. ¿Cómo se suponía que iba a sacar ahora el tema de la tiara?
«Oye, puede que aquí haya una prueba muy importante para el caso que, tal vez, haya medio arruinado, tío Jimmy.
¿De nada?». Sí, seguro que eso salía de maravilla.
—Sinceramente, si tú y tu hermano os mantuvieseis alejados de las noticias, mi trabajo sería mucho más fácil.
—¿Hal?
—Sí, Hal. —Jimmy suspiró con pesar—. Hilton Moore también ha publicado un artículo sobre él en su página web.
Stevie sacó su teléfono para echarle un vistazo.
«El hermano Baker pierde los papeles», rezaba el título, justo sobre un GIF en el que salía Hal agarrando repetidamente a Hilton de las solapas y estampándolo contra el suelo.
La cámara había hecho zoom sobre el rostro de Hal, y se le veían los ojos ardiendo de rabia y las venas del cuello hinchadas.
Parecía un loco. Stevie bajó hasta la sección de comentarios y no pudo evitar estremecerse.
«Está claro que fue el hermano quien la mató».
«Tiene la mirada de un asesino».
«Ese hombre debe de tener algún problema mental».
Estaban equivocados.
Tenían que estar equivocados.
—¡Guarda eso! ¡No quiero verlo! —gritó Marnie.
Stevie se volvió a guardar el teléfono en el bolsillo e intentó olvidarse de lo que acababa de leer y alejar las dudas. Se volvió hacia el pasillo, sintiéndose de repente desesperada por salir de allí.
—Siéntate, Stevie —le pidió Frank—. Jimmy quiere hablar contigo.
¿Es que había más ? Mierda.
Stevie sacó una silla de debajo de la mesa, arrastrando las patas por el suelo embaldosado. Marnie se encogió ante el sonido agudo que produjo con el gesto. Stevie suspiró con fuerza cuando se dejó caer en la silla. ¿De qué narices querría hablarle su tío?
—Bueno, es sobre ese vídeo que me enviaste —comenzó a decir Jimmy—. La chica que aparece, la que va disfrazada de oso, es esa tal Colby, ¿verdad?
Stevie asintió.
—Está organizando la vigilia de Blair.
—Lo sé, esta mañana he hablado por teléfono con el director Mather y no ha parado de quejarse por eso. Dice que nadie le ha pedido permiso para celebrarla allí. Y quiere cancelarlo todo.
—¡No puede hacer eso!
—Lo sabe. Sabe que a estas alturas ya no puede hacer nada. Gracias a tu amiguita, todos los malditos fans de Blair Baker del país se han enterado de lo de la vigilia. Así que se celebrará. Pero tendremos que asegurarnos de que haya presencia policial para evitar que las cosas se descontrolen.
—Me consuela oír eso, Jimmy, gracias —dijo Marnie, dándole la mano.
—El vídeo, tío Jimmy. ¿Ya has descubierto quién estaba en el camerino de Blair? ¿La persona con la que estaba discutiendo? —insistió Stevie.
—La cosa es, Stevie, que ese es el otro motivo por el que he venido. Hemos revisado las grabaciones de seguridad del estadio una y otra vez y… ¿Esa Colby amiga tuya? Nunca llegó a salir del estadio el día del asesinato de Blair.
Stevie parpadeó con fuerza. No lograba comprender a dónde quería llegar con eso.
—¿Qué quieres decir con eso? Un guardia de seguridad la echó del backstage en cuanto la encontró allí. Ella misma me lo dijo.
—Hemos hablado con él. Nos ha dicho que se escapó antes de que pudiese sacarla de allí. Hemos revisado las imágenes de ese día y tu amiga no vuelve a aparecer hasta mucho más tarde, cuando se unió a la cola que esperaba para entrar en el estadio.
—Entonces, si estaba fuera, debió de marcharse en algún momento después del incidente del camerino.
—Sí, pero no sabemos exactamente cuándo.
A Stevie se le formó un nudo en la garganta.
—No… No… No lo entiendo. ¿Me estás queriendo decir que sospecháis que Colby pudo asesinar a Blair?
—Tenemos que seguir con la investigación bajo la hipótesis de que tu amiga podría haber estado dentro del estadio, en el backstage , cuando dispararon a Blair.
A Stevie le daba vueltas la cabeza. La cocina se tornó borrosa a su alrededor.
Jimmy tenía que estar equivocado. Colby estaba decidida a resolver el caso.
Se había pasado toda la noche trabajando en ello, investigándolo todo.
¿Era posible que lo hubiese hecho solo para desviar la atención de sí misma?
Sí, lo era. Pero ¿asesinar a alguien a sangre fría solo por no presentarse a una fiesta?
Colby no habría sido capaz de hacer algo así, ¿verdad?
A Stevie le dolía la cabeza, y podía oír el latido acelerado de su corazón en los oídos.
—No, no puede ser, yo misma la vi discutiendo con un guardia de seguridad cuando llegamos al estadio. No habría tenido tiempo de librarse de los guardias y matar a Blair.
No pudo evitar ponerse a darle vueltas a los cientos de probabilidades y escenarios distintos. Si Colby había podido esconder el arma homicida antes de que la descubriesen en el backstage …, quizás sí que podría haber tenido tiempo para asesinar a Blair.
—Tienes razón. Si tenemos en cuenta los hechos y los tiempos, es poco probable que ella sea la asesina, pero no imposible.
—Jimmy dejó caer ambas manos sobre la mesa y se echó hacia delante—.
Todavía no la consideramos sospechosa, pero sí que queremos interrogarla para averiguar si vio algo extraño.
—De haberlo visto, ya me lo habría dicho. —Stevie se fijó en lo insegura que sonaba.
—Aun así, tenemos que hablar con ella —repuso Jimmy.
Stevie se masajeó la frente. En realidad, ¿qué sabía sobre Colby Green? ¿Lo suficiente como para estar segura de que no era una asesina? ¿Había confiado en ella demasiado rápido? Colby le había mentido descaradamente sobre cuándo había salido del estadio.
—Me han dejado una tiara —soltó, desesperada por cambiar de tema de conversación y dejar de pensar en Colby.
—¿Qué? —preguntó Jimmy.
—Alguien me dejó una tiara en el coche, con una carta. Creo que fue el acosador de Blair.
Marnie soltó un grito ahogado cuando Stevie abrió la caja y le tendió el sobre a Jimmy.
Frank se echó hacia delante sobre la mesa.
—¿Una carta? ¿Qué pone?
—Pone que la tiara es un regalo para Blair. —Stevie decidió omitir los demás detalles. No quería alterar más a su madre.
—Así que tenías razón…, sí que había alguien vigilando la casa la otra noche —soltó Marnie, casi a modo de disculpa. Estaba claro que su familia no le había creído.
Jimmy leyó la carta, luego cerró los ojos con fuerza, se pellizcó el puente de la nariz y suspiró con pesar.
—Stevie, ¿por qué no la dejaste en el coche y me llamaste en cuanto la encontraste? Lo más probable es que al haberla tocado hayas destruido cualquier posibilidad que pudiéramos haber tenido de obtener pruebas de ADN.
—¡No sabía lo que era hasta que abrí la caja! ¡Y te dejé un mensaje en el buzón de voz en cuanto me di cuenta de lo que era!
Jimmy sacó su teléfono del bolsillo.
—Sí, lo hiciste. Aún no he tenido tiempo de escucharlo, he estado muy liado.
Stevie supuso que tenía sentido. Pero él debería haber visto que ella lo había llamado.
No esperaba tener una línea directa y personal con la Policía ni nada por el estilo, pero tampoco estaría mal que él le diese un poco más de importancia a sus llamadas.
Jimmy volvió a guardarse el teléfono en el bolsillo.
—¿Dónde tenías aparcado el coche? ¿Lo bastante cerca como para que la cámara de la puerta grabara a quien te lo dejó?
—No, estaba un poco más lejos, al final de la calle.
—Voy a preguntar entonces a los vecinos y a los periodistas a ver si han visto algo. —Jimmy dejó caer la cabeza hacia delante—. ¿Colby ha tenido acceso a tu coche en algún momento?
—No creo. A lo mejor. Puede que no lo cerrase con llave la última vez —repuso Stevie.
—¡Ay, Stevie! —Marnie cerró los ojos con fuerza y negó con la cabeza con incredulidad—. ¿De verdad te olvidaste de cerrar con llave el coche después de ver a ese hombre ahí fuera la otra noche?
—En mi defensa, no había tenido que usar el coche desde antes del concierto. Ah, y un pequeño aviso, tío Jimmy, lo más probable es que encontréis huellas de Colby por toda la tiara.
Jimmy volvió a suspirar con pesar, esta vez mucho más cansado que la última vez.
—¿Y eso por qué?
—Puede que se la haya probado.
—¿Que se la probó? —preguntó Jimmy, en tono seco. Echó la cabeza hacia atrás y clavó la mirada en el techo—. Dios, dame paciencia.
—¡No sabíamos lo que era!
—Podría considerarse bastante oportuno que la tocase delante de ti… —comentó Jimmy.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Stevie, aunque sabía perfectamente a qué se refería.
—Eso le da un motivo plausible al por qué sus huellas están por toda la tiara.
—No…, ella tampoco tenía ni idea… —titubeó.
Estaba empezando a dudar de Colby, y las dudas la estaban haciendo tartamudear.
¿Era posible que Jimmy tuviese razón? Había sido ella quien le había hablado a Colby del acosador…
, pero era imposible que fuese tan buena actriz, ¿verdad?
—. Colby no tenía ni idea de lo que había en la caja hasta que la abrimos.
¡Y, por si lo habías olvidado, vi a un hombre vigilando la casa la otra noche, con un cuchillo en la mano!
Comenzó a sonar un teléfono. Jimmy se lo sacó del bolsillo.
—Es el agente Dean. Tengo que contestar.
Se levantó y se alejó hacia el pasillo, lanzándole a Stevie una mirada cargada de decepción al pasar a su lado.
Marnie enterró el rostro entre las manos y sacudió ligeramente la cabeza, como si no pudiese creerse todo lo que estaba ocurriendo. Frank le dejó caer una mano en la espalda y la acarició con delicadeza. Pero ninguno dijo nada.
Stevie trató de oír a escondidas la conversación de Jimmy. Parecía enfadado.
—¿Cómo narices se ha hecho Hilton Moore con ellos?
Stevie se acercó un poco más al pasillo y se quedó de pie junto a la puerta, fingiendo indiferencia. Jimmy le estaba dando la espalda. Se estaba masajeando la frente con una mano y sosteniendo el teléfono con la otra.
—¡Si tenemos un topo, debemos descubrir quién es! —Se giró y se encontró con la mirada de Stevie antes de seguir hablando—. Tengo que colgar. Termino y voy a la comisaría, no tardo.
Colgó la llamada.
—¿Qué ha pasado?
Jimmy se tironeó del cuello de la camisa.
—Me temo que no tengo buenas noticias. —Volvió a entrar en la cocina, pero no tomó asiento de nuevo—. Ha habido… un giro inesperado de los acontecimientos.
—¿Los de balística ya han terminado de analizar la bala? —le preguntó Frank.
—No. Pero ya no deberían de tardar mucho. Es otra cosa. De alguna forma, la prensa ha conseguido hacerse con los correos electrónicos que el acosador le envió a Blair. Hilton Moore ha publicado varios extractos en su página web. Acabamos de emitir una orden para que los retire, pero…
—¿Y cómo es posible que Hilton Moore haya conseguido esos correos? —preguntó Marnie.
—Lo más probable es que se los haya enviado alguien de Satellite Entertainment —repuso Jimmy.
—Pero también podría haber sido alguien de la policía de Honeyville, ¿no? —dijo Stevie.
Jimmy entrecerró los ojos.
—Lo estamos investigando también, pero confío en mi equipo. ¿Qué iban a poder ganar ellos con eso?
—Supongo que un montón de dinero —repuso Stevie.
El hombre tomó la caja de la tiara.
—Como he dicho, confío en mi equipo. Son unos profesionales. —Señaló a Stevie—. Tengo que irme a ver qué está pasando. Pero, si queréis un consejo, no se os ocurra leer lo que ha publicado Hilton. Creedme, los correos son bastante escalofriantes.
Marnie apoyó los codos en la mesa y se llevó las manos a la cara.
—¿Por qué nos están haciendo todo esto? —Le empezaron a temblar los hombros—. Solo quiero llorar la muerte de mi hija en paz.
Frank se levantó de su asiento, le dejó caer una mano en la espalda y se despidió de Jimmy con un asentimiento de cabeza.
—Marnie, cariño, no llores. Hilton Moore es un imbécil. Le da igual a quién pueda hacerle daño con sus actos, y no podemos permitir que se salga con la suya.
Jimmy se despidió de ellos con un gesto de la mano y se marchó, lanzándole una mirada severa a Stevie en el proceso.
—Que no se te olvide lo que te he dicho. No te metas en esto. Y si recibes algo más… —Sostuvo la caja en alto—. Ni se te ocurra abrirlo, tráemelo directamente.
Stevie lo observó furiosa mientras se alejaba y, cuando por fin le oyó cerrar la puerta de la entrada, sacó la tarjeta que le había dado Hilton Moore y le mandó un mensaje. Si tenía los correos electrónicos del acosador de Blair, tal vez pudiese descubrir quién los había enviado.
Soy la hermana de Blair. Tenemos que hablar .