Famosa hasta la muerte 17 #2
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17 #2

—Quítatela —dijo Stevie, en un susurro grave—. Quítate la tiara.

—¿Qué pasa? —Colby se quedó mirándola fijamente, confusa.

Stevie se levantó de un salto, sosteniendo la nota en alto. ¿Por qué no se había dado cuenta antes? ¿Por qué no se había fiado de su intuición? Los paquetes no aparecían así como así en el asiento trasero de un coche.

—¡Es una prueba! ¡Quítatela!

—¿Una prueba? —La chica le quitó la carta de las manos y la leyó rápidamente antes de volver a alzar la mirada hacia Stevie—.

¡Es una corona de la muerte! Llevo puesta una corona de la muerte.

—Se la quitó a toda prisa y la lanzó sobre la cama, temblando—.

Ha tenido que ser el acosador de Blair, ¿verdad?

¿Ha sido él quien te la ha dejado en el coche?

¿Quién sino? Stevie recorrió la habitación de un lado a otro, nerviosa, mesándose el pelo.

—El tipo de la gabardina… sabe dónde vivo, podría haberla metido en mi coche sin que nadie se enterase.

—¿Es que no lo cierras con llave?

Normalmente sí. La mayoría de las veces.

—Puede que me olvidase de hacerlo.

Colby bajó la mirada hacia la carta y se volvió a estremecer.

—¿«Mi princesa»? Esto da muy mal rollo.

Stevie sacó su teléfono del bolsillo y llamó a su tío. Aquello demostraba que sí que había habido alguien frente a su casa la otra noche.

—Tenemos que llevarle esto a la policía cuanto antes. Con suerte no la habremos contaminado mucho.

Colby metió la carta de nuevo en la caja.

—¡Mis huellas van a estar por todas partes!

A Stevie le saltó el buzón de voz de Jimmy.

—Hola, Jimmy, creo que he encontrado una prueba.

El acosador, el que te dije que estaba la otra noche vigilando la casa, creo que me dejó una tiara para Blair en el asiento trasero del coche.

También me dejó una nota con ella. Da igual, el caso es que deberías verlo cuanto antes. Llámame en cuanto oigas esto.

—¿Qué se supone que tenemos que hacer ahora? —preguntó Colby, bajando la mirada hacia la tiara y echándose a temblar de nuevo.

Stevie se encogió de hombros. No estaba segura.

—Supongo que solo podemos esperar a que nos llame.

Se quedaron allí sentadas, en silencio, con la mirada clavada en la pantalla del teléfono de Stevie.

—¿Y si preparo algo para comer y después te enseño lo que he encontrado?

—No tengo mucha hambre, la verdad.

—Es más de la una, yo me muero de hambre, y tú tienes que comer algo. Además, quizás nos ayude a distraernos un poco de lo de la corona de la muerte.

—Supongo que tienes razón.

—Bien, ¡porque creo que he encontrado ALGO!

Colby desapareció por las escaleras, bajando hacia la cocina y, cuando regresó a la habitación, lo hizo con un par de sándwiches de queso fundido, uno en la boca y otro en la mano.

Le tendió uno a Stevie y después fue a buscar un montón de papeles que tenía sobre el escritorio, antes de empezar a extenderlos por el suelo.

—Quería pegarlos en la pared e ir uniendo todas las pistas con un hilo rojo, como hacen en las películas de detectives, pero no tenía masilla adhesiva o hilo.

Debía de haberse pasado toda la noche despierta investigando. Había impreso fotografías borrosas de paparazzi e imágenes aún más borrosas que le habían sacado a Blair sus fans en distintos lugares, y muchas listas; listas con fechas, algunas tachadas, y otras rodeadas.

—Blair —comenzó la chica mientras ordenaba las fotos— estuvo en Honeyville en todas las fechas que he rodeado en esta lista.

Aquello no podía ser cierto. Stevie le dio un buen mordisco a su sándwich y revisó las fechas.

—¿Blair estuvo aquí todas esas veces?

—Sí, eso creo —repuso Colby, con la boca llena—. Estoy un noventa y tres por ciento segura.

—¿Tanto?

—Ajá.

—¿Y estás segura de que todas esas fechas son correctas?

—Eso creo. Las tuve que cotejar con todo lo que pude encontrar sobre su agenda y cuándo se publicaron.

Busqué por internet fotos en las que saliese que hubiesen sido sacadas por fans.

Y encontré un montón de resultados. En algunas salía la ubicación donde la habían visto, en otras pude averiguar la localización gracias a diversos puntos de referencia. Por ejemplo, ¿ves esta?

Stevie asintió. Era una fotografía en la que Blair llevaba puesto un pañuelo en la cabeza y unas gafas de sol.

—¿Eso no es el Parque de los Fundadores?

—Exacto. Si te fijas, a su espalda, a lo lejos, se ve al rey Harry tumbado en el banco.

El rey Harry era toda una leyenda de la ciudad, todos los niños lo conocían. Le habían puesto ese apodo porque nunca se le veía sin su corona de plástico puesta. Era un hombre bastante simpático, al que le gustaba bailar y darles cacahuetes a los pájaros, pero se volvía loco cuando veía a un perro.

—¡ Es el rey Harry! —soltó Stevie—. ¡Me encanta ese hombre!

—¡A mí también! Estoy bastante segura de que tiene una ardilla como mascota guardada en una bolsa de la compra, pero la razón por la que nos interesa en este momento es porque, gracias a él, pude confirmar que Blair estuvo en Honeyville el…

—Le dio la vuelta a la imagen, donde había escrito la fecha con una caligrafía temblorosa—. El siete de noviembre del año pasado.

Stevie negó con la cabeza. Ese era el día después de su cumpleaños, y el segundo aniversario de la desaparición de Mia.

—Eso no puede ser. Fue cuando celebramos la vigilia de Mia. Blair dijo que no podía venir porque tenía que trabajar.

—Pues mintió. Estuvo aquí. Puede que no fuese a la vigilia, pero estuvo en la ciudad. El rey Harry no miente.

Stevie observó atentamente la fotografía y la fecha en que se publicó. Se le cayó el alma a los pies. Colby tenía razón. ¿Cómo era posible que Blair hubiese estado en Honeyville el día de la vigilia y ni siquiera se hubiese molestado en ir?

—Y mira esta —dijo Colby, señalando otra fotografía—. Creo que se sacó en el interior de una cafetería ese mismo día.

Era una imagen bastante borrosa, pero Blair llevaba puesto el mismo pañuelo en la cabeza y las mismas gafas. Estaba hablando con alguien. Una mujer. Pero ella le estaba dando la espalda a la cámara, por lo que Stevie tan solo pudo suponer a quién podían pertenecerle aquellos rizos rubios.

A Stevie se le revolvió el estómago.

—Creo que esa podría ser Annie.

Colby se chupó el dedo para limpiarse los restos de queso, tomó la foto y la sostuvo en alto.