Famosa hasta la muerte 13
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C olby condujo entre los equipos de televisión que se habían instalado en Clover Lane, tirando un par de sillas y chocando contra una especie de puesto de comida en el proceso, antes de detenerse frente a la entrada. Aparcó el coche y se volvió hacia Stevie con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿No te dije que podría abrirme paso?

—Sí. ¿Lista para salir corriendo hasta la puerta?

—Ya te lo he dicho antes, estas son mis botas de correr. Tú solo intenta no comerte el césped otra vez.

Stevie llevó la mano hacia la manija.

—Vale, ¡vamos allá!

Los gritos comenzaron en cuanto pusieron un pie fuera.

—¡Es la hermana!

—Stevie, ¿cómo te sientes?

—¿Alguna novedad sobre el asesinato de Blair?

—Chica rubia. ¿Quién eres tú?

—¿Qué relación tienes con la familia Baker?

Stevie ignoró todas las preguntas, subió los escalones del porche a la carrera, abrió la puerta y la empujó con todas sus fuerzas.

—¡Lo conseguí! —exclamó. Pero entonces se dio la vuelta y se fijó en que Colby, en cambio, no lo había logrado.

La chica se encontraba de pie en medio del camino de entrada, justo a los pies de la escalera del porche, formando una V con los dedos, haciendo el símbolo de la paz, posando para las cámaras.

Hilton Moore encabezaba la multitud vociferante que tenía enfrente, apuntándola con el micrófono.

Ay, Dios, no.

—¡Solo voy a decir que, quienquiera que sea el monstruo que ha asesinado a Blair, Stevie y yo vamos a atraparlo!

¡¿Qué narices?! Stevie abrió los ojos como platos. No podía creer lo que estaba viendo.

—Colby —siseó—, ¡cierra el pico y entra de una vez!

Hilton esbozó una sonrisa burlona.

—¿Me estás queriendo decir que vosotras dos…? —Señaló a Stevie, que en ese momento se podría dejar caer al suelo junto a la entrada de la vergüenza que sentía—. ¿Estáis investigando el asesinato de Blair?

—Sí —respondió Colby, hinchando el pecho, orgullosa.

—¡No, no lo estamos investigando! ¡Pues claro que no! —gritó Stevie.

—Sí, lo estamos —repitió Colby—, así que puedes escribirlo en tu columna y advertirle al asesino que vamos a por él.

Stevie entró en pánico.

—¡Colby, si no cierras el pico ahora mismo, te prometo que habrá otro asesinato que investigar muy pronto!

—No lo dice en serio —repuso Colby, poniendo los ojos en blanco—.

Ah, y también debería deciros que, como responsable de la mayor página web de fans no oficial dedicada a Blair Baker, y con el beneplácito de la familia Baker, voy a organizar una vigilia a la luz de las velas dentro de un par de noches en honor a Blair.

Será el 4 de junio a las siete de la tarde, en el aparcamiento del estadio del instituto de Honeyville. ¡Vamos, Osos!

¿«El beneplácito de la familia Baker»? Esta vez, Stevie sí se deslizó contra el marco de la puerta hasta sentarse mitad dentro, mitad fuera de la casa. Colby acababa de invitar a todo el país a la vigilia por su hermana.

—Nos gustaría que todos los fans de Blair se uniesen a nosotros y viniesen a celebrar su vida. —Colby posó unas cuantas veces más para las cámaras antes de subir los escalones del porche. Entonces bajó la mirada hacia Stevie—. ¿Qué estás haciendo ahí sentada?

Stevie alzó la mirada hacia ella y le dijo, muy lentamente, con la voz temblorosa por la ira que sentía:

—¿Qué acabas de hacer?

—¡Algo que nos ayudará a resolver el asesinato, está claro! —repuso Colby.

—¡Si os apetece hablar un poco más en privado, tienes mi tarjeta! —dijo Hilton a gritos.

—¡Ni lo sueñes! —respondió Stevie, también a gritos.

—¿Stevie? ¿Eres tú? —Marnie se asomó desde el salón. Parecía agotada, y unas profundas y oscuras ojeras le rodeaban los ojos enrojecidos de tanto llorar. En cuanto la vio, se le cayó el alma a los pies—. ¡Por el amor de Dios, levanta de ahí ahora mismo y cierra la puerta!

Stevie se levantó a duras penas y cerró la puerta tras de sí.

—¿Dónde te habías metido? —le preguntó Marnie, antes de fijarse en Colby—. ¿Tú no eres la chica que estaba antes en la puerta del hotel Sable & Stone?

—Mamá, te presento a Colby.

—Colby, yo soy Marnie. Stevie nunca me había hablado de ti.

—Es que nos hemos hecho mejores amigas hace poco.

—¿Mejores amigas? —preguntaron Stevie y Marnie a la vez.

—A mí, desde luego, me lo parece —repuso ella.

Marnie se volvió hacia Stevie.

—Pero creía que ya no te caía bien nadie.

—¡Pues claro que hay gente que me cae bien, mamá! Lo que pasa es que no me cae bien todo el mundo …

—¿Qué está pasando aquí? —Hal se asomó al vestíbulo.

Llevaba puesta la misma camisa y los mismos pantalones cortos que la noche anterior, salvo que la camisa estaba mucho más arrugada, como si hubiese dormido con esa ropa puesta.

Su mirada se posó de inmediato en Colby, y después en Stevie—.

No creo que sea el mejor momento para traer invitados a casa, Stevie.

Aunque Stevie también estaba bastante segura de que había cometido un enorme error al traer a Colby a casa, no iba a permitir que su hermano le dijese lo que podía o no hacer.

—Colby me ha traído, y esta es mi casa, Hal, no la tuya. Así que puedo invitar a quien me dé la gana.

—Por el amor de Dios, Stevie. Papá y mamá acaban de volver de la morgue.

—¡Callaos, los dos! ¡No puedo soportarlo más! —Marnie tragó con fuerza, con las lágrimas acumulándosele en las comisuras de los ojos—. Estamos pasando por un momento muy difícil, ¿podríais dejar de pelearos, por favor?

—¿La morgue? —preguntó Stevie, con el corazón encogido.

Hal asintió con la cabeza y clavó la mirada en el suelo, apretando los dientes con fuerza.

—Para identificar oficialmente el cadáver de Blair.

—Nos llamaron para decirnos que podíamos pasarnos por allí a verla justo después de salir del hotel y de que tú te marchases con… Colby.

—No… No… No lo sabía. Mamá, ¿estás bien?

—No pude hacerlo —respondió Marnie en un murmullo—. No pude entrar a verla. No en ese estado. Tu padre tuvo que… —Respiró hondo, de forma entrecortada, con su pecho temblando con el aliento.

Hal la atrajo hacia sí, le dio un beso en la coronilla y le acarició el brazo con una mano.

—Ningún padre debería pasar por algo así.

Stevie no sabía qué decir para mejorar la situación.

—Debería irme ya —comentó Colby, lanzando una mirada desesperada hacia la puerta—.

Tengo la sensación de que no es un buen momento.

Señora Baker, lamento mucho su pérdida. —Le dio un suave apretón a Stevie en la mano y después abrió la puerta, dándole la bienvenida así a toda una marea de flashes y gritos.

Stevie se apresuró a volver a cerrarla antes de que Colby pudiese salir.

—No podemos dejar que se vaya ahora. No con ellos ahí fuera.

—Puedo esperar aquí, en el vestíbulo —repuso Colby—, y salir corriendo en cuanto estén distraídos.

Marnie se aferró al brazo de Hal y lo miró fijamente.

—Ve a buscar a tu padre y dile que llame a Jimmy para que saquen a estos buitres de nuestro jardín.

Hal asintió. Pero antes de marcharse, se detuvo para volverse hacia Stevie.

—Lo siento, no quería pagar mi enfado contigo. —Se pasó una mano por el cabello oscuro. De repente parecía agotado—. Es solo que… todo esto me está trayendo muchos recuerdos dolorosos.

—No tienes nada por lo que disculparte. Soy yo quien debería disculparse, me he portado muy mal contigo hace un momento.

—Yo también me he portado bastante mal. Cuando papá me llamó para decirme que iban a ir a ver el cadáver de Blair, ¿sabes cómo me sentí?

Stevie negó con la cabeza.

—Sinceramente… tuve celos. —Hal bajó la mirada hacia el suelo—. ¿No te parece horrible?

—Ay, Hal… —dijo Marnie, alargando una mano hacia él.

Hal alzó la mirada hacia el techo y parpadeó con fuerza para contener las lágrimas antes de tomar la mano que Marnie le tendía.

—Habría estado dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de volver a ver a Mia por última vez.

—Lo sabemos —dijo Marnie—, y siento mucho que no tuvieses esa oportunidad.

A Stevie se le encogió el corazón al ver a su hermano sufrir tanto dolor. Le tomó la otra mano y le dio un suave apretón. Él carraspeó con fuerza un momento después.

—Voy a ir a ver qué puedo hacer para contener a esos periodistas —comentó.

Marnie se llevó una mano a la frente.

—Todo esto es horrible. No hacemos más que sufrir. No sé qué hacer. No soporto estar en esta casa, pero tampoco podemos irnos a ningún otro lado, y nadie nos dice nada, y me siento tan perdida… —Se quedó callada. Parecía totalmente devastada.

Stevie le pasó un brazo por los hombros y la llevó hacia la cocina.

—Ven a sentarte, mamá. Te prepararé un vaso de té frío.

—¿Té frío? —dijo Marnie, como si fuese la sugerencia más ridícula del mundo. Tal vez lo fuera.

—Lo estoy haciendo lo mejor que puedo, mamá —soltó Stevie, con la voz rota—.

Yo tampoco sé qué se supone que debo hacer.

Me siento tan perdida como tú. Así que, por favor, déjame prepararte un vaso de té frío y quizás podamos hablar un poco.

O también podemos quedarnos sentadas en silencio si lo prefieres.

O podemos quedarnos aquí, de pie frente a la puerta.

A Marnie comenzó a temblarle la barbilla. Alargó una mano hacia la mejilla de Stevie, acariciándosela con dulzura.

—Me encantaría tomar un vaso de té frío.

—Entonces se volvió hacia Colby, que seguía de pie junto a la puerta, observando la escena, un tanto incómoda—.

Vamos, lo más probable es que todavía quede un buen rato para que sea seguro salir ahí fuera, y no puedo tenerte ahí de pie como una estatua, no encajas con el resto de la decoración de mi casa.

Stevie dejó un vaso lleno de té frío frente a Marnie y otro ante Colby. Había un ramo de flores frescas nuevo junto al que Blair había mandado por no poder ir a la cena familiar.

—Son muy bonitas —comentó Stevie.

—Nos las han mandado las chicas de mi club de lectura, junto con una tarjeta con un mensaje precioso. —A Marnie le tembló la barbilla al hablar, y le dio un sorbo a su té para tratar de calmarse—. Entonces, ¿de qué os conocéis?

Stevie sabía perfectamente que a su madre aquello le daba igual, tan solo estaba haciendo lo que se suponía que debía hacer, intentando hacer las preguntas que haría si una de sus hijas no hubiese muerto.

—Colby lleva la página web de fans de Blair Baker. Está organizando una vigilia a la luz de las velas en su honor. Solo ha venido para hablar de los preparativos. —Stevie contuvo el aliento, a la espera de ver cómo reaccionaba su madre ante aquello.

Marnie observó a Colby con la cabeza ladeada, y su rostro se dulcificó.

—¿De verdad?

—Blair le importaba a muchísima gente. Solo quería hacer algo para demostrar lo mucho que la querían.

Marnie se sorbió los mocos por la nariz y se llevó una mano al corazón. Parecía genuinamente conmovida. Lo que era todo un alivio.

—Es muy amable por tu parte, Colby. Iremos todos, por supuesto.

Marnie le dio otro sorbo a su té y clavó la mirada en la ventana.

—Me dieron un sobre marrón.

—¿Un sobre? ¿Quién? —le preguntó Stevie, porque no la estaba siguiendo.

—Con las cosas de Blair. Todas las cosas bonitas de Blair relegadas a un horrible sobre marrón. —Señaló el aparador con un gesto de la cabeza—. Lo dejé allí, detrás de su fotografía del instituto. Siempre fue una chica muy fotogénica. Preciosa.

Los ojos azules de Blair iluminaban la estancia a través del cristal del marco.

Tenía el pelo recogido en un par de trenzas de raíz.

Stevie le había pedido en una ocasión que se las hiciese, pero a ella se le habían acabado deshaciendo incluso antes de bajarse del autobús.

Por eso se había enfadado y había pasado el resto del día de mal humor, pero entonces Blair le había dicho que estaba preciosa y que tenía incluso un toque salvaje con el pelo suelto, y Stevie había logrado esbozar una sonrisa cuando el fotógrafo le había pedido que dijese «patata».

Stevie se levantó antes de echarse a llorar. Se acercó al aparador y vaciló antes de tomar el sobre.

—¿Puedo verlas?

—Pues claro —repuso Marnie.

Stevie abrió el sobre y echó un vistazo en su interior. Había al menos media docena de bolsitas de plástico que contenían todas las joyas que Blair había llevado puestas antes del concierto.

Con cuidado, las colocó todas sobre la mesa.

Ahí estaban sus enormes pendientes de diamante.

Sus anillos con piedras preciosas. Varias pulseras relucientes que reflejaban los rayos del sol de la tarde que se filtraban a través de la ventana de la cocina, y que emitían pequeños destellos de luz que bailaban por las paredes de la estancia como diminutas estrellas.

Y un delicado collar con un pequeño colgante de plata en forma de pluma.

—¿Quieres quedarte algo? —le preguntó Marnie—. Estoy segura de que a Blair le habría gustado que tuvieses algo suyo.

La mayoría de las joyas eran demasiado brillantes o elegantes para Stevie, pero el collar… No pudo evitar quedarse mirándolo de nuevo.

—El collar es precioso. Pero… ¿no te gusta?

Marnie sonrió.

—Creo que a ti te quedaría mucho mejor que a mí.

—Su madre se puso de pie, abrió la bolsita de plástico y depositó el collar sobre la palma de su mano—.

Déjame que te lo ponga. —Hizo el cabello de Stevie a un lado y se lo abrochó en la nuca—.

Ya está. Ahora siempre podrás llevar un pedacito de tu hermana contigo, allá donde vayas.

—Le dio un suave beso en la frente y añadió en un susurro—: Yo también lo estoy intentando.

Stevie se llevó los dedos al colgante de la pluma. Le dio la vuelta y se fijó en que tenía grabada una «B» en una caligrafía ondulada. Tragó con fuerza para librarse del nudo que se le había formado en la garganta.

—Mamá, gra…

—¡Marnie, cariño! ¡Ven! —Era Frank, que estaba llamando a su esposa a gritos desde el salón—. ¡Acabo de recibir un mensaje de Jimmy! ¡Dice que Gunner Trip se ha entregado!

Stevie y Colby intercambiaron una mirada cómplice y Marnie se quedó helada, y tuvo que dejar caer una mano sobre la mesa de la cocina para no perder el equilibrio.

—Ay, gracias a Dios .